El huerto de otoño e invierno se decide en junio y julio, con el de verano todavía en plena producción. Es lo que más cuesta asumir a quien empieza: mientras se recogen los primeros tomates hay que estar sembrando coles, puerros y escarolas, porque esas plantas necesitan crecer durante el verano para llegar al frío ya hechas. Si se espera a octubre, ya no da tiempo.

La recompensa es un huerto que en enero sigue dando de comer. En la mayor parte de España se puede cultivar todo el año, y la temporada fría trae coles, lombardas, coliflores, brócolis, acelgas, espinacas, borrajas, escarolas, lechugas de invierno, puerros, zanahorias, remolachas y nabos, casi todo de ciclo largo y de manejo tranquilo, sin la presión de riego del verano.

En otoño e invierno, la huerta prodiga alimentos de gran valor nutricional. Las siembras y plantaciones escalonadas, que empiezan ahora en verano, te permitirán disponer de ellos durante muchos meses.

Preparar el terreno en junio

Hay que reservar para el huerto de invierno una parcela distinta de la que ocupan los cultivos de verano, tanto por espacio como por rotación: donde hubo solanáceas no deben ir solanáceas, y donde hubo coles no deben ir coles al año siguiente.

A principios de junio se remueve el terreno y se incorpora estiércol bien maduro o compost, del orden de tres a cinco kilos por metro cuadrado. Conviene enterrarlo de inmediato: dejarlo en superficie con el calor de junio significa perder buena parte del nitrógeno por volatilización antes de que llegue a la raíz de nada.

Después se diseña la distribución pensando en el riego. Con goteo o cinta exudante el terreno puede quedar plano; si se riega a manta o con manguera hacen falta surcos y caballones que conduzcan el agua. Y merece la pena hacer una falsa siembra: regar el bancal preparado, esperar diez o quince días a que germinen las malas hierbas, eliminarlas superficialmente con azadilla y sembrar entonces. Escardar entre plántulas recién nacidas es un trabajo ingrato que así se evita casi entero.

Cuándo se siembra cada cosa

MesEn semilleroDirectamente en el terreno
Mayo-junioColes de Bruselas, lombarda, coliflor y brócoli de ciclo largo, apioZanahoria y remolacha de otoño, judía de última siembra
JulioBrócoli, coliflor, repollo, escarola, lechuga de invierno, puerro tardíoAcelga, zanahoria, remolacha, nabo
AgostoEscarola, lechuga de invierno, coles tardías, cebolla de granoEspinaca, canónigos, rúcula, nabo, rabanito, acelga
SeptiembreLechuga de invierno, cebollaEspinaca, canónigos, rúcula, rabanito, borraja
Octubre-noviembre-Haba, guisante, ajo, espinaca

Como siempre, hay que corregir según la zona: en Andalucía y en el litoral mediterráneo todo se puede retrasar dos o tres semanas, mientras que en la meseta norte y en zonas de montaña conviene adelantarlo, porque el frío llega antes y las plantas tienen que estar crecidas. Las hojas de ensalada de invierno tienen su propio calendario, más largo, en las verduras de hoja para ensaladas de invierno.

Semilla propia o plantel comprado

Sembrar en pleno julio tiene una dificultad real: hay que mantener el semillero húmedo con 35 grados y sin que se cueza al sol. Es factible con el semillero a media sombra y riego dos veces al día, pero requiere estar encima. Las coliflores y los brócolis son especialmente delicados en esta fase.

Por eso el plantel es una opción perfectamente razonable para el huerto de invierno, y la única si se llega tarde a las siembras de verano. Al elegirlo, interesan plantas compactas y de color intenso, con cuatro o cinco hojas verdaderas, no las más altas y estiradas del mostrador. Y hay que plantarlas pronto: un plantel de col que lleva semanas apretado en su alveolo arranca mal.

Sembrar, aclarar y trasplantar

Se siembran directamente las especies que no toleran el trasplante, es decir, todas las de raíz o bulbo salvo el puerro y la cebolla, más las espinacas y las acelgas. La zanahoria se siembra a chorrillo, en un surco superficial abierto con el mango de la azada, y se cubre con arena o con sustrato fino para que la costra del suelo no impida la nascencia, que en esta especie es lenta y delicada. Hay más detalle en el cultivo de zanahorias y rabanitos.

