La pregunta tiene dos respuestas y las dos son verdad. Si hablamos de especies silvestres, el género Rosa tiene del orden de cien a ciento cincuenta, todas del hemisferio norte, según el autor que las cuente. Si hablamos de variedades cultivadas, hay decenas de miles registradas y cada año se inscriben nuevas. La cifra de "treinta mil tipos de rosas" que circula por todas partes se refiere a lo segundo, no a lo primero, y verla escrita como "treinta mil especies" es el error más repetido del tema.

Ese es el asunto de este artículo: qué significan de verdad las palabras que aparecen en la etiqueta de un rosal. Especie, variedad, cultivar, grupo, serie comercial y nombre de marca son seis cosas distintas que se usan como si fueran sinónimos, y cuando las separas dejas de comprar a ciegas. Para el recorrido grupo por grupo, con el porte y el comportamiento de cada uno, el sitio tiene la clasificación de las rosas.

Por qué ni los botánicos se ponen de acuerdo en cuántas especies hay

Que el número de especies silvestres varíe tanto de un tratado a otro no es dejadez: es una peculiaridad biológica del género. Muchos rosales silvestres europeos pertenecen a la sección Caninae, y en ella la herencia no se reparte a medias entre los dos progenitores como en la mayoría de las plantas, sino que el genoma se transmite sobre todo por vía materna. El resultado es que los híbridos no se diluyen: se estabilizan y se perpetúan como formas intermedias.

Traducido al campo, eso significa que entre dos rosales silvestres de seto hay una gradación continua de formas, y que dónde se pone el límite de la especie depende del criterio de cada botánico. Un autor reconoce veinte especies donde otro ve variaciones de tres. Con eso en la cabeza, cualquier cifra redonda sobre "especies de rosas" hay que leerla como una estimación.

Especie, variedad y cultivar no son lo mismo

Aquí está el nudo de casi todas las confusiones.

Una especie es una entidad silvestre, se nombra en latín y va en cursiva: Rosa canina, Rosa gallica, Rosa moschata. Dentro de una especie puede haber variedades botánicas, también silvestres, que se escriben con la abreviatura var.: Rosa gallica var. officinalis.

Un cultivar es otra cosa: una planta seleccionada en cultivo, que se mantiene multiplicándola de forma vegetativa (esqueje o injerto) porque por semilla no saldría igual. Su nombre no es latín, va entre comillas simples y no se pone en cursiva: 'La France', 'Iceberg', 'Queen Elizabeth'. Los cultivares se registran conforme al código internacional de nomenclatura de plantas cultivadas, y en el caso de las rosas la autoridad internacional de registro es la Sociedad Americana de la Rosa.

En el lenguaje de vivero, "variedad" se usa para todo, y por eso un rosal puede aparecer etiquetado como si 'Mister Lincoln' fuera una especie. No lo es: es un cultivar concreto, un clon, y todos los ejemplares vendidos con ese nombre son genéticamente el mismo individuo.

El mismo rosal con tres nombres distintos

Esta es la parte que desconcierta a quien compara catálogos. Los obtentores registran cada novedad con una denominación varietal que suele ser un código formado por las primeras letras del obtentor más una terminación, algo del estilo de 'MEIxxxxx' o 'KORxxxxx'. Ese código es el nombre legal de la variedad, y es el que figura en el título de obtención vegetal.

Pero a la venta se le pone un nombre comercial, y ese nombre cambia de un país a otro por razones de mercado. De modo que el mismo rosal, clon idéntico, puede llamarse de una manera en España, de otra en Francia y de otra en el Reino Unido, mientras el código de registro es el mismo en los tres sitios. Si quieres estar seguro de que dos catálogos ofrecen la misma planta, el dato que hay que comparar es el código, no el nombre bonito.

Y hay una consecuencia legal que conviene conocer: las variedades nuevas están protegidas por títulos de obtención vegetal, en el ámbito comunitario conforme al Reglamento (CE) 2100/94 de protección comunitaria de las obtenciones vegetales, gestionado por la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales. Multiplicar por esqueje una variedad protegida para venderla no está permitido durante la vigencia del título. Para el jardín propio la cosa es distinta, pero el vivero que las produce paga un canon por cada planta, y eso es parte de lo que pagas tú.

La frontera de 1867 y qué pasó de verdad

La división entre rosas antiguas y rosas modernas se fija convencionalmente en 1867, año en que el francés Jean-Baptiste Guillot presentó 'La France', considerada el primer híbrido de té. Todo lo perteneciente a grupos anteriores a esa fecha es antiguo; lo posterior, moderno.

