La skimmia se compra en diciembre por sus ramilletes de botones rojos, que parecen bayas y no lo son: son flores cerradas que aguantan así desde noviembre hasta que abren en marzo, blancas o rosadas y con olor a azahar. Ese es su gran mérito y la razón de que se venda como planta navideña, porque casi ninguna otra planta de exterior mantiene color durante cuatro meses de invierno sin hacer nada.
Lo que casi nunca se explica en el punto de venta son las dos cosas que deciden si la planta sobrevive al año siguiente: que es acidófila estricta, y por tanto no soporta el agua caliza de la mayor parte de España, y que es dioica, de modo que la mayoría de las que se venden con botones rojos nunca darán bayas por mucho que se espere.
La forma redondeada y compacta de las matas de la skimmia la convierten en una planta perfecta para cultivar en tiestos. La variedad de colores contrasta con el verde oscuro del follaje.
Qué es la skimmia
La Skimmia japonica es un arbusto perenne de la familia de las rutáceas, la misma de los cítricos. El parentesco se nota: si se estruja una hoja desprende un aroma resinoso y cítrico inconfundible. Es originaria de los sotobosques de Japón y China, donde crece a media sombra bajo árboles, en suelo forestal ácido y siempre fresco. Todo lo que necesita saberse sobre su cultivo se deduce de ese origen.
Forma matas redondeadas y compactas de crecimiento lento, que en un jardín tardan años en llegar al metro o metro y medio. Las hojas son coriáceas, ovales, de verde oscuro satinado, y a menudo con el margen teñido de rojo en invierno. Existen cultivares enanos que no pasan de medio metro, pensados para maceta.
Por qué tu skimmia no da bayas
Aquí está la confusión más extendida. La Skimmia japonica tiene pies masculinos y pies femeninos en plantas separadas. Solo los femeninos producen las bayas rojas, y únicamente si hay un ejemplar masculino cerca que los polinice en primavera.
El cultivar más vendido con diferencia, 'Rubella', con esos ramilletes de botones rojo intenso que llenan los expositores en Navidad, es masculino. Nunca dará una sola baya. No está enfermo ni le falta abono: no puede. Lo mismo ocurre con otros cultivares de botón muy vistoso seleccionados precisamente por eso, ya que las inflorescencias masculinas son más grandes y más coloreadas.
Si lo que se busca son bayas hay dos caminos. Uno es comprar un cultivar femenino ('Nymans' y 'Veitchii' dan bayas rojas, 'Fructu Albo' las da blancas) y tener un macho a unos metros; con un solo macho se polinizan varias hembras. El otro, más cómodo, es recurrir a la Skimmia japonica subsp. reevesiana, que es hermafrodita y fructifica sola, sin necesidad de pareja. Es de porte algo menor y de hoja más estrecha, y sus bayas son de un rojo oscuro que persiste mucho tiempo.
El agua y el sustrato: el punto crítico en España
La skimmia es acidófila, del mismo grupo que las azaleas, los rododendros, las camelias y los arándanos. Necesita un pH ácido, en torno a 5 o 5,5, y en cuanto sube de ahí deja de absorber hierro. El síntoma es inconfundible: las hojas nuevas amarillean entre los nervios, que se quedan de un verde marcado, y con el tiempo la planta se para y se defolia. Es clorosis férrica.
En la mayor parte del este, el centro y el sur peninsular el problema no es solo el suelo, que es calizo, sino el agua del grifo, cargada de bicarbonatos. Regar durante meses una skimmia con agua dura sube el pH del sustrato aunque se haya plantado en tierra de brezo, y la clorosis aparece igual.
Las soluciones que funcionan de verdad son tres, y conviene aplicarlas juntas. Cultivarla en maceta con sustrato para plantas acidófilas, no en el suelo del jardín, salvo en zonas de suelo ácido como Galicia, la cornisa cantábrica o buena parte del oeste peninsular. Regar con agua de lluvia siempre que se pueda, recogida en un bidón, o con agua del grifo acidificada. Y aportar quelato de hierro una o dos veces al año, en primavera, en cuanto se vea el primer amarilleo.
