Si has buscado balón de oro pensando en un cactus, hay dos plantas distintas que responden a ese nombre y no se parecen apenas. Una es Parodia leninghausii, un cactus brasileño que crece en columnas erguidas cubiertas de espinas doradas y blandas. La otra es Echinocactus grusonii, el cactus mexicano en forma de bola con espinas rígidas y amarillas que en España se conoce sobre todo como asiento de suegra o bola de oro. El vivero te puede vender cualquiera de las dos con la misma etiqueta.

Las fotos que ilustran este artículo corresponden a la primera, Parodia leninghausii, y de ella va casi todo lo que viene a continuación. Es la que forma esos grupos de cilindros verdes con el ápice lanudo y amarillo inclinado hacia el sol. Lo primero, entonces, es saber cuál tienes delante, porque vienen de sitios distintos, quieren cosas distintas y una de las dos es bastante más exigente de lo que parece.

Grupo de tallos columnares de Parodia leninghausii cubiertos de espinas doradas Parodia leninghausii forma grupos de tallos erguidos con el ápice lanudo. Los ejemplares viejos se inclinan hacia la luz y la base se vuelve corchosa.

Los dos cactus que llevan este nombre

La forma más rápida de distinguirlos es mirar la silueta y tocar (con cuidado) una espina.

Qué vesQué cactus es
Tallos erguidos, más altos que anchos, de unos 8 a 10 cm de grosor, con muchas costillas poco marcadas y una pelusa densa de espinas finas, doradas y flexibles que no pinchan de verdad. El ápice es amarillo, lanudo y va torcido hacia el solParodia leninghausii, la torre amarilla o balón de oro. Sur de Brasil
Cuerpo redondo, tan ancho como alto o más, con costillas muy salientes y afiladas, y espinas gruesas, rectas, amarillas y rígidas que pinchan de inmediato. Corona con lana blanca y espesa en los ejemplares adultosEchinocactus grusonii, el asiento de suegra o bola de oro. Centro de México

La Parodia es globosa solo de joven. Esa fase de bola verde con pelusa dorada es la que se vende en macetas pequeñas, y es también la que hace que se confunda con la otra. A partir de los diez o quince centímetros empieza a alargarse y el parecido se acaba.

El nombre científico de la torre amarilla ha cambiado dos veces, y en las etiquetas conviven las tres versiones. Se describió dentro de Echinocactus, pasó después a Eriocactus leninghausii y a Notocactus leninghausii, y hoy se acepta Parodia leninghausii. Si ves cualquiera de esos nombres en un tiesto, se trata de la misma planta.

Cómo es la torre amarilla

El tallo es columnar, de un verde claro que casi no se ve bajo la espinación. Cada areola lleva un manojo de espinas radiales muy finas y unas pocas centrales algo más largas, todas de un amarillo dorado que con los años vira a pajizo y después a gris en la parte baja. Esa espinación es blanda: se puede pasar la mano por encima sin daño, algo poco frecuente en un cactus y una de las razones de que guste tanto.

Con el tiempo la base pierde el color y se vuelve corchosa y parda. No es una enfermedad ni un error de riego: es el proceso normal de lignificación de los cactus columnares viejos. Y como el ápice crece buscando la luz, un ejemplar que lleve años junto a una ventana acabará torcido hacia ella. Girar la maceta un cuarto de vuelta cada pocas semanas lo mantiene recto.

Emite hijuelos desde la base y termina formando grupos de varios tallos de alturas escalonadas, que es como resulta más vistosa. Un ejemplar de vivero tarda años en llegar a ese porte.

Ápices lanudos y dorados de varios tallos jóvenes de Parodia leninghausii De joven es globosa y casi esférica, que es la fase en la que se confunde con el asiento de suegra. Las espinas doradas son finas y flexibles.

La floración se hace esperar

Aquí está el dato que evita disgustos. Parodia leninghausii no florece hasta que el tallo no supera una altura considerable, en torno a los quince o veinte centímetros. Las plantas pequeñas de vivero, por muy bien cuidadas que estén, no van a dar flor durante varios años, y eso no indica ningún problema que corregir.

