Las anémonas son plantas del género Anemone, de la familia de las ranunculáceas, la misma de los ranúnculos y los botones de oro. Son vivaces, brotan de un tubérculo o de un rizoma, tienen las hojas divididas y una flor de aire sencillo, abierta y con el centro oscuro y cargado de estambres. En España hay unas cuantas silvestres, del monte mediterráneo al hayedo cantábrico, y otras tantas de jardín que vienen de fuera.
Dos cosas antes de seguir, porque son las que más falta hacen. Primera: la savia fresca de las anémonas es irritante, y eso importa si hay niños, perros o gatos en casa. Segunda: la anémona de mar no tiene ningún parentesco con estas plantas, es un animal, y el nombre compartido es solo un parecido de forma. El resto del artículo va de qué planta es cada anémona, cómo se reconocen las que crecen aquí de manera silvestre y qué hay detrás de esa flor tan rara que tienen.
Una flor que no tiene pétalos
Lo que parecen pétalos no lo son. En las anémonas la flor no tiene corola: lo que ves es un verticilo de tépalos, piezas del perianto de aspecto petaloideo que en términos botánicos ocupan el lugar de los sépalos. De ahí que su número varíe tanto de una especie a otra y hasta de una flor a otra, entre cinco o seis y una veintena en algunas.

Una anémona de jardín. Lo que parecen pétalos son tépalos, y el centro oscuro son los estambres rodeando al grupo de carpelos.
Debajo de la flor hay otro rasgo que sirve para identificarlas: un involucro de brácteas divididas, como un collar de hojas a media altura del tallo. Y en el centro, un montón de estambres alrededor de un grupo de carpelos. La mayoría no produce néctar, así que el insecto que las visita viene a por polen, y el fruto no es una cápsula sino un conjunto de aquenios, cada uno con una semilla; en varias especies esos aquenios llevan pelos largos que los hacen volar, lo que encaja bastante bien con el nombre del género.
Las anémonas silvestres de España
No hace falta ir a un vivero para ver anémonas. Estas son las que puedes encontrarte en el campo:
- Anémona coronaria, Anemone coronaria: la de flor grande roja, morada, azulada o blanca con el centro negro. Crece silvestre en ambiente mediterráneo, en pastos, olivares, claros de matorral y bordes de cultivo, y florece de invierno a primavera. Es la antepasada de casi todas las de floristería.
- Anémona palmeada, Anemone palmata: flor amarilla y hoja basal redondeada y lobulada, muy distinta de las demás. Es la anémona del cuadrante suroeste, frecuente en Extremadura, Andalucía y Portugal, en pastos y alcornocales.
- Anémona de jardín silvestre, Anemone hortensis: tépalos numerosos y estrechos, de color lila rosado, en el este y el nordeste peninsular.
- Anémona de bosque, Anemone nemorosa: la blanca que tapiza el suelo de los hayedos y robledales del norte a comienzos de primavera, antes de que el árbol saque la hoja. Aprovecha esa ventana de luz y luego desaparece.
- Anemone ranunculoides: parecida a la anterior pero de flor amarilla, en bosques húmedos del norte y del Pirineo, bastante más localizada.
El patrón es claro: las mediterráneas florecen en invierno y primavera y pasan el verano bajo tierra, y las de bosque atlántico florecen en el hueco de luz de marzo y abril. Ninguna de las dos estrategias tolera el verano seco con la hoja fuera.
Las de jardín, y la que florece en otoño
Lo que se vende como bulbo de anémona en otoño son selecciones de Anemone coronaria, en dos grupos clásicos: las de flor sencilla con el centro negro y las semidobles, de tépalos más numerosos. Los colores van del rojo al azul violáceo, con blancos y rosas, y todas tienen el mismo comportamiento: brotan con el frío, florecen en primavera y se retiran en verano.

