El azul es el color más escaso en la flora ornamental y el más difícil de mantener en un jardín español durante el verano. La mayoría de las plantas que lo aportan proceden de climas con veranos frescos y húmedos, y aquí se comportan de otra manera: florecen antes, aguantan menos y necesitan sombra en las horas centrales. Elegir bien es, sobre todo, saber cuáles resisten el julio y el agosto peninsulares y cuáles no pasan de junio.
Hay una razón óptica para insistir en el azul. Al anochecer, cuando la luz baja, el ojo humano desplaza su sensibilidad hacia las longitudes de onda cortas (el efecto Purkinje): los rojos se apagan y los azules y blancos siguen visibles bastante rato. Por eso una plantación azul rinde justo en el momento del día en que más se usa un jardín en verano, la tarde y la primera hora de la noche.
Hortensia, lupinos, agapanto, tres de las flores azules más espectaculares (fila de arriba). Lobelia, plumbago y Anagallis monellii (fila de abajo). Bajo estas líneas, un nenúfar azul (Nimphaea caerulea).
Las que aguantan el verano mediterráneo
El agapanto (Agapanthus, sobre todo los híbridos y A. praecox) es la apuesta más segura del grupo. Sudafricano, con raíces carnosas que almacenan reservas, florece en pleno julio y agosto y aguanta el calor sin inmutarse. Vive al sol y en semisombra, tolera suelos pobres y sale adelante con riegos moderados, aunque florece mucho mejor si no le falta agua durante la formación de las varas. En maceta rinde especialmente bien: agradece estar algo apretado. Los tipos caducifolios son más resistentes al frío que los perennifolios, algo a tener en cuenta en el interior peninsular. Tenemos una ficha específica sobre los agapantos en terraza.
El plumbago o jazmín azul (Plumbago auriculata, antes P. capensis) es un arbusto sarmentoso, no una trepadora verdadera: no se agarra solo y hay que atarlo a una celosía o a un alambre. También sudafricano, florece de forma continua desde mayo hasta las primeras noches frías, y en el litoral mediterráneo y el sur puede hacerlo casi todo el año. Resiste la sequía una vez establecido y le da igual el suelo calizo. Su límite es el frío: por debajo de unos cuantos grados bajo cero pierde la parte aérea, aunque rebrota de base en climas suaves. Más detalle en la ficha del plumbago.
Entre las aromáticas, la lavanda y el romero aportan azules pálidos con un mantenimiento mínimo y una tolerancia a la caliza y a la sequía que ninguna herbácea de flor azul iguala. Lavandula angustifolia florece de junio a julio; Lavandula x intermedia alarga hasta agosto y aguanta mejor el calor; Lavandula dentata y Lavandula stoechas son las más adaptadas al litoral. La serie sobre lavandas entra en las diferencias entre especies.
Las nepetas (Nepeta x faassenii, N. racemosa) merecen mucha más presencia de la que tienen en los jardines españoles. Forman matas bajas de follaje gris azulado y espigas lavanda, florecen de mayo a octubre si se recortan a media altura después de la primera oleada, y toleran la sequía y los suelos pobres. Son, además, un imán para abejas y abejorros.
Las que necesitan condiciones especiales
La hortensia (Hydrangea macrophylla) es la flor azul más espectacular y la más malentendida. Solo da azul en suelo ácido, con pH por debajo de 5,5 aproximadamente, porque el color depende de la disponibilidad de aluminio, que en suelos calizos queda bloqueado. En el norte húmedo (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco) crece sola. En el resto de España se cultiva en maceta con sustrato para plantas acidófilas y agua de lluvia, y aun así hay que corregir el pH periódicamente. Con agua dura, la hortensia azul vira a rosa o malva sucio en un par de temporadas. En el artículo específico sobre hortensias azules está el detalle del manejo del pH.
