La idea de que cualquier suculenta aguanta sola un agosto español es medio cierta, y la mitad falsa cuesta muchas plantas cada verano. Hay suculentas que en julio están en plena actividad y agradecen el sol y un riego semanal, y hay otras que en julio están dormidas, cierran las rosetas, sueltan hojas y se pudren si se les riega. Meterlas todas en la misma terraza y tratarlas igual es la receta para volver de vacaciones con la mitad perdida.

La segunda mitad del asunto es el sol. Muchas de las suculentas más vendidas, las echeverias y las haworthias sobre todo, se venden con la etiqueta de pleno sol y en un balcón orientado al sur en Sevilla, Zaragoza o Murcia se queman en una semana. Aquí va cómo separar unas de otras y qué hacer con las macetas antes de irse quince días.

En este porche, los tiestos individuales de terracota sobre patas armonizan una colección de ágaves y crásulas, con las matas colgantes de Crassula rupestris en primer plano.

No todas las suculentas crecen en verano

Las suculentas se reparten en dos grupos según cuándo están activas, y eso depende de su clima de origen.

Las de crecimiento estival vienen de zonas donde llueve en verano. Son los ágaves, las crásulas, los sedums, la mayoría de los aloes, las echeverias, los kalanchoes y las euforbias suculentas. En verano crecen, y por eso quieren luz y un riego a fondo cada cierto tiempo. En invierno se paran y se mantienen casi secas.

Las de crecimiento invernal vienen de zonas de lluvia de invierno, es decir, de clima mediterráneo como el nuestro. Son los Aeonium canarios, muchos Senecio y Curio, las Dudleya, y de forma extrema los Lithops y Conophytum. Estas plantas crecen de octubre a mayo y en verano entran en reposo.

Esta distinción cambia por completo el manejo de agosto. Un aeonio en verano cierra las rosetas hasta parecer una piña, tira las hojas de abajo y deja los tallos desnudos. Eso no es que se esté muriendo: es lo que hace todos los años. Si se le riega abundantemente para "salvarlo", se pudre por el cuello. Lo que necesita es sombra, algo de ventilación y muy poca agua, y en septiembre rebrota solo.

Con los Lithops el asunto es más terminante: en pleno verano no se riegan en absoluto.

Las que de verdad aguantan sol pleno y sequía

Si el objetivo es una maceta que sobreviva a un balcón al sur y a tres semanas sin nadie, la lista real es más corta de lo que parece:

  • Ágaves (Agave attenuata, A. victoriae-reginae, A. filifera, A. parryi). Son los más duros del grupo. Agave attenuata es la excepción: agradece algo de sombra en el interior peninsular y no aguanta bien las heladas.
  • Sedums de roca (Sedum acre, Sedum album, Sedum rupestre). Prácticamente indestructibles, tapizantes, resisten frío y calor.
  • Delosperma, con flores muy vistosas, resistente y de crecimiento rápido.
  • Portulacaria afra, el arbolillo de hojas redondas y pequeñas, que tolera sol, calor y podas.
  • Crassula ovata, el árbol de jade, aunque en el interior con sol de tarde las hojas se enrojecen y pueden quemarse: mejor sol de mañana.
  • Aloe arborescens y Aloe ferox, más resistentes al sol pleno que el Aloe vera.
  • Sempervivum en el interior y en el norte, donde el verano no es tórrido. En el sur y en la costa cálida lo pasan mal, porque su problema es el calor húmedo nocturno más que la sequía.

Las que necesitan sombra en agosto

Estas se venden como plantas de sol y no lo son, o no lo son aquí:

  • Haworthias. Crecen bajo arbustos y entre rocas. Necesitan luz abundante pero sin sol directo. A pleno sol se ponen rojizas, se marcan de manchas pardas y se paran.
  • Echeverias. El sol suave las compacta y las colorea, pero el de mediodía de un verano peninsular les quema el centro de la roseta. Sol de mañana y sombra a partir de las doce.
  • Aeonios. Canarios, de clima suave y húmedo: en el interior de la península necesitan sombra en verano sin discusión.
  • Kalanchoe blossfeldiana, el de las flores de colores, que es planta de interior o de exterior a media sombra, nunca a pleno sol.
  • Aloe vera, que se broncea y se estropea con exceso de sol directo.

Antes de irte de vacaciones

Un ágave grande en el suelo del jardín no necesita nada. Una colección de macetas pequeñas en un balcón al sur sí, porque el volumen de sustrato es mínimo y con cuarenta grados se seca en dos días. Lo que funciona:

Agrupar las macetas en un rincón con luz pero sin sol directo. Juntas se dan sombra unas a otras y crean un microclima algo más húmedo. Una esquina bajo el toldo o pegadas a la pared que da al norte son buenos sitios.

