Antes de plantar un bambú en el jardín conviene saber una cosa que decide todo lo demás: hay bambúes que se quedan donde los pones y bambúes que se van. La diferencia no está en la especie que más te guste ni en el tamaño, sino en la forma del rizoma. Si eliges mal, en tres o cuatro años tendrás cañas saliendo entre las juntas del pavimento, en el césped del vecino y dentro de un macizo de rosales.
Con esa decisión tomada, el bambú es una de las plantas más agradecidas que se pueden poner en un jardín español: crece rápido, tapa lo que haga falta, aguanta el frío mucho mejor de lo que sugiere su aire tropical y da movimiento y sonido, algo que casi ninguna otra planta ornamental aporta. Aquí va lo que necesitas para plantarlo y mantenerlo bajo control.
Las flores de los macizos destacan contra el fondo de cañas de bambú dorado (Phyllostachys aurea) en un jardín diseñado por la paisajista británica Arabella Lennox-Boyd (derecha) en el Chelsea Flower Show de 2008.
Rizoma corredor o rizoma cespitoso
Los bambúes son gramíneas (subfamilia Bambusoideae, dentro de las poáceas), parientes lejanos del césped y de los cereales, y como ellos se extienden por rizomas subterráneos. Esos rizomas se comportan de dos maneras muy distintas.
El rizoma leptomorfo, o corredor, es delgado, largo y viaja horizontalmente varios metros por debajo de la superficie antes de emitir una caña. Es el de los Phyllostachys, los Pleioblastus, los Pseudosasa y los Sasa, es decir, casi todos los bambúes clásicos de jardín europeo. Son los que colonizan.
El rizoma paquimorfo, o cespitoso, es corto y grueso, y la caña nueva sale muy cerca de la madre. La mata se ensancha unos pocos centímetros al año y forma un penacho compacto y previsible. Es el de Fargesia y el de Bambusa. Si el bambú va a estar cerca de un muro medianero, de una piscina o de una red de saneamiento, este es el grupo por el que empezar a mirar.
La distinción tiene consecuencias climáticas. Las Fargesia vienen de montañas frescas y húmedas del oeste de China: aguantan muy bien el frío pero sufren con el calor seco y con el sol de tarde, así que en el interior peninsular y en el sur necesitan sombra y riego constante. Las Bambusa son de clima cálido y funcionan bien en el litoral mediterráneo y en Canarias, pero no toleran heladas fuertes. Los Phyllostachys, los invasores, son precisamente los más adaptables a nuestro clima, y de ahí el problema.
Suelo, exposición y clima peninsular
El bambú quiere un suelo profundo, suelto, fértil y con humedad constante, pero que drene: no aguanta el encharcamiento prolongado. Prefiere el pH ácido o neutro. En los suelos calizos del este y del sur peninsular, muy frecuentes en Levante, Aragón, Castilla y buena parte de Andalucía, es habitual que aparezca clorosis férrica: las hojas nuevas amarillean entre los nervios, que siguen verdes. No es sed ni falta de abono, es hierro que la planta no puede absorber por el pH alto del suelo. Se corrige con quelatos de hierro y se previene mejorando el suelo con materia orgánica y manteniendo un acolchado permanente al pie.
En cuanto a exposición, la mayoría admite sol y media sombra. En el norte y en la cornisa cantábrica, sol pleno sin problema. En el interior y en el sur, un bambú a pleno sol en agosto se defiende enrollando las hojas por la mitad, que es su forma de reducir la transpiración: si eso ocurre todas las tardes de julio, la planta está mal colocada. La media sombra de un muro orientado al este o la sombra ligera de un árbol caducifolio le van mucho mejor.
El viento seco es lo que peor lleva. No lo tumba (las cañas son extraordinariamente flexibles), pero deseca el follaje y deja las puntas de las hojas pardas y quebradizas. Un bambú expuesto al cierzo o al poniente pierde buena parte de su gracia.
Riego: mucho y espaciado
El bambú es una planta ávida de agua, sobre todo mientras está echando cañas nuevas. La regla práctica es riegos abundantes y espaciados en lugar de riegos cortos y diarios: el agua tiene que llegar en profundidad para que las raíces bajen a buscarla. Los riegos superficiales frecuentes producen un enraizamiento somero y una planta que se muere en cuanto falla el programador.
Los momentos críticos son los dos primeros años tras la plantación y el periodo de brotación, que en la península suele ir de abril a julio según especie y altitud. En esas semanas la mata emite todas sus cañas del año y no admite sequía: una caña que se seca a medio crecer ya no se recupera, se queda así.
En maceta el problema se invierte. El bambú en contenedor no perdona un olvido, ni siquiera en invierno, porque el cepellón se llena de raíces y se seca en cuestión de días. Necesita un tiesto grande y hondo (a partir de 45 o 50 centímetros de profundidad), con agujeros de drenaje amplios, y un plato o una reserva de agua no es mala idea en verano.
