El arce negundo (Acer negundo) es el arce más fácil de reconocer de todos, porque es el único que no tiene hoja de arce. En lugar del limbo palmeado y lobulado que asociamos al género, tiene la hoja compuesta, dividida en tres, cinco o siete foliolos independientes, con un aire de fresno joven. Es americano, se plantó mucho en España entre los años sesenta y ochenta porque crecía rápido y costaba poco, y hoy la recomendación va en sentido contrario: no es un árbol para plantar de nuevo.
Antes de seguir, dos avisos que el texto original de esta página no daba. El primero: las semillas y las plántulas de Acer negundo contienen hipoglicina A, el mismo compuesto responsable de la miopatía atípica de los équidos, una intoxicación grave y con mucha mortalidad en caballos, ponis y burros. Si tienes équidos, no debe haber negundos en el pasto ni en su linde, y las sámaras que caigan dentro hay que retirarlas. Ante una ingestión, el veterinario, y si hace falta el Instituto Nacional de Toxicología. El segundo: es una especie dioica y los pies macho sueltan mucho polen transportado por el viento a finales del invierno, lo que tiene interés para quien sufre polinosis. No hay ningún remedio ni ninguna preparación en este artículo, porque no los hay que ofrecer.
La hoja compuesta, con tres a siete foliolos, es la marca de la casa: ningún otro arce cultivado en España la tiene así.
Cómo reconocerlo sin equivocarse
La hoja resuelve la duda en un segundo. Todos los arces que vas a encontrar en un jardín español tienen la hoja simple y palmeada, con los nervios saliendo de un mismo punto. El negundo no: sus foliolos van montados sobre un raquis común, son ovales, con el margen groseramente dentado y a veces con algún lóbulo lateral, y el foliolo terminal suele ser el mayor. Cuando la hoja tiene solo tres foliolos se parece bastante a la de una zarzamora o a la de un fresno pequeño, y de ahí uno de sus nombres, arce de hoja de fresno.
El resto del árbol acompaña. Es de porte mediano, en buenas condiciones pasa de los diez metros, con el tronco a menudo dividido bajo y las ramas torcidas y desiguales, así que rara vez tiene esa copa limpia y regular de otros arces. Los brotes jóvenes son verdes y con frecuencia llevan una capa cerosa blanquecina o violácea que se quita al frotarla con el dedo, un detalle cómodo para confirmar la identificación en invierno, cuando no hay hojas.
El fruto son sámaras dobles, colgantes en racimos largos, con las dos alas formando un ángulo estrecho, casi paralelas. Maduran en otoño y muchas se quedan en el árbol todo el invierno, así que puedes identificarlo en enero mirando hacia arriba. Si quieres situarlo dentro del género, el repaso general está en la ficha del arce.
Pies macho y pies hembra
El negundo es dioico, es decir, hay árboles macho y árboles hembra separados, cosa poco corriente entre los arces. Las flores salen a finales del invierno o a principios de la primavera, antes o a la vez que las hojas: las masculinas cuelgan en manojos de estambres largos con las anteras rojizas, muy vistosas de cerca aunque nadie las mire, y las femeninas van en racimos colgantes más largos y discretos. No tienen pétalos ni nada que ofrecer a un insecto, porque la polinización la hace el viento.
Flores masculinas, sin pétalos y con las anteras rojizas. Al ser un árbol dioico, este ejemplar no dará nunca sámaras.
Eso tiene una consecuencia práctica. Los viveros venden clones masculinos precisamente para que el árbol no produzca semilla y no se resiembre, pero un pie macho es, a cambio, una fuente notable de polen anemófilo justo en la época en que empiezan las alergias. Y un pie hembra aislado también puede dar sámaras si hay un macho a distancia razonable, que en un pueblo o en un parque suele haberlo.
Los cultivares variegados y dorados
Buena parte de los negundos que se han vendido en España no son la especie sin más, sino cultivares de hoja de color: márgenes blanco crema, márgenes amarillos, hojas doradas enteras o el conocido 'Flamingo', con los brotes nuevos salpicados de rosa y blanco. Son bonitos de verdad y explican por qué se plantaron tanto.