Regar a fondo el día antes de salir, empapando el cepellón hasta que salga agua por abajo, y dejar que escurra por completo. Nada de dejar los platos llenos de agua: eso no las salva, las pudre.

Poner acolchado de gravilla en la superficie de las macetas, que reduce bastante la evaporación y además mantiene las hojas bajas separadas del sustrato mojado.

Con eso, tres semanas de agosto no son ningún problema para una suculenta sana. Lo que no sobrevive es la combinación de maceta pequeña, sol pleno y ausencia larga.

Maceta, sustrato y drenaje

La terracota sin esmaltar es la mejor opción porque respira y seca el cepellón desde los lados, lo que compensa el error más común, que es regar de más. Su inconveniente es justamente ese en verano, así que en zonas muy cálidas conviene un tamaño algo mayor o, si se prefiere el plástico, espaciar más los riegos.

El sustrato debe ser pobre y poroso. Sustrato de cactus mezclado con un tercio de árido (pómice, arlita fina, gravilla silícea) funciona bien. La arena fina de albañilería no: compacta y empeora el drenaje en lugar de mejorarlo.

El agujero de drenaje no es negociable, y una capa de puzolana o grava en el fondo ayuda. Al plantar, se rellena con sustrato y se asienta con los dedos sin apisonar de más, y se espera unos días antes del primer riego si se han manipulado las raíces.

Con los ágaves, guantes gruesos: sus espinas terminales causan heridas profundas y la savia irrita la piel. Con las crásulas, todo lo contrario, mucho cuidado al desenmacetar porque las hojas se desprenden con solo rozarlas.

Riego real: cuánto y cuándo

La regla general para las suculentas de crecimiento estival, de mayo a septiembre: regar a fondo solo cuando el sustrato esté completamente seco en profundidad, no cuando lo esté la superficie. En maceta pequeña de terracota a pleno sol eso puede significar cada cinco o siete días; en maceta grande o en sombra, cada dos o tres semanas.

Regar a última hora de la tarde o a primera de la mañana, nunca en las horas centrales. Y de octubre a marzo, riego muy escaso o nulo, según la especie y la temperatura.

Abonar no es imprescindible. Un fertilizante para cactus y suculentas, bajo en nitrógeno, un par de veces durante la temporada de crecimiento, es suficiente y da plantas más compactas que un abono corriente.

Cuidado con estas

Kalanchoes. El género contiene glucósidos cardíacos y es tóxico por ingestión para perros y gatos. Si hay animales que muerden plantas, es de las primeras que conviene poner fuera de alcance. Ante una ingestión, veterinario.

Euforbias suculentas. Al cortarlas o romperlas sueltan un látex blanco irritante para la piel y especialmente peligroso en los ojos. Guantes al podar, y lavarse antes de tocarse la cara.

Crassula ovata. Es tóxica por ingestión para perros y gatos, aunque en general con síntomas leves.

Uña de gato (Carpobrotus edulis). Esta crasa tapizante de flores llamativas, tan vista en el litoral, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013). Eso significa que su posesión, transporte, comercio y plantación están prohibidos. Es una de las plantas que más daño ha hecho a la flora dunar y de acantilado del Mediterráneo y del Cantábrico, porque forma tapices densos que no dejan crecer nada debajo. No se planta, y si se tiene, no se propaga ni se tiran los restos al campo.

Pita (Agave americana) y chumberas (Opuntia). Se comportan como invasoras en el litoral mediterráneo, en el sureste árido y en los archipiélagos, donde colonizan laderas y desplazan a la vegetación autóctona. Su cultivo está regulado y las condiciones varían entre comunidades autónomas, así que conviene comprobar la normativa vigente en tu zona antes de plantarlas.

Kalanchoe daigremontiana y sus parientes, los que producen plantitas en el borde de las hojas. Cada hojita que cae al suelo enraíza, y en clima suave se escapan del jardín con enorme facilidad. Si se cultivan, mejor en maceta y sin tirar restos fuera.

En resumen

Antes de decidir dónde va cada maceta conviene saber si la planta crece en verano o en invierno. Ágaves, sedums, crásulas, portulacarias y aloes arbustivos están activos en julio y aguantan sol y sequía; aeonios, haworthias, echeverias y litops están dormidos o necesitan sombra, y regarlos en agosto los mata. Un aeonio que cierra las rosetas y suelta hojas en verano está haciendo lo normal.

Para irse quince días basta con agrupar las macetas en sombra luminosa, regar a fondo la víspera, poner gravilla en la superficie y no dejar agua en los platos. Y al elegir plantas nuevas, tener presentes las que son tóxicas para las mascotas y las que no deben salir de la maceta por su comportamiento invasor, empezando por la uña de gato, que directamente no se planta.


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