Cubrir un muro con una trepadora es la forma más barata de transformar una pared fea, y además baja la temperatura de la fachada varios grados en verano. Pero antes de elegir la planta por su flor hay dos preguntas que decidirlo todo: cómo trepa y de qué está hecha la pared. Equivocarse en cualquiera de las dos acaba en una planta que se cae al segundo año o en un revestimiento destrozado.

Las trepadoras se agarran por mecanismos muy distintos, y solo dos de ellos permiten prescindir de estructura. El resto necesita un soporte al que enroscarse o al que atarse, y eso hay que instalarlo antes de plantar, no después.

Las trepadoras permiten llenar los muros de vida y color. En la foto, el follaje rojo de una parra virgen (Parthenocissus tricuspidata) a comienzos del otoño.

Cómo trepan: cuatro mecanismos

Raíces adventicias. Emiten raicillas a lo largo del tallo que se introducen en cualquier poro o fisura y se anclan. Suben solas por una pared. Es el caso de la hiedra (Hedera helix), la hortensia trepadora (Hydrangea petiolaris), el Ficus pumila y la bignonia americana (Campsis radicans).

Zarcillos con discos adhesivos. Los zarcillos terminan en pequeñas ventosas que se pegan a la superficie. También suben solas. Son las parras vírgenes: Parthenocissus tricuspidata, la de hoja de tres lóbulos que se pega con fuerza, y Parthenocissus quinquefolia, de cinco foliolos, que se agarra peor y suele necesitar ayuda.

Zarcillos o pecíolos que se enroscan. Rodean cualquier elemento delgado, pero no se pegan. Necesitan alambre, malla o celosía. Aquí entran las clemátides (que se sujetan con el pecíolo de la hoja), la vid y las pasifloras.

Tallos volubles. El tallo entero gira alrededor del soporte. Necesitan estructura, y de sección fina. Son la glicinia (Wisteria), la madreselva (Lonicera), el jazmín (Jasminum) y el falso jazmín o jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides).

Y hay un quinto grupo que no trepa en absoluto: las apoyantes. Los rosales trepadores y la buganvilla emiten tallos largos que en la naturaleza se apoyan en un arbusto y quedan retenidos por las espinas, pero contra un muro hay que atarlos, uno por uno, a lo largo de toda su vida. Se lee a menudo que sus espinas bastan para sujetarlos y no es cierto: sin ataduras, un rosal trepador se descuelga entero.

Qué muros aguantan una trepadora

Las autoadherentes (hiedra, parra virgen, Ficus pumila) solo deben ponerse sobre muros sanos y de mantenimiento nulo: fábrica de ladrillo en buen estado, piedra con junta firme, hormigón, monocapa en buenas condiciones.

Dónde no se deben poner:

  • Paredes que haya que pintar, enfoscar o encalar periódicamente. Para repintar hay que arrancar la planta entera, y arrancar hiedra de un paramento deja marcas que no se quitan.
  • Revocos degradados y morteros de cal viejos. Las raíces adventicias no perforan un mortero sano, pero se meten en cualquier junta ya abierta y la abren más.
  • Fachadas con aislamiento por el exterior. El acabado es fino y no está pensado para soportar ni el anclaje ni el peso de una trepadora.
  • Muros impermeabilizados. Las raicillas terminan comprometiendo la lámina.
  • Revestimientos metálicos. Se calientan tanto en verano que ninguna ventosa se adhiere.

En cualquiera de esos casos, la solución es un soporte independiente separado del muro, con la trepadora creciendo sobre él y no sobre la pared.

Hay un punto que se olvida siempre y que da más problemas que el muro: el tejado y los canalones. Una trepadora vigorosa que llega al alero se mete bajo las tejas y obstruye los canalones, y las humedades que provoca no las causa la planta trepando por la pared, sino el agua que ya no evacúa. Hay que podar cada año todo lo que se acerque al borde del tejado.

El soporte, cuando hace falta

Sirve un alambre de acero inoxidable tensado entre anclajes, un mallazo de obra (barato y muy resistente), una celosía de madera tratada o un panel de acero galvanizado.

Las reglas de instalación son tres. Separado de la pared entre cinco y diez centímetros, con tacos separadores, para que el tallo pueda rodear la estructura y para que circule el aire por detrás. Sin llegar al suelo, dejando un palmo libre, de modo que se pueda limpiar el hueco y que no se acumule hojarasca. Y anclado a la estructura, no al revestimiento, y dimensionado para lo que va a soportar: una glicinia adulta pesa cientos de kilos y arranca una celosía de madera fina sin esfuerzo.

Un sistema muy práctico en fachadas que hay que pintar es el panel abisagrado o desmontable: se sueltan los anclajes inferiores y se separa el conjunto con la planta encima, se pinta y se vuelve a colocar.

Dónde y cómo se planta

El pie de un muro es el peor sitio del jardín: la pared crea una sombra de lluvia, el suelo está compactado por la obra y suele haber restos de mortero y escombro. Por eso conviene plantar a 40 o 50 centímetros de separación, no pegado al zócalo, e inclinar la planta hacia la pared guiándola con una caña.

