Sembrar flores anuales directamente en el suelo, sin semillero ni trasplante, es la forma más barata de llenar de color un jardín o una jardinera. Un sobre de semillas cuesta poco y da para varios metros cuadrados. El problema es que en España casi todo el mundo lo hace en el momento equivocado, siguiendo calendarios pensados para climas del centro y el norte de Europa, y luego no entiende por qué las plantas nacen bien y se secan en junio.

La clave es esta: en la mayor parte del país, buena parte de las anuales llamadas "de primavera" se siembran mejor en otoño. Aquí el enemigo no es el frío del invierno, que es suave, sino el calor y la sequía de julio. Una planta sembrada en octubre pasa el invierno haciendo raíz y llega a la floración de abril con un sistema radicular profundo; la misma planta sembrada en abril florece en junio y muere agotada tres semanas después.

Todas las plantas de flor que ves en la foto se siembran en primavera y florecen en verano: girasol (Helianthus annuus), arañuelas (Nigella damascena), amapola de California (Eschscholzia californica)... Foto: iStock

Otoño o primavera: cómo decidirlo

Las anuales se reparten en dos grupos según lo que aguanten de frío.

Las anuales rústicas germinan con temperaturas frescas y sus plántulas soportan heladas ligeras. Son la amapola (Papaver rhoeas), la arañuela (Nigella damascena), el aciano (Centaurea cyanus), la caléndula (Calendula officinalis), la espuela de caballero (Consolida ajacis), la amapola de California (Eschscholzia californica), la clarkia (Clarkia unguiculata) y el guisante de olor (Lathyrus odoratus). En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Levante y en general donde el invierno no baja habitualmente de unos pocos grados bajo cero, estas se siembran de octubre a noviembre y florecen de marzo a mayo. En el interior con heladas fuertes o en la montaña, se dejan para febrero o marzo.

Las anuales sensibles al frío necesitan que el suelo esté templado para germinar y mueren con la primera helada. Son el girasol (Helianthus annuus), los cosmos (Cosmos bipinnatus y Cosmos sulphureus), la zinnia (Zinnia elegans), el tagete (Tagetes patula) y la ipomea (Ipomoea tricolor). Estas van siempre en primavera, cuando el suelo se ha calentado: de marzo a abril en el sur y la costa, de abril a mayo en el interior, esperando a que hayan pasado las heladas tardías. En zonas frías de montaña, no antes de mediados de mayo.

La referencia más fiable no es la fecha del calendario sino la temperatura del suelo. Si la tierra sigue fría al tacto a diez centímetros de profundidad, la semilla de una especie sensible no germina, se queda esperando y muchas se pudren.

Preparar la tierra

Las anuales de siembra directa no piden un suelo rico, y varias de ellas (amapola de California, clarkia, aciano) dan mejores resultados en tierra pobre: con exceso de nitrógeno hacen mucha hoja, se espigan y se tumban con la primera tormenta. Lo que sí exigen es un suelo mullido, sin terrones, con la superficie fina.

El trabajo consiste en tres pasos. Descompactar los primeros veinte centímetros con una laya o una horca de doble mango, sin voltear la tierra. Retirar las hierbas adventicias con su raíz, porque compiten mucho más rápido que las plántulas de flor. Y refinar la superficie con un rastrillo hasta dejar una capa de textura de migas de pan.

El abonado de fondo con compost maduro o humus de lombriz tiene sentido si el suelo está agotado, incorporándolo bien mezclado con los primeros centímetros. En suelos ya fértiles, mejor prescindir de él.

Las tres formas de sembrar

A voleo. Se esparcen las semillas lo más uniformemente posible por la superficie. Es lo apropiado para semilla fina y para el efecto de pradera florida. Para no cargar la mano, se mezcla la semilla con cuatro o cinco veces su volumen de arena seca: además reparte mejor y se ve dónde se ha sembrado.

A chorrillo. Se abre un surco poco profundo con el canto de un rastrillo y se deja caer la semilla a lo largo. Es lo que conviene en jardineras y bancales, porque luego se distingue a simple vista lo sembrado de la hierba que nace sola.

Por golpes. Para semilla grande (girasol, guisante de olor, ipomea): tres o cuatro semillas juntas en cada hoyo, a la distancia definitiva entre plantas, y después se deja solo la más vigorosa.

La profundidad de siembra es siempre la misma regla: se cubre con una capa de tierra de unas dos o tres veces el grosor de la semilla. Con las semillas muy finas eso significa prácticamente nada, apenas un tamizado por encima o ni siquiera eso. Enterrar demasiado es el fallo más común y el que más siembras arruina.

