La Anemone blanda es una anémona pequeña, de flor azul, blanca o rosa con el centro amarillo, que asoma a finales del invierno, florece unas semanas y desaparece del todo antes del verano. No se siembra ni se compra en maceta: se planta en otoño, y lo que se planta es un tubérculo seco, oscuro y arrugado, del tamaño de una avellana, que no parece gran cosa cuando lo sacas de la bolsa.
Esa es la clave de toda la ficha. Es una geófita de vida corta en superficie, hecha para aprovechar la ventana de luz que hay bajo los árboles antes de que broten las hojas. Si la plantas donde le toca, se queda y se extiende sola durante años. Si la plantas esperando una mata que dure todo el verano, te va a decepcionar en mayo.
Anemone blanda en flor a ras de suelo, con la hoja muy dividida que la caracteriza.
Qué es y de dónde viene
Pertenece a las ranunculáceas, la familia del botón de oro y del eléboro. Es originaria del sureste de Europa y de Asia Menor: los Balcanes, Grecia, Bulgaria, Turquía, Chipre y el Cáucaso, donde vive en encinares y quejigares de montaña, en claros y en pedregales con algo de tierra. No es una planta ibérica, aunque aquí se cultive desde hace mucho.
Conviene saber que el nombre está cambiando. Los estudios filogenéticos de las últimas décadas han troceado el viejo género Anemone, y buena parte de los catálogos botánicos actuales la citan como Anemonoides blanda. En el comercio de bulbos sigue siendo Anemone blanda y así vas a encontrarla etiquetada, de modo que no es un error de la tienda: son dos nombres para la misma planta.
La flor no tiene pétalos. Lo que ves son tépalos, entre diez y veinte, estrechos y dispuestos en estrella alrededor de un disco de estambres. Es un rasgo de todo el género y explica que la flor parezca una margarita sin serlo.
El tubérculo y cuándo se planta
Se planta en otoño, con el suelo ya fresco, para que enraíce durante el invierno y florezca al final de él. Comprado en bolsa, el tubérculo llega deshidratado y duro. Muchos catálogos recomiendan tenerlo unas horas en agua antes de plantar: no es imprescindible, pero ayuda a que arranque antes.
El problema práctico es que no tiene arriba ni abajo evidentes. Es un trozo irregular sin punta ni disco de raíces reconocible. La solución de siempre es plantarlo de lado, a unos cinco centímetros de profundidad: la yema encuentra la superficie por su cuenta. No merece la pena perder tiempo buscándole la cara buena.
Se pone en grupo, nunca de uno en uno. Una anémona suelta no se ve; un puñado repartido a un palmo entre unidades forma la mancha que es su gracia. Pide suelo suelto y con drenaje: en tierra compacta y encharcada en invierno el tubérculo se pudre, que es el fallo más común.
Efímera de primavera: el ciclo entero
Brota al final del invierno, florece durante unas semanas de finales de invierno y comienzos de primavera, engorda el tubérculo con lo que fabrica en ese rato y amarillea. A principios de verano no queda nada visible sobre el suelo. Esto tiene nombre: es una efímera de primavera, la misma estrategia de la hepática o del azafrán silvestre.
Dos consecuencias prácticas. La primera, que no hay que cortarle las hojas cuando se pongan feas hasta que estén secas del todo, porque es justo entonces cuando está cargando la despensa para el año que viene. La segunda, que el sitio donde la plantes quedará vacío en verano, así que conviene combinarla con algo que tape después: hostas, helechos, geranios de mata o simplemente la sombra de un arbusto caduco.
Dónde funciona bien en España
Le va el frío del invierno y el verano seco, que es exactamente lo que tiene el interior peninsular. El calor del verano no la molesta porque para entonces ya está dormida bajo tierra. En el norte atlántico y en zonas de montaña se comporta muy bien y se naturaliza sin ayuda.
El punto débil no es el calor, es el agua en el sitio equivocado. Un parterre con riego de verano encima de los tubérculos dormidos es la forma más eficaz de perderlos. Si el jardín se riega en agosto, plántala fuera de la zona regada, bajo árboles caducos o en una rocalla.
El sitio ideal es el pie de un árbol de hoja caduca: recibe todo el sol de febrero y marzo, cuando el árbol está desnudo, y queda a la sombra y en seco en cuanto el árbol se viste. Bajo un pino o una conífera densa, en cambio, nunca le llega luz suficiente.
Cómo distinguirla de las otras anémonas
Las tres que se confunden en el comercio son distintas de verdad. La Anemone coronaria, la anémona de floristería, es mediterránea, silvestre en España, tiene el tubérculo mucho mayor y flores grandes de rojo intenso, azul o blanco sobre tallos largos, buenas para cortar; la tienes en su propia ficha. La Anemone nemorosa, la anémona de bosque, es blanca, europea, crece en los hayedos y robledales del norte y no tiene tubérculo sino un rizoma delgado y rastrero.
La que de verdad cuesta separar es la Anemone apennina, casi idéntica a simple vista, de flor azul y talla parecida. Las diferencias están en detalles del órgano subterráneo y del fruto, y en el comercio se mezclan con frecuencia. Si te llega una y no cuadra del todo con la descripción, es probable que sea esta. Para el conjunto del género, la ficha general de la anémona lo cuenta con más detalle.
Los cultivares que vas a encontrar
Los nombres de cultivar van entre comillas simples y sin cursiva. Los habituales son 'Blue Shades', que no es un color fijo sino una mezcla de azules que varían de planta a planta, 'White Splendour', de flor blanca y algo mayor que la media, 'Charmer' y 'Pink Star' en tonos rosados, y 'Radar', de rosa fuerte con el centro blanco. Si compras la especie sin nombre de cultivar, saldrá una mezcla de azules y algún blanco suelto, que suele quedar mejor que una selección uniforme.
Se naturaliza, y conviene saberlo
Donde está a gusto, la Anemone blanda se extiende por semilla y por división del tubérculo, y con los años pasa de mancha a alfombra. En un jardín eso es lo que se busca. Fuera de él es otra cosa: no plantes tubérculos ni tires restos de jardín en bordes de camino, cunetas ni montes, que es como acaban saliendo de los jardines plantas que luego no había manera de quitar. Lo que sobra va al compost o a la basura.
Tóxica, como toda la familia
Las ranunculáceas llevan ranunculina, que al romperse el tejido se transforma en protoanemonina, un compuesto irritante para la piel y las mucosas. La planta fresca no se come ni se mastica, y la savia puede provocar irritación en pieles sensibles al manipularla mucho. Al secarse, la protoanemonina se degrada y pierde ese efecto, pero eso no la convierte en comestible.
Con perros y gatos el riesgo real es el tubérculo. Un perro que excava un parterre recién plantado puede desenterrarlos y morderlos. Si ocurre y hay babeo, vómitos o irritación en la boca, es asunto de veterinario, no de esperar a ver.
En resumen
La Anemone blanda es un tubérculo de otoño que da flores azules, blancas o rosas a finales del invierno y se retira antes del verano. Viene del sureste de Europa y de Asia Menor, se planta de lado a unos cinco centímetros y en grupo, y necesita suelo suelto que no se encharque en invierno ni se riegue en agosto.
Su mejor sitio es el pie de un árbol de hoja caduca, donde coge todo el sol de febrero y queda seca y a la sombra el resto del año. Ahí se naturaliza sola y forma alfombras. Es tóxica como el resto de la familia, sobre todo el tubérculo, que es lo que un perro puede desenterrar.