Un rosal es un arbusto del género Rosa con entre 150 y 200 especies silvestres, todas del hemisferio norte, y unas decenas de miles de variedades de jardín obtenidas a partir de un puñado muy pequeño de esas especies. Eso es todo lo que hay que saber para empezar, y de ahí salen las cosas que casi nunca se cuentan: que el rosal no tiene espinas, que el escaramujo no es un fruto y que la flor doble de un rosal de jardín es una anomalía que en la naturaleza no existiría.
Este artículo va de la planta: cómo está construida, qué la distingue de cualquier otro arbusto, por qué unas rosas huelen y otras no, y cómo se ordenan los grupos que vas a encontrar en un vivero. El cultivo, la poda, el riego y las plagas tienen su propia sección en el sitio, y la familia entera, con el parentesco entre el rosal y el manzano, está contada en rosas y la familia Rosaceae.
El rosal no tiene espinas, tiene aguijones
No es una pedantería de botánico, es una diferencia de origen. Una espina verdadera es un órgano transformado: un tallo que se convirtió en punta, como en el espino albar, o una hoja endurecida, como en las cactáceas y en la aliaga. Lleva dentro tejido vascular, está soldada a la estructura de la planta y no se puede arrancar sin hacer una herida.
Lo que tiene un rosal es un aguijón: una excrecencia de la epidermis, sin haces conductores, que nace de la piel del tallo y no de su interior. De ahí el comportamiento que cualquiera ha comprobado sin saber la razón: los aguijones de un rosal se desprenden limpiamente de un tirón lateral, sobre todo en los brotes tiernos, y dejan una marca superficial. Una espina de verdad no se quita así.
La forma del aguijón es además un carácter de identificación de primer orden. Los hay curvos en gancho, rectos y finos como agujas, aplanados y triangulares, o reducidos a cerdas glandulosas. Y los hay ausentes: la rosa de Banks, Rosa banksiae, es una trepadora casi inerme, lo que explica que se plante en pérgolas y pasos.
La hoja y sus estípulas
La hoja del rosal es compuesta e imparipinnada: varios folíolos enfrentados por pares más uno terminal, de modo que el número total es impar, casi siempre cinco, siete o nueve. El borde es aserrado y el envés lleva a veces glándulas, que en algunas especies huelen a manzana verde al frotarlas.
El detalle que delata a un rosal incluso sin flor son las estípulas: dos apéndices laminares soldados a la base del pecíolo, allí donde la hoja se une al tallo. Mucha gente las toma por dos folíolos pequeños o por parte de la hoja, y no lo son. Con hoja compuesta, borde aserrado, aguijones epidérmicos y estípulas soldadas ya no queda casi nada con lo que confundir la planta.
La flor original del género: cinco pétalos, cinco sépalos y un anillo de estambres numerosos, con las estípulas visibles en la base de las hojas.
La flor: cinco pétalos y muchos estambres
La flor silvestre del rosal responde siempre al mismo plano: cinco sépalos, cinco pétalos libres y estambres numerosos dispuestos en varios ciclos, en múltiplos de cinco. En el centro, los carpelos quedan encerrados dentro de una copa del receptáculo llamada hipanto, que en el rosal tiene forma de urna estrecha.
La flor doble de jardín, la de veinte, cuarenta o cien pétalos, es el resultado de una alteración en los genes que deciden qué órgano se forma en cada anillo de la flor. Lo que ocurre es que los estambres se desarrollan como pétalos. No hay pétalos nuevos: hay estambres convertidos. Esa mutación aparece de vez en cuando de forma espontánea, y el hombre la ha seleccionado y acumulado durante siglos porque da flores más llenas.
Tiene dos consecuencias que se notan en un jardín. La primera es que una rosa muy doble produce poco polen y poca semilla, porque ha cambiado su aparato reproductor por adorno; de ahí que la obtención de nuevas variedades sea un trabajo delicado y que casi todos los rosales de jardín se multipliquen por injerto o esqueje. La segunda es que las abejas y los sírfidos van a las rosas simples y semidobles, donde encuentran estambres accesibles, y pasan de largo de las muy dobles. Si quieres un rosal que sirva a los polinizadores, la forma de la flor manda más que el color.
Una rosa muy doble: cada uno de esos pétalos del interior ocupa el lugar de un estambre.
El escaramujo es un cinorrodón, no un fruto
Cuando el hipanto madura se vuelve carnoso y rojo, y lo que queda dentro son los frutos verdaderos: aquenios duros, de una semilla cada uno. Ese conjunto se llama cinorrodón, y es el escaramujo, el tapaculos de los zarzales. Es decir, al comer un escaramujo te comes la pared del receptáculo floral y tiras los frutos, exactamente igual que con una manzana, que es la misma estructura con la copa más ancha.