El resto se siembra a golpes, respetando el marco de plantación indicado en el sobre. Hasta la nascencia hay que mantener la superficie del suelo húmeda, lo que en agosto puede significar un riego ligero diario; después se espacia.

El aclareo se hace cuando las plantas tienen tres o cuatro hojas verdaderas: se deja la más vigorosa y se eliminan las demás, cortándolas a ras para no remover la raíz de la que se queda. En el caso de las coles y las escarolas, el trasplante desde el semillero se hace a los treinta o treinta y cinco días, siempre al atardecer, con riego abundante durante la primera semana. Los marcos habituales son de 40 a 50 centímetros para brócoli, coliflor y repollo, y de 60 para las coles de Bruselas, que llegan a hacerse muy grandes.

Las plagas del final del verano

Las coles trasplantadas en agosto y septiembre se encuentran con la temporada alta de sus plagas. La oruga de la col, larva de las mariposas blancas que revolotean sobre el bancal, agujerea las hojas y puede dejar una planta en el esqueleto en pocos días. El pulgón ceniciento se instala en el cogollo formando costras grisáceas difíciles de lavar. Y la altica hace en las hojas jóvenes un punteado de agujeros diminutos.

Lo más eficaz y lo más simple es una malla antiinsectos colocada sobre arcos desde el mismo día del trasplante, que impide que las mariposas pongan los huevos. Si ya hay orugas, se revisa el envés y se retiran a mano, y para infestaciones mayores existe Bacillus thuringiensis, autorizado para uso doméstico y específico contra larvas de lepidópteros. Contra el pulgón, jabón potásico y vigilancia temprana, antes de que colonice el interior del cogollo.

Protegerse del frío

La manta térmica es la protección más versátil: una fibra sintética ligera que se echa directamente sobre el cultivo, sin estructura, y que deja pasar luz y agua mientras eleva la temperatura unos pocos grados por debajo. Sirve tanto para adelantar como para salvar una helada puntual, y de paso hace de barrera contra insectos.

Los túneles y las campanas de plástico protegen más, pero exigen ventilar en los días soleados: un túnel cerrado en un mediodía despejado de febrero puede superar con facilidad los 30 grados y cocer lo que hay dentro. Un acolchado de paja alrededor de las plantas, además de conservar la humedad, amortigua las oscilaciones de temperatura en la zona de raíces.

Conviene recordar que buena parte de estas hortalizas no solo tolera el frío, sino que mejora con él: las coles de Bruselas, la lombarda, el puerro y las zanahorias de invierno se vuelven más dulces después de las primeras heladas, porque la planta acumula azúcares como protección.

Cosechar sin prisa

El brócoli se corta cuando la pella está formada y compacta, con los botones florales todavía cerrados y apretados. En cuanto empiezan a separarse y a amarillear, la calidad se pierde. Después del corte central, la planta emite rebrotes laterales más pequeños que se pueden ir recogiendo durante semanas. Con la coliflor, igual: se recoge con la pella firme y blanca, antes de que se afloje.

El resto de los cultivos se puede dejar en el terreno e ir cosechando según se vaya a consumir. Puerros, zanahorias, nabos, remolachas y coles se conservan mejor en tierra que en la nevera, y así se ahorra espacio y trabajo. El final de la campaña lo marca la primavera: en cuanto los días se alargan, las plantas suben a flor, la hoja amarga y la raíz se vuelve leñosa, así que hay que ir levantando lo que quede antes de que ocurra.

En resumen

El huerto de invierno se siembra en verano, y ese es todo el secreto. En junio se prepara y se abona una parcela distinta de la del huerto de verano; entre junio y septiembre se siembran las coles, las escarolas, las lechugas de invierno, los puerros y las hortalizas de raíz; en octubre y noviembre se cierra el ciclo con habas, guisantes y ajos.

Las dos dificultades reales están al principio: mantener el semillero húmedo con el calor de julio, para lo que el plantel es una alternativa perfectamente válida, y proteger las coles recién trasplantadas de las orugas, que se resuelve con malla antiinsectos desde el primer día. A partir de ahí, el invierno pide poco riego, poco trabajo y una cosecha que se puede dejar en tierra hasta el momento de comerla.


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