La espuela de caballero (Delphinium elatum e híbridos) da las espigas azules más altas que existen, pero su clima es el atlántico o el de montaña: veranos frescos, suelo profundo y fresco, riego constante. En el centro y el sur peninsular se comporta como anual de primavera y se quema en cuanto llegan los primeros golpes de calor de junio. Hay que saberlo antes de plantarla en Sevilla o en Murcia. Todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión, por sus alcaloides diterpénicos; conviene tenerlo presente si hay animales que pastan cerca. La ficha del delphinium amplía el cultivo.
La lobelia (Lobelia erinus) es una anual de temporada excelente para jardineras y cestas colgantes, con floración densa y continua, pero es de las primeras en decaer cuando las noches no bajan de los veinte grados. En la costa mediterránea rinde de marzo a junio y se agota en pleno verano; en el norte y en zonas de montaña aguanta hasta el otoño. El miosotis o nomeolvides (Myosotis sylvatica) tiene el mismo problema y además prefiere semisombra y suelo siempre fresco.
Cubresuelos y borduras
Para tapizar en semisombra, la Vinca major y la Vinca minor son eficaces y prácticamente indestructibles, con floración azul violácea. Esa misma eficacia es su problema: la Vinca major se extiende por estolones que enraízan al tocar el suelo y puede escaparse del jardín hacia riberas y bordes de camino, donde desplaza a la vegetación herbácea autóctona. Conviene plantarla en zonas acotadas y no arrojar restos de poda al monte. Además, toda la planta es tóxica por ingestión por sus alcaloides indólicos.
La Scaevola aemula, australiana, es una de las mejores rastreras para jardinera a pleno sol en clima mediterráneo: sus curiosas flores en abanico se suceden de mayo a octubre con riegos moderados y tolera bien el calor seco. El agerato (Ageratum houstonianum) da masas azul malva pero necesita riego abundante y suelo rico; en secano se aja enseguida.
El Anagallis monellii, el murajes azul, es una mediterránea de flores añil intenso, perfecta para rocallas y jardineras a pleno sol, que suele cultivarse como anual y resiste bastante bien la sequía estival.
Arbustos y trepadoras de flor azul
Los Ceanothus, californianos, dan las masas de azul más intensas que puede verse en un arbusto y toleran la sequía muy bien, pero son sensibles a la caliza: en suelos con pH alto amarillean y se pierden en pocos años. Funcionan bien en el noroeste y en zonas de suelo ácido, mal en el este y el sur.
Las verónicas arbustivas (Hebe) se adaptan al litoral atlántico y a climas suaves sin extremos, pero sufren con el calor seco del interior. El Echium candicans, taginaste originario de Madeira, da inflorescencias azules imponentes y prospera en el litoral, aunque no soporta heladas fuertes; en algunas zonas costeras se resiembra con facilidad, así que conviene cortar las inflorescencias secas antes de que suelten semilla.
Entre las trepadoras verdaderas, la pasionaria (Passiflora caerulea) es la más fiable en España: rústica, vigorosa, floración de mayo a octubre y muy poco exigente. La Ipomoea indica, de un índigo espléndido, es un caso distinto: crece a enorme velocidad, se resiembra sola y forma mantos que ahogan la vegetación bajo ella. En el litoral mediterráneo, en Canarias y en las riberas del sur se ha naturalizado y se comporta como planta invasora. Plantarla en un jardín cercano a un cauce o a una zona natural es una mala idea, por bonita que sea la flor.
En resumen
Si quieres azul en un jardín español de julio, el eje son agapanto, plumbago, nepeta, lavanda y Scaevola: todos toleran calor, sol directo y suelos calizos, y ninguno depende de un riego generoso. Hortensia, delphinium, lobelia y miosotis son plantas de clima fresco y solo funcionan en el norte, en altura o en maceta con condiciones dirigidas.
Dos precauciones cierran la lista. Delphinium y vincas son tóxicas por ingestión, algo que decide dónde plantarlas si hay niños o animales. Y algunas de las opciones más agradecidas por su vigor, como la Ipomoea indica o la propia Vinca major, tienen comportamiento invasor fuera del jardín: hay que contenerlas y no dejar que se escapen hacia el entorno.