El arto es un arbusto espinoso de la familia Celastraceae, Maytenus senegalensis, que muchos autores actuales tratan como Gymnosporia senegalensis. Su área natural es enorme y africana, de Senegal a Sudáfrica y hasta el suroeste de Asia, pero hay un dato que casi nunca aparece en las fichas y que a un lector español le interesa mucho más: también crece en España. La subespecie europaea vive en las tierras áridas de Almería, Murcia y la costa granadina, y es una de las plantas más singulares de la flora peninsular.
Ahí está el motivo de este artículo. Los matorrales que forma, los artales, son un tipo de vegetación que en Europa prácticamente solo existe en ese rincón del sureste, porque en ningún otro sitio del continente se dan a la vez el calor, la sequía extrema y la ausencia de heladas fuertes que esta planta necesita. Es un pedazo de África al norte del Mediterráneo. Y conviene aclarar algo antes de seguir: el nombre "arto" designa plantas distintas según la comarca, así que media España llama arto a algo que no es esto.
Flores diminutas y blanquecinas apiñadas a lo largo de la rama: la floración del arto no llama la atención de lejos, pero atrae a un enjambre de insectos.
Cuántas plantas se llaman arto
Por lo menos tres grupos distintos, y ninguno tiene parentesco con los otros:
- El arto del sureste árido, Maytenus senegalensis subsp. europaea, de la familia Celastraceae. Es el de este artículo.
- El azufaifo silvestre, Ziziphus lotus, de la familia Rhamnaceae. Comparte terreno con el anterior en Almería y Murcia, también es espinoso y también recibe el nombre de arto en muchos pueblos. Localmente se distinguen con apellidos de color que cambian de una comarca a otra, lo que complica todavía más el asunto. Su pariente cultivado es el azufaifo o jinjolero.
- Los espinos de seto. En buena parte del norte peninsular y del valle del Ebro, "arto" o "artos" se aplica genéricamente a arbustos espinosos de linde, del tipo majuelo, endrino o zarza. Nada que ver con las otras dos.
Si lees una ficha de "arto" y habla de fruto dulce y comestible en almíbar, está hablando del azufaifo. Si habla de un arbusto de matorral africano de flores verdosas, es este.
Cómo es
Arbusto o arbolillo muy ramificado y denso, de crecimiento lento, con ramas rígidas que terminan en espinas duras y punzantes. Esas espinas no son pelos endurecidos ni estípulas: son ramillas transformadas, y por eso a veces llevan hojas u hasta flores en su base. La mata resultante es casi impenetrable, un enredo de ramas grises y verdes en el que no se mete nada grande.
Las hojas son alternas, algo coriáceas y de un verde pálido tirando a glauco, con el borde a menudo finamente dentado. La forma y el tamaño varían bastante entre poblaciones; las plantas del sureste español tienden a la hoja pequeña, coherente con el ambiente en el que viven.
La floración pasa desapercibida de lejos y es espectacular de cerca: cientos de flores diminutas, blanquecinas o verdosas, apiñadas en racimos a lo largo de las ramas. Producen néctar accesible y atraen una nube de himenópteros y dípteros. El fruto es una cápsula pequeña que al madurar se abre y deja ver la semilla envuelta en una cubierta carnosa y coloreada, que es lo que se llevan las aves y lo que dispersa la planta.
Los frutos maduros se abren y exponen la semilla con su cubierta carnosa, que se encargan de dispersar las aves.
Los artales: por qué importan
Un artal no es un arbusto suelto: es una formación de matorral abierto donde el arto domina y organiza todo lo demás. En un territorio con lluvias escasísimas, cada mata funciona como una planta nodriza. Bajo su copa hay sombra, algo más de humedad, menos amplitud térmica y el suelo que la propia planta ha ido enriqueciendo con su hojarasca. Ahí germinan y sobreviven especies que a pleno sol no tendrían ninguna posibilidad, y ahí se refugian reptiles, insectos y aves.
