La pregunta de cuándo sembrar no tiene una respuesta única para toda España, y por eso los calendarios genéricos fallan tanto. El dato que de verdad manda es la fecha media de la última helada en tu zona, porque casi todo el huerto de verano se organiza a partir de ella: lo que teme el frío se siembra en interior entre seis y ocho semanas antes, y sale al exterior después.
Esa fecha varía enormemente. En el litoral mediterráneo y en el valle del Guadalquivir puede estar a finales de febrero o principios de marzo; en la meseta norte y en el interior de Aragón y Castilla, entre mediados de abril y primeros de mayo; en zonas de montaña, en el norte peninsular de interior y en la Ibérica, no es raro que llegue a finales de mayo. Preguntar a alguien que lleve años cultivando en el pueblo o el barrio es más útil que cualquier tabla impresa.
Las siembras directas sobre el terreno deben realizarse a partir de marzo. Para tener éxito adquiere semillas de calidad.
La temperatura del suelo, no la del calendario
Una semilla no germina por fecha, germina por temperatura. Y la temperatura que importa es la del suelo a cinco centímetros de profundidad, no la del aire ni la del parte meteorológico. Sembrar judías en un suelo a 10 grados es tirarlas: no nacen, se pudren y hay que repetir la siembra dos semanas después, con lo que no se ha ganado nada.
Como referencia aproximada, la mayoría de las hortalizas de clima fresco (guisante, haba, lechuga, espinaca, rabanito, zanahoria) germinan a partir de 7 u 8 grados de suelo. Las de verano necesitan bastante más: judía y maíz a partir de 12 o 14 grados, calabacín y pepino a partir de 15, y el tomate, el pimiento y la berenjena germinan bien entre 20 y 25 grados, motivo por el cual se hacen siempre en semillero protegido.
Qué va en semillero y qué va directo
No es una preferencia, es una característica de cada especie. Se siembran directamente las que no toleran que se les toque la raíz: zanahoria, rabanito, nabo, chirivía, remolacha, espinaca, judía, guisante, haba, y las cucurbitáceas si se siembran a su hora, aunque estas también admiten cepellón si no se les rompe.
Van a semillero las de ciclo largo que sí toleran el trasplante y que necesitan adelantarse al calor: tomate, pimiento, berenjena, puerro, apio, coles, y la lechuga cuando se quiere escalonar la producción. Ganar seis u ocho semanas en un semillero protegido puede significar empezar a cosechar tomates a finales de junio en lugar de a mediados de julio.
Calendario orientativo de primavera
| Mes | En semillero protegido | Directamente en el terreno |
|---|---|---|
| Enero-febrero | Pimiento, berenjena, tomate, apio, puerro | Haba, guisante y ajo en zonas suaves |
| Marzo | Tomate, calabacín, pepino, lechuga, coles de verano | Zanahoria, rabanito, acelga, espinaca, cebolla, lechuga, guisante |
| Abril | Calabaza, sandía, melón, albahaca | Judía enana, remolacha, nabo, acelga, zanahoria, lechuga, perejil |
| Mayo | Coles de otoño, puerro | Judía de mata alta, maíz, calabacín, pepino, calabaza, sandía, melón |
Estas fechas corresponden a una zona de clima intermedio. En el sur y en la costa mediterránea se adelantan dos o tres semanas; en el interior norte y en zonas altas se retrasan otras tantas. El trasplante de tomate, pimiento y berenjena al exterior nunca antes de que hayan pasado las heladas y las noches se mantengan por encima de 10 grados.
Cómo montar el semillero
Sirven bandejas de alveolos, macetas pequeñas, tacos de fibra o cualquier recipiente con drenaje y al menos cinco centímetros de profundidad. Lo que no sirve es el sustrato de huerto normal: para germinar hace falta un sustrato fino, ligero y con poco abono, porque el exceso de sales quema la raíz recién emitida. Una mezcla de turba o fibra de coco con arena o perlita, en proporción de dos a uno, funciona bien; también hay sustratos específicos de semillero.
Se siembra a una profundidad de dos o tres veces el grosor de la semilla. Las muy pequeñas, como la de lechuga o zanahoria, se dejan prácticamente en superficie apenas cubiertas. Se pone una o dos semillas por alveolo y se aclara luego a la plántula más fuerte, cortándola a ras y no arrancándola, para no mover la raíz de la que se queda.
Después hace falta calor y luz, y las dos cosas al mismo tiempo. El calor sin luz es el error clásico del semillero de interior: la semilla germina en una habitación caldeada, la plántula no encuentra luz suficiente y se ahíla, sale larga, pálida y tumbada, y ya no se recupera. Un alféizar orientado al sur es el mínimo; si no lo hay, conviene retrasar la siembra o comprar plantel.
