La Thunbergia grandiflora es una trepadora leñosa de flores azul cielo de siete u ocho centímetros, que en clima suave cubre una pérgola entera en dos o tres temporadas y florece casi todo el año. Es la responsable de esas cascadas azules que se ven en Málaga, en la Costa Tropical, en el litoral de Murcia y Alicante y en Canarias.
Su límite es preciso y no admite discusión: no soporta las heladas. En cuanto la temperatura baja de cero, la parte aérea se daña, y con heladas repetidas la planta muere. Fuera de la franja libre de heladas, la opción es cultivarla en maceta y resguardarla, o tratarla como planta de una temporada.
Las flores de esta trepadora destacan por su tamaño y su delicada tonalidad azul o violeta pálidos. También existe una variedad blanca.
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Cómo es
Es originaria del norte de la India y de Indochina, y pertenece a las acantáceas. Se la conoce como trompeta azul o reloj azul.
Los tallos son volubles, es decir, se enroscan alrededor de lo que encuentran, y con los años se lignifican hasta formar troncos gruesos. En condiciones favorables sube de cuatro a diez metros. Las hojas son grandes, ásperas al tacto, acorazonadas o alargadas con el borde algo anguloso, y perennes en clima suave.
Las flores tienen forma de trompeta abierta en cinco lóbulos, de un azul violáceo pálido con la garganta amarilla clara, y se agrupan en racimos colgantes o salen solitarias. Existe una forma blanca, 'Alba'. La floración es prácticamente continua donde no hay parada invernal, y de junio a los primeros fríos en el resto.
Bajo tierra desarrolla un sistema de raíces engrosadas, tuberosas, que almacena reservas. Ese detalle explica dos cosas: que la planta rebrote desde la base tras una helada ligera si el suelo estaba acolchado, y que sea difícil de eliminar una vez instalada.
Dónde se puede cultivar en España
En pleno suelo y todo el año, en las zonas donde no hiela o donde las heladas son excepcionales y muy suaves: Canarias, la costa de Málaga y Granada, el litoral de Almería, Murcia y Alicante en situaciones abrigadas, y algunos puntos de la costa gaditana y de las Baleares.
En el resto del litoral mediterráneo, en zonas donde hiela algún año, puede sobrevivir si se la planta contra un muro orientado al sur, se le acolcha bien la base en noviembre con una capa gruesa de material orgánico y se acepta que algunos inviernos perderá toda la parte aérea y rebrotará desde el tocón en primavera. En ese régimen no llega nunca a hacer los diez metros, pero sí dos o tres cada temporada.
En el interior peninsular y en el norte, en maceta que se entra a un invernadero, una galería o un lugar luminoso a resguardo, o directamente como planta de temporada que se disfruta de junio a octubre.
El soporte: no se agarra sola
Es importante entenderlo antes de plantarla. La Thunbergia grandiflora no tiene zarcillos, ni ventosas, ni raíces adventicias: trepa enroscando el tallo. Eso significa que no se sujeta a una pared lisa por sí misma y que necesita algo delgado alrededor de lo cual girar.
Funcionan bien las pérgolas, los emparrados, las celosías, las mallas de alambre tensadas sobre una fachada separadas unos centímetros del muro, y los cables de acero. No funciona un muro liso ni una superficie gruesa que el tallo no pueda rodear.
Los primeros meses hay que guiarla a mano, atando los brotes en la dirección deseada, porque si se la deja a su aire hace una maraña en la base y tarda mucho en subir. Una vez encaminada, no necesita más ayuda.
Y hay que dimensionar la estructura: una planta adulta pesa mucho, sobre todo mojada, y una celosía de madera fina no aguanta lo que la Thunbergia le va a echar encima al cabo de unos años.
Exposición, suelo y riego
Quiere sol, pero no el sol de tarde del verano español en las zonas más calurosas. La situación ideal en el sur y en el sureste es sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o luz filtrada bajo la propia pérgola. A pleno sol y con aire seco, las hojas grandes se marchitan a diario y se queman por los bordes.
El suelo debe ser fértil, con materia orgánica, profundo y con buen drenaje. No es una planta de jardín seco: a diferencia de una buganvilla, la Thunbergia necesita riego regular en verano para mantener el follaje y la floración. El sustrato debe estar fresco, nunca encharcado.