Esa es la razón de que estos matorrales tengan valor de conservación: no por una planta, sino por el sistema entero que sostiene. Son además un vestigio de vegetación de afinidad africana en suelo europeo, y su superficie se ha reducido mucho con la expansión del cultivo bajo plástico, la urbanización del litoral y la roturación de las llanuras del sureste.
Tanto la planta como los matorrales que forma entran en figuras de protección de flora y de hábitats en el sureste español. Las obligaciones concretas dependen de la comunidad autónoma y del espacio en el que estés, así que antes de cortar, arrancar o recolectar cualquier cosa de un artal, lo que procede es consultar la normativa autonómica vigente y, si estás dentro de un espacio natural protegido, su plan de gestión.
Dónde crece y qué aguanta
Las poblaciones españolas ocupan las tierras más áridas del sureste: llanuras y ramblas del interior almeriense, el entorno de Cabo de Gata, el sur de Murcia y algunos enclaves de la costa de Granada. Es una planta de secano extremo, de suelos pobres, pedregosos o arenosos, y de inviernos sin heladas severas.
Las dos condiciones que marcan su límite son la sequía, que tolera muy bien, y el frío, que no. Aguanta sin pestañear temperaturas altas, viento seco, salinidad ambiental cerca del mar y suelos que no retienen agua. En cambio, no la busques en el interior frío peninsular ni en la mitad norte: no es que esté mal cultivada, es que ahí no vive.
Cultivo y multiplicación
No es una planta de vivero corriente ni de jardín de temporada. Donde se utiliza es en restauración y jardinería seca del sureste, con plantas de origen local, y ahí tiene dos virtudes grandes: no necesita riego una vez arraigada y forma seto defensivo sin mantenimiento.
Puntos prácticos, sin inventar cifras que dependen del lote de semilla y del año:
- Semilla. Se recoge de frutos maduros, se limpia la cubierta carnosa y se siembra en sustrato muy drenante. La nascencia suele ser lenta e irregular, así que siembra más de lo que necesitas y ten paciencia.
- Sitio. Pleno sol y suelo que drene de verdad. En suelo pesado y regado no va a prosperar.
- Riego. Solo durante los primeros veranos, para que la raíz se instale. Después, ninguno.
- Poda. La mínima, y con guantes gruesos y gafas: las espinas son largas y muy rígidas, y trabajar dentro de la mata sin protección termina siempre igual.
- Procedencia. Si la vas a plantar en su área natural, usa material de procedencia local y legal. Ni recolectes en campo sin autorización ni introduzcas plantas de otros orígenes en una población silvestre.
Los usos que aquí no vas a leer
Las fichas antiguas de esta planta dedicaban la mitad del texto a una lista larguísima de dolencias que supuestamente cura, desde la artritis hasta la malaria, rematada con la palabra afrodisíaco. Esa lista no aparece en este artículo, y conviene explicar por qué.
En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras una evaluación científica. Para el arto no hay ninguna autorizada. Lo que sí es cierto y verificable es otra cosa: la planta tiene usos tradicionales documentados en la medicina popular africana, con la raíz, la corteza y la hoja, y ha sido objeto de estudios de laboratorio sobre sus compuestos. Eso es etnobotánica e investigación preliminar, no una indicación terapéutica, y no autoriza a nadie a prepararse nada. Ante un problema de salud, al médico.
Del mismo modo, no es una planta alimentaria en España y no se usa aquí como tal. Si te encuentras un artal en el campo, lo razonable es mirarlo, no probarlo.
En resumen
El arto es Maytenus senegalensis, un arbusto espinoso de matriz africana que en Europa solo tiene poblaciones estables en el extremo árido del sureste español, donde forma los artales. Su interés no está en el jardín ni en el botiquín, sino en lo que representa: un matorral raro, de afinidad africana, que funciona como refugio y planta nodriza en uno de los territorios más secos del continente y que ha perdido mucha superficie en las últimas décadas.
Y antes de nada, asegúrate de qué arto te están nombrando. Si hablan de fruto comestible, es el azufaifo, Ziziphus lotus. Si hablan de setos de linde en el norte, son espinos. El arto de Almería y Murcia es este otro, el de las flores verdosas diminutas y las espinas que no perdonan.