El riego se hace en fina lluvia o por capilaridad, poniendo agua en la bandeja inferior. El sustrato se mantiene húmedo pero nunca encharcado: el exceso de agua y el aire quieto producen el damping off, ese estrangulamiento del tallo a ras de sustrato que tumba las plántulas de un día para otro.
Repicado, endurecimiento y trasplante
Cuando la plántula tiene dos o tres hojas verdaderas (las que salen después de las dos primeras, que son los cotiledones), se repica a una maceta individual algo mayor si aún le queda tiempo dentro. Se manipula siempre por la hoja, nunca por el tallo: una hoja rota se repone, un tallo aplastado no.
Antes de plantarla fuera hay que endurecerla. Una planta criada en interior no ha visto viento, ni sol directo, ni oscilaciones térmicas, y si se planta de golpe se quema y se para. El proceso consiste en sacarla fuera unas horas al día durante siete o diez días, empezando por un sitio protegido y a la sombra, aumentando la exposición progresivamente y dejándola ya la noche entera los últimos días.
El trasplante se hace al atardecer o en un día nublado, nunca a mediodía. Se riega el cepellón antes de sacarlo, se planta a la misma profundidad a la que estaba (con la excepción del tomate, que puede enterrarse hasta las primeras hojas porque emite raíces del tallo) y se riega abundantemente para asentar la tierra alrededor de la raíz. La primera semana el riego tiene que ser generoso.
La siembra directa, paso a paso
Preparar el terreno. Se incorpora compost o estiércol maduro y se labra hasta obtener una tierra fina, sin terrones grandes ni piedras. Una semilla pequeña en contacto con un terrón no germina, y las de zanahoria y cebolla necesitan una cama de siembra especialmente afinada.
La falsa siembra. Vale la pena para los cultivos de nascencia lenta. Se prepara el terreno, se riega, se espera diez o quince días a que germinen las malas hierbas, se eliminan superficialmente con azadilla y solo entonces se siembra. Ahorra muchísimo trabajo de escarda posterior.
Sembrar. Las semillas grandes se siembran a golpes, dos o tres juntas cada cierta distancia, para aclarar después a una planta. Las medianas, a chorrillo, en un surco continuo poco profundo que se cierra a continuación. Las muy pequeñas, mezcladas con arena seca para repartirlas de forma homogénea y ver dónde ha caído la siembra.
Afirmar y regar. Se cubre, se aprieta suavemente con el dorso de la azada o con la mano para que la semilla quede en contacto con la tierra húmeda, y se riega con regadera de florón o con nebulización, sin chorro, para no descolocar la siembra. El suelo debe mantenerse húmedo de forma continua hasta la nascencia, que es la fase en que más siembras se pierden.
Aclarar. Cuando las plántulas tienen tres o cuatro hojas se dejan las más vigorosas a la distancia recomendada y se eliminan las demás. Cuesta hacerlo, pero una siembra sin aclarar da plantas raquíticas y ninguna cosecha decente.
Errores que se repiten
- Sembrarlo todo el primer año. Concentrarse en cinco o seis especies la primera temporada enseña más que veinte semilleros a medio atender.
- Sembrar de una vez lo que se come poco a poco. Lechugas, rabanitos y judía se siembran escalonados cada dos o tres semanas; si no, se cosecha todo el mismo día.
- Enterrar demasiado. La semilla lleva reservas justas para llegar a la superficie. Dos o tres veces su grosor, no más.
- No etiquetar. A las tres semanas todas las plántulas se parecen. Una etiqueta con la variedad y la fecha ahorra confusiones y sirve de registro para el año siguiente.
- Dejar secar el semillero un solo día. Un alveolo con dos centímetros de sustrato se seca en unas horas a pleno sol y la germinación se aborta.
En resumen
Las siembras de primavera se organizan a partir de la última helada local, no de un calendario general, y a partir de la temperatura del suelo, que es lo que decide si una semilla germina o se pudre. Lo que teme el frío (tomate, pimiento, berenjena) va a semillero protegido en enero y febrero; lo que no tolera el trasplante (zanahoria, rabanito, judía, guisante, espinaca) va directamente al terreno cuando el suelo se ha templado.
En el semillero, el punto crítico es la luz, no el calor: sin luz suficiente las plántulas se ahílan y no hay forma de arreglarlas. En la siembra directa, la clave es una cama de siembra fina, no enterrar de más y mantener la humedad constante hasta la nascencia. Y después, aclarar sin pena y escalonar las siembras. Terminada la temporada de verano, el ciclo continúa con las siembras del huerto de otoño e invierno, que empiezan en junio.