Un abonado equilibrado en primavera y otro a mitad de verano mantienen la floración. Conviene no cargar de nitrógeno, que da mucha hoja y poca flor.
Poda
Florece sobre los brotes del año, así que la poda fuerte se hace a finales del invierno, antes de la brotación, y no compromete la floración.
En ejemplares establecidos, esa poda anual es necesaria para que no se convierta en una masa impenetrable: se aclaran los tallos viejos desde la base, se acortan los del año anterior y se retira la madera seca del interior. Durante la temporada se pueden recortar los brotes que se salgan de la estructura.
Donde se hiela y rebrota de raíz, la poda se resuelve sola: en febrero se corta al ras lo dañado y se espera.
En maceta y como anual
En contenedor funciona bien si se le da volumen suficiente, a partir de 40 o 50 litros, un sustrato con buena retención pero drenante, y riego frecuente en verano, que en maceta puede ser diario en pleno agosto. Se le pone un enrejado en el propio tiesto o se apoya en una estructura fija, y en otoño se entra a un lugar luminoso por encima de los 8 o 10 grados, reduciendo mucho el riego durante el invierno.
Como planta de temporada, plantada en mayo, alcanza dos metros o dos metros y medio en una sola campaña y florece desde junio hasta los primeros fríos. Es una forma perfectamente razonable de tenerla en Madrid, Valladolid o Zaragoza, asumiendo que no pasa el invierno.
Multiplicación
Lo más sencillo es el esqueje semileñoso en verano: un trozo de tallo de unos quince centímetros con dos o tres nudos, quitando las hojas inferiores y recortando a la mitad las superiores para reducir la transpiración, en sustrato ligero, con humedad ambiental alta y a la sombra.
También se puede acodar un tallo largo, enterrando un tramo en el suelo y sujetándolo con una piedra, y separarlo cuando haya emitido raíces. Y en plantas viejas se pueden dividir las raíces tuberosas al final del invierno.
Plagas
Es una planta sana. Los problemas que aparecen son los de casi cualquier trepadora en clima cálido y seco: araña roja, favorecida por el ambiente seco y el calor, que deja las hojas con un punteado claro y aspecto apagado; mosca blanca en el envés; y cochinillas en tallos y axilas. La ventilación, evitar el estrés hídrico y revisar el envés de las hojas de vez en cuando resuelven casi todo.
No confundirla con la Thunbergia alata
Se venden con el mismo nombre de género y no tienen nada que ver en el uso. La Thunbergia alata, el ojo de poeta o Susana de ojos negros, es una trepadora pequeña, de tallo fino, que se cultiva como anual, con flores de dos o tres centímetros, naranjas, amarillas o crema, con el centro negro. Sube uno o dos metros, sirve para una barandilla, una maceta colgante o una celosía pequeña, y se siembra cada año.
La grandiflora es otra cosa: una planta leñosa, permanente y de gran volumen, que exige una estructura sólida y espacio. Confundirlas al comprar es un error habitual y caro en trabajo.
Una precaución sobre su vigor
Donde el clima le permite crecer sin parada invernal, la Thunbergia grandiflora es una planta muy vigorosa. Sus raíces tuberosas rebrotan con fuerza de cualquier fragmento que quede en el suelo, los tallos que tocan tierra pueden enraizar y, en zonas tropicales y subtropicales de otros continentes, se ha convertido en una invasora seria que ahoga la vegetación de las riberas.
En la costa cálida española conviene, por tanto, plantarla donde se pueda controlar, no dejar que suba a árboles ni que trepe fuera del jardín, y no tirar los restos de poda ni fragmentos de raíz al campo o al monte, sino gestionarlos como residuo vegetal.
En resumen
La Thunbergia grandiflora es la trepadora azul de la España cálida: flores grandes casi todo el año, crecimiento rápido y capacidad de cubrir una pérgola en pocas temporadas. Necesita ausencia de heladas, una estructura sólida alrededor de la cual enroscarse, suelo fértil y riego regular en verano, con sombra en las horas centrales en las zonas más calurosas.
Se poda a finales del invierno, se multiplica por esqueje sin dificultad y en zonas frías se cultiva en maceta a resguardo o como planta de una sola temporada. Donde crece sin invierno hay que tener presente su vigor y no dejar que se escape del jardín.