Tienen dos pegas que conviene conocer antes de comprar uno. La primera es la reversión: de vez en cuando sale una rama con la hoja verde lisa, que al tener más clorofila crece con más vigor que las variegadas y acaba comiéndose el árbol si no se corta. Hay que retirarla en cuanto se detecta, cortando hasta su punto de origen. La segunda es que muchos de estos cultivares van injertados sobre patrón de semilla, de modo que lo que brote por debajo del injerto o desde la base del tronco será negundo verde corriente, no el cultivar; esos rebrotes también se eliminan.
Ninguna de las dos cosas cambia lo esencial: sigue siendo la misma especie, con la misma madera y el mismo comportamiento.
Rápido, frágil y de vida corta
El atractivo comercial del negundo siempre fue la velocidad. Hace sombra en pocos años, aguanta suelos compactados, encharcamientos temporales y sequía, y rebrota con fuerza si lo cortas. El precio de esa velocidad es una madera blanda y poco resistente: las ramas se desgajan con el viento fuerte y con el peso de la nieve, las horquillas con corteza incluida se abren por el punto de unión, y las heridas grandes se pudren con facilidad porque el árbol compartimenta mal.
A eso se suma una vida corta para lo que se espera de un árbol de jardín. No es un árbol que plantes para tus nietos: en pocas décadas empieza a desgajarse y a perder ramas principales. Si tienes uno maduro cerca de una zona de paso, de un coche o de una terraza, merece la pena que lo revise alguien con criterio. Lo que puede fallarle sanitariamente está detallado en plagas y enfermedades del Acer negundo.
Por qué se ha convertido en un problema en las riberas
Un pie hembra cargado de sámaras. Esa producción masiva de semilla alada es la raíz del problema en los sotos fluviales.
Un negundo hembra adulto produce cantidades enormes de sámaras, el viento y el agua las reparten, y germinan sin necesitar nada especial en cuanto encuentran suelo húmedo y removido. Justo lo que abunda en las orillas de ríos y arroyos, en los sotos y en los terrenos alterados. Una vez instalado rebrota de cepa con fuerza si lo cortan, así que la eliminación a hacha lo multiplica en lugar de acabar con él.
El resultado es visible en muchos cursos de agua de la Península: masas de negundo donde debería haber sauces, chopos, fresnos y alisos. Su comportamiento invasor en riberas está bien documentado aquí. Antes de plantar uno, comprueba el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, y la normativa de tu comunidad autónoma: la venta, la plantación y la tenencia de las especies que figuran en ese catálogo están prohibidas, y no es una formalidad. Si buscas un arce para el jardín, la alternativa razonable está en los arces autóctonos de la Península, que además viven mucho más.
Lo que el texto anterior contaba y no era cierto
Esta página venía de una granja de contenidos y arrastraba dos errores que conviene desmontar. Uno era una tabla de valor nutritivo con azúcares, calcio y vitaminas, que no corresponde a nada de este árbol: son datos de jarabe de arce. El otro era atribuirle la producción comercial de sirope, que sale del arce del azúcar, Acer saccharum, una especie distinta. La savia del negundo es azucarada, sí, y se ha aprovechado de forma local en Norteamérica, pero eso es un uso anecdótico y no convierte al árbol en una fuente de alimento.
Tampoco hay propiedades medicinales que contar. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet.
En resumen
Acer negundo es el arce de hoja compuesta, un americano dioico de crecimiento rapidísimo, madera frágil y vida corta que se plantó en España por barato y por rápido. Se reconoce por los tres a siete foliolos de la hoja, por los brotes verdes con capa cerosa blanquecina y por las sámaras de alas casi paralelas que aguantan colgadas todo el invierno. Sus cultivares variegados y dorados son atractivos, pero revierten a verde y suelen ir injertados, así que dan trabajo de mantenimiento.
Las razones para no plantarlo pesan más que sus ventajas: siembra masivamente y coloniza riberas desplazando a la vegetación autóctona, se desgaja con el viento y sus semillas contienen hipoglicina A, peligrosa para caballos, ponis y burros. Antes de plantar uno, comprueba el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y lo que diga tu comunidad autónoma. Si ya lo tienes, vigila las ramas grandes, retira los rebrotes de la base y no dejes que las plántulas se instalen en el arroyo de al lado.