Dos matices que casi nunca se explican. El primero es que la fecha es administrativa, no biológica: la adoptaron las sociedades de la rosa para tener un corte manejable, y hay discusión sobre si 'La France' fue realmente el primer híbrido de té o solo el primero reconocido como tal. Los grupos no aparecen en un año, aparecen a lo largo de décadas.

El segundo es qué cambió de verdad, y eso sí tiene contenido. Lo que transformó la rosicultura no fue una fecha, fue la llegada a Europa de los rosales de China a finales del siglo XVIII, que traían un carácter que ningún rosal europeo tenía: la refloración, es decir, florecer repetidamente de primavera a otoño en lugar de una sola vez. Todo el siglo XIX europeo consistió en cruzar eso con las rosas antiguas del continente, y de esa mezcla salieron los grupos modernos. La rosa que compras hoy florece tres veces gracias a un puñado de plantas chinas.

Las palabras de la etiqueta, traducidas

Lo que dice la etiquetaQué esQué no es
Híbrido de té, floribunda, polyanthaGrupos varietales reconocidos, definidos por porte y tipo de floraciónEspecies ni marcas
Rosa inglesaUna serie comercial de un obtentor británico, de flor tipo antigua y floración repetidaUna clase oficial de rosal ni una rosa silvestre de Inglaterra
Rosal de pie altoUna forma de presentación: cualquier variedad injertada a cierta altura sobre un troncoUn grupo botánico
PitiminíNombre popular español para rosales de flor muy pequeña, normalmente polyanthas o miniaturasUn nombre preciso: cambia de planta según quien lo use
Tapizante, paisajísticaCategorías de uso en jardinería, por porte y por resistenciaCategorías de registro
Código tipo 'MEIxxxxx'La denominación varietal registrada, el nombre legal de la plantaUn número de lote del vivero

Los tipos que no existen

Hay tres nombres que se venden como tipos de rosa y no lo son.

Rosas azules. El género Rosa no produce delfinidina, el pigmento responsable del azul en otras flores, así que un rosal azul por selección clásica es imposible. Lo que se vende como tal es rosa blanca teñida, absorbiendo colorante por el tallo. Existe además un rosal transgénico al que se le introdujo la vía de la delfinidina, y el resultado es un malva pálido, no un azul. Sobre el particular, y sobre las semillas que se venden con fotos imposibles, el sitio tiene un artículo entero: rosas que no existen.

Rosas negras. Son rojos muy oscuros, granates que en sombra parecen negros. Ninguna es negra.

Rosas arcoíris o multicolor. Se hacen dividiendo el tallo y metiendo cada trozo en un colorante distinto. Es un trabajo de floristería sobre una flor cortada, no una variedad.

El dato que casi ninguna etiqueta trae

La mayoría de los rosales de vivero no crecen sobre su propia raíz: están injertados sobre un patrón, con frecuencia Rosa canina o una selección suya. El patrón aporta vigor y tolerancia al suelo, y es lo que permite producir plantas homogéneas y baratas.

Eso tiene dos consecuencias prácticas. Una, que el rosal se comporta según el suelo que aguante el patrón, no solo según la variedad de arriba. Y dos, que si de la base salen brotes con hojas distintas y flores sencillas, no es que la variedad haya "degenerado": son brotes del patrón, que es otra planta. Saber si lo que compras va injertado o a raíz propia es información útil, y rara vez está en el cartel.

Otra pista que sí sirve para comparar variedades es si el rosal viene avalado por algún ensayo de mérito en jardín. El alemán ADR es el más conocido y tiene la particularidad de evaluar las novedades sin tratamientos fungicidas, de modo que una variedad con ese sello ha demostrado aguantar las enfermedades del follaje por sí sola.

En resumen

Los tipos de rosas se cuentan de dos maneras que no se deben mezclar: un centenar y medio de especies silvestres, con límites discutidos por la genética peculiar de la sección Caninae, y decenas de miles de cultivares registrados, que son clones seleccionados y multiplicados por injerto o esqueje. Las etiquetas mezclan además grupos varietales, series comerciales, formas de presentación y nombres de marca, y cada una de esas palabras dice algo distinto.

Lo práctico se reduce a poco: fíjate en el grupo varietal, que es lo que predice el porte y la floración; comprueba el código de la denominación varietal si quieres asegurarte de qué planta es; desconfía de los tipos que no existen (azules, negras, arcoíris); y pregunta si va injertada y sobre qué. Con eso sabes lo que te llevas a casa, que es más de lo que dice la mitad de los carteles.


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