Variedades de Anemone coronaria, las que se venden como tubérculos. Las de tépalos numerosos son las semidobles del grupo clásico de jardín.
Aparte están las anémonas de otoño, las llamadas japonesas, que son otra cosa por completo: vivaces de rizoma originarias de Asia oriental, altas, de semisombra y con floración de finales de verano y otoño. Si buscas la parte práctica, aquí tienes las fichas de cultivo de la anémona, de la anémona coronaria y de las anémonas japonesas.
Pulsatilas y hepáticas: parientes que cambian de nombre
Si consultas floras de distintas épocas te vas a encontrar el mismo grupo repartido de maneras diferentes. La hepática (Hepatica nobilis), la de flores azules en los hayedos del norte, se llamó durante mucho tiempo Anemone hepatica. Y las pulsatilas de montaña, como Pulsatilla alpina o Pulsatilla vernalis, con sus frutos plumosos inconfundibles, estuvieron también dentro de Anemone.
Los estudios moleculares han movido esas fronteras, y hay tratamientos actuales que devuelven pulsatilas y hepáticas al género Anemone mientras otras floras las mantienen separadas. No es un detalle irrelevante para quien busca información: el mismo nombre popular puede llevarte a dos nombres científicos válidos según la fuente que consultes, y conviene saberlo antes de dar por errónea una de las dos.
La anémona de mar no es una planta
Las anémonas de mar son animales: cnidarios del orden Actiniaria, parientes de los corales y las medusas, con un cuerpo cilíndrico fijado a la roca y una corona de tentáculos que recuerda a una flor abierta. De ese parecido viene el nombre, y nada más. No comparten nada con las plantas del género Anemone, y algunas pican al contacto, así que si has llegado aquí buscando eso, el aviso es el que corresponde a un animal marino, no a una flor.
Tóxicas: la savia y los animales de casa
Las ranunculáceas comparten un mecanismo químico que conviene entender. La planta fresca contiene ranunculina, un compuesto inofensivo mientras los tejidos están enteros; al machacarse o masticarse se transforma en protoanemonina, que es irritante y puede provocar enrojecimiento, ampollas y quemazón en la piel y en las mucosas. Esa es la razón de que la savia fresca moleste y de que, al secarse la planta, el problema se reduzca mucho, porque el compuesto se degrada.
En la práctica:
- Guantes al dividir matas o manipular tubérculos si tienes la piel sensible, y no te toques los ojos con las manos manchadas de savia.
- Perros y gatos: masticar hojas, flores o tubérculos les produce irritación de la boca, babeo, vómitos y malestar digestivo. No es una planta para un balcón donde el gato pica de todo, y los tubérculos sueltos en el suelo durante la plantación son una tentación para un perro joven.
- No es planta comestible en ninguna de sus partes, y no tiene uso culinario.
Sobre remedios: hubo usos tradicionales de anémonas y pulsatilas en la medicina popular europea, y se cuentan como historia. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas que las respalden, y al tratarse de plantas con una savia irritante, esos usos son un mal sitio para experimentar. Si hay ingestión con síntomas, al médico o al Instituto Nacional de Toxicología.
El nombre, y lo que se le ha atribuido
Anemone deriva del griego ánemos, viento, de donde salen "flor del viento" y el inglés windflower. La explicación tradicional apunta a los aquenios plumosos que se lleva el aire y a la fragilidad de los tépalos, que se desprenden con facilidad. La mitología griega añadió lo suyo: la anémona nacida de la sangre de Adonis, un relato que después recogieron poetas y herbolarios.
De ahí viene también el lenguaje de las flores victoriano, que le asignó el amor abandonado y la despedida. Eso es una convención cultural del siglo XIX, con sus manuales y sus modas editoriales, y así hay que tomárselo: dice cómo se leía la flor en los salones de entonces, no lo que la flor hace.
Queda una creencia más, la de que las anémonas anuncian lluvia cuando se cierran. Esta tiene base física: muchas flores cierran los tépalos cuando baja la luz y la temperatura, y eso es justo lo que ocurre cuando entra un frente nuboso. El movimiento responde al ambiente, y no es un pronóstico.
Como flor cortada
La anémona coronaria es una flor de temporada apreciada en floristería por el contraste entre el tépalo liso y el centro negro, y por ese tacto un poco de papel. Se corta con el capullo a medio abrir y aguanta bien en agua limpia y fresca, lejos de la fruta madura y de las fuentes de calor.

Anémonas blancas de centro oscuro en un ramo de novia. Es su uso más frecuente en floristería, por el contraste de color.
En resumen
Anémona es el género Anemone, ranunculáceas de flor sin pétalos verdaderos, con tépalos, un collar de brácteas bajo la flor y frutos en aquenios. En España crecen silvestres Anemone coronaria y Anemone hortensis en ambiente mediterráneo, Anemone palmata de flor amarilla en el suroeste, y Anemone nemorosa y Anemone ranunculoides en los bosques húmedos del norte. Las de bulbo del vivero son selecciones de la coronaria, y las de otoño son especies asiáticas de rizoma.
Su savia fresca contiene un compuesto irritante, así que se manipulan con cuidado y se mantienen fuera del alcance de perros y gatos. El nombre viene del viento, el simbolismo del amor abandonado es una convención victoriana, y la anémona de mar, que comparte nombre por puro parecido, es un animal. Para plantarlas, cada especie tiene su ficha con el calendario y los cuidados.