El hoyo se hace amplio, se retira el escombro, se mejora la tierra con compost y se acolcha después. Y hay que asumir que una trepadora contra un muro necesita riego en verano durante los primeros años, incluso especies rústicas: el pie de la pared se seca mucho antes que el resto del jardín.

Para muros al norte y en sombra

  • Hiedra (Hedera helix). La reina de las paredes al norte, perenne, autoadherente y capaz de tapar cualquier cosa. Las de hoja grande cubren antes pero se descontrolan; las de hoja pequeña tardan más, se pegan mejor al muro y son más fáciles de mantener. Necesita poda anual.
  • Hortensia trepadora (Hydrangea petiolaris). Caduca, de floración blanca en primavera y otoñada amarilla, autoadherente. Es magnífica en el norte peninsular, con suelo ácido y fresco, y no funciona en clima seco y calizo.
  • Parra virgen (Parthenocissus tricuspidata). Caduca, autoadherente, de crecimiento rápido y con una otoñada roja espectacular. Tolera sombra y sol.
  • Jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides). Perenne, moderado, muy perfumado en mayo y junio, y de los pocos que aguanta bien la media sombra. Necesita soporte porque es voluble. Deja de crecer cuando se queda sin por dónde subir, lo que lo hace muy manejable.

Para muros al sol

  • Rosal trepador (Rosa). Insuperable en flor, pero exige alambres y ataduras y una poda anual con criterio. Rosa banksiae es de las más agradecidas en clima mediterráneo: enorme, casi sin espinas, floración masiva en abril, y prácticamente sin enfermedades.
  • Buganvilla (Bougainvillea). Espectacular en la costa cálida, perenne, pero sensible a las heladas y necesitada de ataduras. Quiere sol pleno y poco riego una vez asentada.
  • Glicinia (Wisteria sinensis). La floración más impresionante que hay, y también la trepadora más peligrosa para una construcción. Voluble y extraordinariamente vigorosa: engorda con los años hasta romper canalones, bajantes y celosías. Solo sobre estructura metálica sólida, nunca sobre madera ligera, y con dos podas al año.
  • Madreselva (Lonicera). Voluble, vigorosa, perfumada y de cultivo fácil, en sol o media sombra.
  • Bignonias (Campsis, Podranea, Bignonia capreolata). Floraciones en trompeta de verano, muy resistentes al calor. Campsis radicans se adhiere con raíces adventicias y además rebrota de raíz a varios metros, así que conviene plantarla lejos de macizos delicados.
  • Jazmín (Jasminum officinale, Jasminum polyanthum). Volubles, de perfume intenso, para clima suave.

Una advertencia sobre el Ficus pumila, muy usado en el litoral mediterráneo para tapizar muros con una capa verde apretada: sus raíces adventicias son agresivas, se adhieren con tal fuerza que al retirarlo arranca el revoco, y con los años los tallos engordan y levantan el revestimiento. Es precioso mientras se mantiene, pero no es una decisión reversible.

Mantenimiento anual

Toda trepadora sobre un muro necesita una poda al año como mínimo, normalmente a finales del invierno, con tres objetivos: separarla de canalones, aleros, ventanas y carpinterías; aclarar el interior para que circule el aire y no se acumule humedad contra la pared; y retirar la madera seca.

En las autoadherentes, además, hay que revisar cada cierto tiempo el estado del paramento por detrás, sobre todo en juntas y encuentros. Y en las que van sobre estructura, comprobar los anclajes: fallan por el peso acumulado, no por el viento.

Dos precauciones

Hiedra. Sus frutos son tóxicos por ingestión y su savia puede provocar dermatitis de contacto en personas sensibles. Conviene podarla con guantes y manga larga, y tenerlo en cuenta si hay niños pequeños.

Glicinia. Las semillas y las vainas son tóxicas por ingestión. Como las vainas son grandes y llamativas, conviene retirarlas si hay niños o animales.

En ambos casos, ante una ingestión la consulta es del médico, o del veterinario si se trata de un animal.

En resumen

La elección empieza por el mecanismo de trepado y por el muro. Solo la hiedra, la hortensia trepadora, la parra virgen y el Ficus pumila suben solas, y únicamente deben hacerlo sobre paramentos sanos que no haya que pintar. Todas las demás, incluidas la buganvilla y los rosales trepadores, necesitan alambre, malla o celosía separada de cinco a diez centímetros de la pared y bien anclada.

Después, la exposición decide la especie: hiedra, hortensia trepadora, parra virgen y jazmín estrellado para el norte y la sombra; rosales, buganvilla, bignonias, madreselva y glicinia para el sol. Se planta a medio metro del muro, se riega los primeros veranos y se poda cada invierno sin dejar que llegue nunca al tejado, que es de donde salen los problemas de humedad que luego se le achacan a la planta.


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