Cuando llega, la flor sale del ápice, es grande, amarilla y sedosa, y dura pocos días, aunque suelen abrirse varias en tandas a lo largo del verano. Tiene el detalle que identifica al género entero: los lóbulos del estigma son de un rojo intenso, muy contrastados sobre el amarillo de los pétalos. Si abres una flor amarilla de cactus globoso y ves ese centro rojo, estás ante una Parodia.

Lo que sí puede impedir la floración a una planta ya adulta es el invierno equivocado. Un cactus que pasa de noviembre a febrero en un salón calefactado y con riego no acumula el reposo que dispara los botones florales. En la guía del notocactus están el calendario de riego y el régimen de invierno del género, que valen igual para esta especie.

Lo propio de esta especie en España

Conviene insistir en una idea que sorprende a quien viene de los cactus mexicanos: las Parodia no son plantas de desierto. Proceden de los campos del sur de Brasil, Uruguay y el noreste de Argentina, donde llueve repartido buena parte del año y crecen entre matas de hierba que les filtran el sol del mediodía. Tratarlas con la sequía extrema que se aplica a un Echinocactus las deja arrugadas y sin flor.

De ahí salen tres decisiones prácticas. La primera, riego de verdad durante el crecimiento y sequía en invierno, no al revés. La segunda, sombreo parcial en las horas centrales del verano en el interior peninsular: una quemadura deja una mancha corchosa que no se borra nunca, porque la epidermis de un cactus no se regenera. La tercera, cuidado con el agua del grifo. Este grupo prefiere sustrato ligeramente ácido y en buena parte de España el agua es dura, así que regar años con ella alcaliniza la maceta y acaba dando clorosis.

La maceta, para esta especie en concreto, debe ser algo más profunda que ancha en cuanto la planta se alargue, y con peso suficiente o lastrada con gravilla, porque un grupo de tallos altos vuelca con facilidad.

Multiplicación

Por hijuelos es lo cómodo: se separa un brote basal en primavera o verano, se deja cicatrizar la herida a la sombra unos días y se asienta sobre sustrato mineral apenas húmedo. La semilla es la otra vía y da mejores ejemplares, aunque con más espera. Se siembra en superficie sobre sustrato tamizado, en primavera, con calor suave y luz indirecta.

Lo que no funciona con esta planta es el esqueje de tallo cortado por la mitad. No es una Opuntia: partir una columna sana para multiplicarla arruina la planta madre y lo más probable es que el trozo se pudra.

Comprar sin líos: las cactáceas y CITES

Toda la familia Cactaceae está incluida en los Apéndices de CITES, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, que en la Unión Europea se aplica a través del Reglamento (CE) 338/97. En la práctica, un cactus de vivero reproducido artificialmente se compra y se vende sin más trámite, pero el material recolectado en el campo y el que cruza fronteras necesita documentación.

Esto importa con este grupo por un motivo concreto: el otro balón de oro, Echinocactus grusonii, es abundantísimo en cultivo y escaso en su medio natural mexicano, donde su área quedó muy reducida. Comprar en vivero, con etiqueta y origen claro, no es un formalismo.

En resumen

Balón de oro es un nombre repartido entre dos cactus que no se manejan igual. El de las fotos, Parodia leninghausii, es columnar, brasileño, de espinas doradas blandas y ápice torcido hacia la luz, y pide más agua en verano y más sombra en el interior peninsular de lo que se supone de un cactus. El otro, Echinocactus grusonii, es la bola mexicana de espinas rígidas que se conoce como asiento de suegra. Mirar la silueta y tocar una espina resuelve la duda en un segundo.

Si tienes la torre amarilla y no florece, comprueba primero el tamaño y después el invierno: por debajo de cierta altura no hay flor, y un invierno cálido y con riego tampoco la deja salir. Con luz abundante pero filtrada en julio, riego regular de primavera a otoño, sequía entre noviembre y febrero y agua con poca cal, es de los cactus más agradecidos que se pueden tener en una terraza.


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