La rosa 'Cardinal de Richelieu' es el rosal morado clásico del jardín, el que se cita siempre que alguien pregunta si existen rosas de verdad en ese color. Pertenece al grupo de las gallicas, florece una sola vez al año entre finales de primavera y comienzos de verano, y sus flores abren en un carmín oscuro que va virando a un violeta profundo, casi ciruela, con reflejos grises cuando el pétalo empieza a envejecer. No hay rosal moderno que consiga ese tono.
Lo que hay que saber antes de comprarlo es precisamente eso: no reflorece. Tiene tres o cuatro semanas de floración espectacular y el resto de la temporada es un arbusto de follaje limpio y porte redondeado. Quien busque rosas de junio a noviembre debe mirar otro grupo. Quien quiera un color imposible y un arbusto que se cuida solo, ha dado con el rosal correcto.
Cómo es la flor
Los capullos son casi esféricos y de un rojo oscuro apagado. Al abrirse muestran una flor muy llena, de unos 6 o 7 centímetros de diámetro, con cerca de medio centenar de pétalos dispuestos en copa achatada. Los pétalos exteriores se van doblando hacia atrás a medida que la flor madura, hasta que el conjunto adopta forma de pompón y, en muchos ejemplares, deja ver un botón verde en el centro.
El color evoluciona todo el tiempo. Empieza en un rojo carmín cargado, pasa al magenta oscuro y termina en el violeta que le ha dado la fama, con el envés de los pétalos más claro y plateado. Ese contraste entre haz y envés es lo que hace que el arbusto en flor parezca cambiar de tono según le dé la luz.
El perfume existe pero es discreto, dulce y algo afrutado, muy lejos de la intensidad de una damascena. Las flores salen sobre todo al final de las varas del año anterior, con frecuencia agrupadas de tres en tres.
El arbusto
Es un arbusto de porte medio, entre 90 y 180 centímetros de alto según el suelo y la poda, y de anchura similar a la altura o algo menor. Las varas son finas y flexibles, se arquean con el peso de las flores y están prácticamente libres de aguijones, cosa rara en un rosal antiguo. El follaje es verde oscuro, mate y de textura algo áspera, típico de gallica.
Cuando va injertado sobre patrón se comporta como un arbusto normal. Cuando va de pie franco, es decir, sobre sus propias raíces, emite hijuelos y tiende a formar una mata que se ensancha con los años, comportamiento habitual del grupo. Ninguna de las dos opciones es mejor: la de pie franco es más longeva y fácil de multiplicar, la injertada se queda donde se planta.
El lío de su origen
La autoría de esta variedad no está resuelta. La atribución más repetida en la literatura moderna la da a Louis Parmentier, viverista belga, y sitúa su aparición en la primera mitad del siglo XIX; otras fuentes antiguas la asocian a Laffay, en Francia, que sería quien le puso el nombre del cardenal, ministro de Luis XIII. También hay discusión sobre la clasificación: la mayoría de los catálogos la sitúan entre las gallicas y algunos autores la consideran más cercana a los híbridos de China por su follaje y su porte.
Esta clase de dudas es normal en rosales de esa época, con nombres que se reutilizaban y variedades que viajaban de vivero en vivero sin registro. Lo que no cambia es lo que se planta en el jardín, que es un rosal de floración única, de color morado y de comportamiento gallica.
Dónde plantarlo en España
Las gallicas son de los rosales más agradecidos con los suelos mediocres, y este no es una excepción. Tolera terrenos pobres y pedregosos mejor que un híbrido de té, y aguanta bien el frío del interior peninsular. Lo que no soporta es el encharcamiento: en suelos arcillosos y compactados hay que plantarlo en caballón o mejorar el drenaje antes.
En los suelos calizos del este y el sur, con pH alto, puede aparecer clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Se corrige con materia orgánica abundante en superficie y, si hace falta, con quelato de hierro del tipo que sigue siendo asimilable por encima de pH 7,5. Un acolchado de unos cinco centímetros mantiene la raíz fresca y reduce mucho el problema.
La exposición ideal en la mitad sur y en el litoral mediterráneo es sol de mañana y algo de sombra a partir del mediodía en verano. Los pigmentos violetas se degradan con la radiación fuerte, y una flor que a primera hora es morada puede quedar descolorida y con los bordes quemados a las cuatro de la tarde de un día de junio en Sevilla o en Murcia. En el norte y en el interior a media altura puede ir a pleno sol sin problema.
Poda: la parte que casi todo el mundo hace mal
Este es el punto crítico. 'Cardinal de Richelieu' florece sobre madera del año anterior, así que una poda invernal fuerte elimina la floración de esa temporada. Nada de tratarlo como un híbrido de té.
La poda se hace justo después de la floración, a principios o mediados de verano según la zona. Se acortan un tercio las varas que han florecido, se retiran las ramas secas, enfermas o cruzadas y se eliminan a ras de suelo una o dos varas viejas para renovar la mata. Eso deja tiempo suficiente para que el arbusto emita y madure la madera que dará flor al año siguiente. En invierno solo se retira lo roto o lo muerto. Si quieres profundizar en el criterio general, hay una guía sobre cómo podar un rosal en este mismo sitio.
Riego, abonado y multiplicación
Riego copioso y espaciado, siempre al pie y nunca sobre el follaje. Un ejemplar establecido en el interior peninsular necesita en pleno verano uno o dos riegos profundos por semana; en el litoral norte, con un riego cada diez días suele bastar. Regar poco y a diario es el error que produce raíces superficiales.
El abonado se concentra al final del invierno, con estiércol bien hecho o compost maduro extendido alrededor del arbusto sin tocar el cuello. En un rosal de floración única no tiene sentido abonar en verano: no va a producir más flores y la brotación tardía es más sensible a las heladas.
Multiplicarlo es sencillo si está de pie franco: en otoño se separa un hijuelo con raíz y se planta directamente. También arraiga bien por estaca leñosa recogida en invierno.
Sanidad y compañeros de jardín
Las gallicas son sanas en general, con buena resistencia a la mancha negra, pero en otoño, cuando llegan las noches húmedas y los días aún cálidos, es fácil que aparezca oídio en los brotes tiernos. La prevención es la de siempre: marco de plantación amplio para que circule el aire, riego al pie, y retirada de las hojas caídas al final de la temporada. Al florecer una sola vez, el ataque tardío tiene poco recorrido sobre el resultado del año.
En composición, el morado de esta rosa funciona muy bien junto a rosas blancas y de color rosa claro, que lo levantan, y junto a follajes grises de lavanda, santolina o Perovskia, que además comparten sus necesidades de sol y suelo drenante. Colocado contra un muro claro gana muchísimo; contra un fondo oscuro se pierde.
En resumen
'Cardinal de Richelieu' es una gallica de floración única, con flores muy dobles de unos 6 centímetros que abren carmín y terminan violeta oscuro, perfume suave y varas casi sin aguijones sobre un arbusto de 90 a 180 centímetros. Su autoría se disputa entre Parmentier y Laffay, y eso no afecta en nada a su cultivo.
Para que dé lo mejor de sí en España, tres cosas: suelo con drenaje y materia orgánica, sombra en las horas centrales del verano en el sur para que el morado no se queme, y poda solo después de la floración. Con eso es un rosal longevo y muy poco exigente, que se agradece en un jardín donde el resto de las rosas repiten y ninguna tiene ese color.