El sustrato, además de ácido, debe drenar. La skimmia no tolera el encharcamiento en la raíz: pide humedad constante y aire al mismo tiempo, que es lo que le da el mantillo del bosque. Una mezcla de sustrato de acidófilas con un tercio de material drenante y una capa de grava en el fondo de la maceta resuelve el asunto.
Dónde colocarla
Media sombra o sombra luminosa. A pleno sol, especialmente en verano peninsular, las hojas se decoloran, toman un tono amarillento apagado y los bordes se queman. Debajo de un árbol de hoja caduca, en el lado norte de la casa o en un patio interior está en su sitio.
El frío no es su problema: aguanta bien las heladas moderadas y en la mayor parte de España pasa el invierno fuera sin protección. Lo que no lleva bien es el viento seco y frío, que deseca el follaje, ni el calor seco prolongado.
Se vende también como planta de interior en Navidad, y es un mal negocio. Dentro de casa, con la calefacción, el aire seco y poca luz, aguanta unas semanas y luego pierde hoja. Si se tiene dentro por las fiestas, conviene ponerla en la habitación más fresca y luminosa, lejos de radiadores, y sacarla al exterior en enero.
Riego, abonado y poda
El sustrato debe permanecer ligeramente húmedo todo el año, sin llegar nunca a secarse del todo ni a quedar empapado. En maceta, en pleno verano mediterráneo, eso puede significar riego diario. Un buen acolchado con corteza de pino sobre la superficie ayuda mucho a mantener la humedad y, además, acidifica ligeramente.
El abonado es sencillo: un fertilizante para plantas acidófilas en primavera, en la dosis que indique el envase. Nada de abonos genéricos ricos en calcio, que agravan la clorosis. En otoño e invierno no se abona.
La poda, sencillamente, no se hace. Es una planta de crecimiento lento y porte naturalmente redondeado que no la necesita, y además los botones florales se forman a finales de verano, de modo que cualquier recorte a destiempo se lleva la floración y las bayas del año siguiente. Si hay que quitar una rama seca o corregir la forma, el momento es justo después de la floración de primavera, en abril o mayo.
Problemas frecuentes
- Hojas amarillas con nervios verdes: clorosis férrica por agua o sustrato calizos. Quelato de hierro y cambio de agua de riego.
- Hojas decoloradas y bordes tostados: exceso de sol o de viento seco. Cambiar de sitio.
- Hojas moteadas de puntitos claros y aspecto polvoriento por el envés: araña roja, muy habitual en ambiente cálido y seco. Aumentar la humedad ambiental y revisar la ubicación.
- Hojas caídas y sustrato empapado: asfixia radicular. Comprobar el drenaje y espaciar el riego.
- Ninguna baya en un ejemplar sano: es un pie masculino, o falta el polinizador.
Advertencia: los frutos no se comen
Las bayas de la skimmia son tóxicas por ingestión y no deben consumirse en ninguna circunstancia. El propio nombre japonés del que deriva el del género alude a frutos venenosos. Como son rojas, brillantes y del tamaño justo para llamar la atención de un niño pequeño, conviene tenerlo presente al decidir dónde se coloca la maceta. Si se produce una ingestión, la consulta es del médico, y del veterinario si el afectado es un animal.
En resumen
La skimmia es uno de los pocos arbustos que dan color de noviembre a marzo sin flor abierta, y en un patio o una terraza a media sombra funciona muy bien durante años. Su exigencia real es una sola: pH ácido mantenido, lo que en la mitad este y sur de España significa cultivarla en maceta con sustrato de acidófilas y regarla con agua de lluvia o acidificada, más un quelato de hierro en primavera.
Y si lo que se quiere son bayas rojas, hay que elegir bien en el momento de comprar. 'Rubella', que es la que más se ve en diciembre, es un pie masculino y nunca fructificará. Un cultivar femenino con su macho al lado, o directamente la subespecie reevesiana, que se apaña sola, son las opciones que dan fruto. Los frutos, eso sí, son decorativos y tóxicos, nunca comestibles.