Cuándo y cómo plantar
Las mejores épocas son el otoño, que en la mayor parte de España es la temporada de plantación por excelencia, y el final del invierno o principio de la primavera en las zonas con heladas fuertes. Se evita el verano.
El hoyo debe ser bastante más ancho y profundo que el cepellón, con el fondo descompactado. Conviene mezclar la tierra extraída con compost bien hecho y plantar dejando el cuello del cepellón a ras de suelo, nunca enterrado. Después, un riego copioso para asentar la tierra y un acolchado de unos cinco centímetros de material orgánico alrededor, sin que toque las cañas.
Los ejemplares altos recién plantados se tutoran o se atirantan hasta que arraiguen, porque el sistema radicular todavía no sujeta la mata y el viento la mueve entera, rompiendo las raíces nuevas.
Abonado y poda
Al ser una gramínea, responde muy bien al nitrógeno. Un abono rico en nitrógeno al arrancar la primavera y un abono equilibrado durante el verano cubren sus necesidades. A partir de final de agosto conviene parar: abonar en otoño estimula brotes tiernos que llegan sin madurar a las primeras heladas.
La poda es sencilla y se hace en invierno. Consiste en cortar a ras de suelo las cañas rotas, secas, torcidas o demasiado finas, y en aclarar las más viejas cuando la mata está tan densa que ya no se ven las cañas. Ahí está justamente la gracia de un bambú bien mantenido: si quieres que luzcan los tallos, se cortan las ramillas laterales de la parte baja, lo más pegadas al nudo posible, hasta la altura que te interese.
Una caña de bambú no engorda nunca. Sale del suelo con el grosor definitivo, crece en altura durante unas pocas semanas y ya no cambia más. Por eso, si quieres cañas gruesas, la única vía es una mata bien alimentada y bien regada, y paciencia: los primeros años las cañas son finas y cada temporada salen algo más gordas.
Las hojas caídas al pie no se retiran. Devuelven al suelo la sílice y el potasio que la planta necesita y mantienen el rizoma fresco y protegido del frío.
Cómo contener un bambú corredor
Si vas a plantar un Phyllostachys o cualquier otro bambú de rizoma corredor en pleno suelo, la barrera se instala en el momento de plantar. Después es mucho más difícil y bastante más caro.
Lo que funciona es una lámina rígida de polietileno de alta densidad (HDPE), de unos 2 milímetros de grosor, enterrada verticalmente rodeando por completo la zona que le asignas. Debe llegar a unos 60 o 70 centímetros de profundidad y, muy importante, sobresalir dos o tres centímetros por encima del suelo: los rizomas que llegan al borde trepan y se hacen visibles, y entonces se cortan con una tijera de podar. Una barrera enterrada del todo no sirve de nada porque no te enteras de que la ha superado. La lámina se coloca ligeramente inclinada hacia fuera por arriba, para que el rizoma sea desviado hacia la superficie en vez de hacia abajo, y el solape entre extremos se sella o se atornilla con una brida metálica.
Una malla antihierbas, un plástico de obra o un bordillo de jardín no contienen un rizoma de bambú. Lo atraviesan o lo rodean. Y el hormigón viejo con juntas tampoco es garantía.
La alternativa sin obra es cultivarlo en contenedor grande, o directamente elegir una especie cespitosa. En un contenedor, eso sí, el bambú no convive con otras plantas: acaba con ellas.
Cómo eliminar un bambú instalado
Es trabajoso pero no imposible, y no hace falta cavar toda la parcela. El método es agotar las reservas del rizoma. Se cortan todas las cañas a ras de suelo y, a partir de ahí, cada brote nuevo que asome se siega o se corta en cuanto aparece, sin dejar que despliegue una sola hoja. Sin hojas no hay fotosíntesis, y el rizoma va consumiendo lo almacenado hasta morir. Con constancia, en dos o tres temporadas la mata se rinde. Si se falla un mes y se dejan crecer los brotes, se vuelve a empezar.
En resumen
El bambú da al jardín volumen, pantalla, sonido y movimiento como ninguna otra planta, y en España se cultiva bien si se le dan tres cosas: suelo profundo y fresco, riegos abundantes y espaciados en la brotación de primavera, y protección del viento seco. En suelo calizo hay que contar con la clorosis férrica y tratarla, y en el interior y el sur agradece la media sombra en verano.
Todo lo demás depende de una sola elección hecha al principio. Rizoma cespitoso (Fargesia, Bambusa) para plantar tranquilo, y rizoma corredor (Phyllostachys y compañía) solo con barrera de HDPE bien instalada, sobresaliendo del suelo para poder vigilarla, o en contenedor. Plantar un corredor sin barrera y confiar en podarlo cuando se desmande es la forma más segura de acabar arrancando bambú durante años.