Después de sembrar hay que afirmar: pasar la palma de la mano, el dorso del rastrillo o una tabla para que la semilla quede en contacto con la tierra. Sin ese contacto no absorbe agua y no germina.

Riego y primeras semanas

El primer riego se hace con lluvia fina, regadera con roseta o pistola en modo pulverización, nunca con chorro: el agua a presión arrastra la semilla y la concentra en los bordes.

A partir de ahí, y hasta que las plántulas tengan tres o cuatro hojas verdaderas, la superficie no se puede secar. Esto significa regar poco pero a diario si hace calor y viento, que es exactamente lo contrario de lo que se hace con una planta adulta. Una siembra que germina y se seca a los tres días por un fin de semana sin riego está perdida entera. Cuando las plantas ya están instaladas, se espacian los riegos y se aumenta la cantidad para que la raíz baje.

Aclarar, el paso que casi nadie hace

Siempre nace más de lo que cabe. Cuando las plántulas tienen dos o tres pares de hojas hay que arrancar las sobrantes hasta dejar la distancia adecuada: unos 20 centímetros para las especies pequeñas como la arañuela o el aciano, y 30 o 40 para las grandes como el girasol, el cosmos o la lavatera.

Cuesta hacerlo porque da pena tirar plantas sanas, pero sin aclareo salen todas raquíticas, se estiran buscando la luz, se tumban y florecen poco. Una lavatera con espacio hace una mata ramificada llena de flores; diez lavateras apretadas hacen diez varas endebles.

Especies fiables para siembra directa

EspecieAlturaSiembraFloración
Lavatera trimestris (malva real anual)60-120 cmOtoño o marzo-abrilJunio-septiembre
Helianthus annuus (girasol)60 cm a más de 2 mAbril-junioJulio-octubre
Clarkia unguiculata50-100 cmOtoño o marzo-abrilMayo-julio
Cosmos bipinnatus y C. sulphureus50-150 cmAbril-junioJunio-noviembre
Consolida ajacis (espuela de caballero)40-120 cmOtoño o marzoMayo-julio
Nigella damascena (arañuela)30-50 cmOtoño o febrero-marzoAbril-julio
Eschscholzia californica25-40 cmOtoño o febrero-marzoMarzo-junio
Calendula officinalis30-60 cmOtoño o febrero-marzoTodo el invierno suave y primavera
Centaurea cyanus (aciano)40-80 cmOtoño o febrero-marzoAbril-junio

Las fechas de floración se adelantan en el sur y en la costa y se retrasan en el interior y en el norte. Los cosmos y los girasoles son los que mejor aguantan un verano peninsular; las especies de siembra otoñal se van agotando a medida que aprieta el calor y hacia finales de junio conviene arrancarlas.

Una advertencia sobre la espuela de caballero

La espuela de caballero (Consolida ajacis, antes clasificada como Delphinium ajacis) es tóxica por ingestión en todas sus partes, y de forma especialmente concentrada en la semilla. Es una planta preciosa y merece la pena tenerla, pero conviene saberlo si se va a sembrar con niños pequeños o si hay animales que pastan cerca, y guardar los sobres de semilla fuera de su alcance. Ante una ingestión, la consulta es del médico o del veterinario, no del jardinero.

Resiembra: la ventaja de las anuales

Casi todas estas especies producen semilla en cantidad y vuelven solas al año siguiente si se las deja. La arañuela, la amapola de California, el aciano, la caléndula y el cosmos se resiembran con mucha facilidad, y a los dos o tres años se instalan en el jardín con un aire natural que ninguna plantación consigue.

Si no interesa que se extiendan, basta con cortar las flores marchitas antes de que se formen las cápsulas. En el caso de la arañuela, esas cápsulas son tan decorativas que muchos jardineros las dejan y luego las usan secas. Y si se quiere guardar semilla, se recoge en día seco, cuando la cápsula ha pardeado pero antes de que se abra sola, y se conserva en sobre de papel en sitio fresco y oscuro.

En resumen

La siembra directa de anuales funciona muy bien en España si se ajusta el calendario al clima real: otoño para las rústicas en la mitad sur y la costa, primavera para las sensibles al frío y para todas en el interior con heladas. Suelo mullido y más bien pobre, semilla apenas cubierta, tierra afirmada y superficie húmeda hasta que las plántulas se instalen.

Los dos errores que arruinan la mayoría de las siembras son enterrar demasiado la semilla y no aclarar después. Corregidos esos dos, un sobre de arañuela o de amapola de California da más flor por metro cuadrado que cualquier planta comprada en maceta, y con la resiembra vuelve sola todos los años.


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