Dentro del cinorrodón, junto a los aquenios, hay pelos rígidos que irritan la piel al manipularlos y el tubo digestivo si se tragan. No son tóxicos, pero por eso quien prepara escaramujos abre el fruto, lo vacía del todo y cuela la pulpa por un paño fino, con guantes puestos.
Cuántas especies hay y por qué nadie se pone de acuerdo
El número de especies del género baila entre 150 y 200 según el autor, y en la península ibérica se reconocen alrededor de veinte. La razón del desacuerdo es que los rosales hibridan entre sí con extrema facilidad y los híbridos son fértiles, así que en el campo aparecen poblaciones intermedias continuas que se pueden partir en muchas especies o en pocas.
A eso se suma la poliploidía. El número cromosómico básico del género es siete, y hay especies diploides, tetraploides, hexaploides y octoploides. Además, los escaramujos del grupo de Rosa canina tienen una meiosis propia y desequilibrada, en la que la madre transmite muchos más cromosomas que el padre. Solo se conoce en este grupo, y mantiene estable una poliploidía impar que en otra planta sería un callejón sin salida.
Cómo se ordenan los grupos que verás en un vivero
La clasificación hortícola no es botánica: agrupa por comportamiento y por fecha de obtención, porque es lo que le sirve a quien planta. En grandes bloques:
- Rosales silvestres o botánicos. Las especies tal cual, con flor simple, una sola floración y escaramujos. Arbustos rústicos de seto, talud y jardín naturalista.
- Rosas antiguas. Las europeas anteriores a la irrupción de las rosas chinas: gálicas, albas, damascenas, centifolias, musgosas, y ya de transición las borbonianas y las noisette. Perfume potente y, salvo excepciones, una sola floración.
- Rosas modernas. Las que reflorecen. Dentro, los tés híbridos de flor grande y solitaria, las floribundas de flor en ramillete y las grandifloras.
- Arbustivas y paisajísticas. Seleccionadas por resistencia y por floración continua más que por la flor individual. Es el grupo que domina la jardinería pública.
- Tapizantes. De porte bajo y extendido, para cubrir taludes y masas.
- Trepadoras y sarmentosas. Las primeras, de ramas rígidas y refloreciente; las segundas, de ramas largas y flexibles, floración única y tamaño capaz de cubrir un árbol.
La frontera entre antiguas y modernas se fija por convención en 1867. En el sitio tienes el detalle en clasificación de las rosas y en qué tipos de rosas existen.
Floración en ramillete, el patrón de las floribundas y de buena parte de las arbustivas modernas.
Por qué unas rosas huelen y otras no
El perfume de una rosa no es un compuesto, es una mezcla. Los dos grupos que más pesan son el 2-feniletanol, responsable del olor clásico a rosa de las damascenas, y un conjunto de monoterpenos como el geraniol, el citronelol y el nerol, que aportan el matiz fresco y algo cítrico. Las rosas de té añaden compuestos distintos, de ahí su olor característico a té seco.
Que muchas rosas modernas no huelan no es degeneración: es el resultado de haber seleccionado otras cosas durante décadas. Flor grande, forma perfecta, tallo largo y rígido, colores nuevos y, en la flor cortada, duración en el jarrón y aguante del transporte. Una variedad muy perfumada suele tener pétalos más finos y flores que abren antes, así que al elegir lo uno se perdía lo otro. Desde hace unos años hay obtenciones que recuperan el perfume a propósito, y el sitio tiene una lista en las rosas más fragantes.
El color que el género no tiene
Hay rosas blancas, amarillas, naranjas, rojas, cobrizas, verdosas y casi negras, y no hay rosas azules. El motivo es bioquímico: al género Rosa le falta la vía que produce delfinidina, el pigmento del azul de la violeta y del delfinio. Lo que se vende como rosa azul es flor blanca tintada, o la variedad obtenida por ingeniería genética, cuyo resultado real es un malva lila. Está contado en rosas azules, entre la belleza y la ingeniería genética.
En resumen
Un rosal es un arbusto de hoja compuesta con estípulas soldadas al pecíolo y con aguijones epidérmicos, no espinas, lo que explica que se desprendan de un tirón. Su flor original tiene cinco pétalos y muchos estambres, y la flor doble de jardín es una transformación de esos estambres en pétalos, con dos efectos: menos semilla y menos interés para los polinizadores. El escaramujo no es un fruto sino un cinorrodón, el receptáculo engordado que encierra los aquenios verdaderos entre pelos irritantes.
De las 150 a 200 especies del género, todas del hemisferio norte, apenas media docena europeas y asiáticas construyeron el rosal moderno, y la refloración llegó con las rosas chinas. Los grupos de vivero se ordenan por comportamiento, con la frontera convencional de 1867 entre antiguas y modernas. El perfume depende de mezclas de feniletanol y monoterpenos que la selección comercial sacrificó a la forma y la duración, y el azul es el único color que el género no puede dar, porque le falta la vía de la delfinidina.