La rosa de Jericó no es una rosa ni tiene nada que ver con el género Rosa. Y no es una planta, son dos: bajo ese nombre se venden dos especies de familias completamente distintas, de dos continentes distintos, que comparten un único rasgo, el de secarse hasta formar una bola y volver a desplegarse con el agua. La que casi siempre llega al comprador español es la americana, no la de Oriente Próximo.
Saberlo importa porque las dos no se cuidan igual y porque solo una de ellas revive de verdad. La otra se abre y se cierra estando muerta, que es un mecanismo botánico mucho más raro y más interesante de lo que suena.
Las dos plantas que se llaman igual
Anastatica hierochuntica es la rosa de Jericó original, la que dio nombre a la leyenda. Es una crucífera, de la familia de las coles y los rábanos, propia de los desiertos del norte de África, Arabia, Israel, Jordania y Egipto. Es anual: germina con las lluvias, crece unos pocos centímetros, florece en blanco, fructifica y muere. Lo que se vende como bola seca es el esqueleto leñoso de la planta muerta, con los frutos dentro. Cuando se moja, las ramas se abren por absorción de agua, un movimiento puramente higroscópico que no requiere que haya nada vivo, y al abrirse liberan las semillas para que germinen en el momento en que hay humedad. Es un dispersor de semillas, no una resurrección.
Selaginella lepidophylla es la otra, la que se compra en el noventa y tantos por ciento de los casos. No es una planta con flores: es un licopodio, un grupo vegetal emparentado con los helechos y muy anterior a ellos en la historia evolutiva. Es americana, del desierto de Chihuahua, entre México y el sur de Texas. Esta sí está viva dentro de la bola, y es poiquilohídrica: puede perder casi toda su agua, detener el metabolismo y quedarse en suspensión durante años, y recuperarse en unas horas al rehidratarse, volviendo a ponerse verde. En el comercio recibe también los nombres de doradilla o planta de la resurrección.
Cómo distinguirlas
A simple vista se separan sin dificultad:
- La Anastatica abierta parece un manojo de ramitas leñosas grises, rígidas, con frutos secos en los extremos. Nunca verdea.
- La Selaginella abierta forma una roseta plana de frondes finamente divididos, casi de helecho, que en pocas horas pasan de pardo a verde intenso.
- Al mojarlas, la Anastatica se abre despacio y de forma tosca; la Selaginella se despliega en menos de una hora y con un movimiento mucho más limpio.
Si el vendedor no especifica la especie y la foto muestra una roseta verde, es Selaginella lepidophylla.
Cuidados de la Selaginella
Es la que la gente compra y la que se puede tener años. Sus necesidades son pocas y contraintuitivas.
- Agua. Se coloca en un plato hondo o un cuenco con un par de centímetros de agua, con la base en contacto. En dos a cuatro horas empieza a abrirse y en un día está verde del todo. No hace falta sumergirla entera.
- Cambiar el agua a diario. Es el punto crítico. El agua estancada bajo la roseta pudre la base y cría moho, y ese es el motivo por el que la mayoría de estas plantas mueren.
- Alternar. Le sienta mejor un ciclo de unos días con agua y después unos días seca, dejando que se cierre, que la humedad permanente. Es exactamente lo que hace en su desierto.
- Luz. Clara pero indirecta. No necesita sol directo, y detrás de un cristal al mediodía de julio se achicharra.
- Sustrato. No lo necesita, pero también se puede plantar en una mezcla muy drenante, tipo sustrato de cactus con arena gruesa, manteniéndola apenas húmeda. Crece despacio.
- Temperatura. De interior. No es planta para dejar fuera en un invierno con heladas.
- Abono. Prácticamente ninguno. Como mucho, un abono muy diluido una vez al año en primavera si está plantada en sustrato.
La Anastatica, en cambio, no se cuida: está muerta. Lo único que se puede hacer con ella es mojarla para verla abrirse, secarla y guardarla, y repetir la operación indefinidamente. Si se quiere una planta viva, hay que sembrar sus semillas en arena, y hace falta un clima muy seco y muy cálido para sacarla adelante.
Leyendas, y qué hay detrás
Alrededor de esta planta se ha acumulado una cantidad enorme de tradición. Se la llama planta de la resurrección por su relación con el ciclo de la Pascua, y circulan varias leyendas cristianas sobre su origen, todas ligadas a la huida a Egipto o a la muerte y resurrección de Jesús. En prácticas populares se le atribuye la capacidad de atraer suerte, dinero, salud o protección para la casa, y por eso se vende con velas y cintas. Nada de eso es una propiedad de la planta: es una costumbre, y como costumbre tiene su interés cultural, pero no hay ningún efecto que medir.
Hay una atribución antigua que sí tiene base física. En la Edad Media se usaba como predictor del tiempo, colgada en la casa: si empezaba a abrirse, se acercaba lluvia. Funciona, y funciona por una razón sencilla, no mágica. El movimiento de las ramas depende directamente de la humedad relativa del aire, así que la planta actúa como un higrómetro biológico, igual que la piña de pino que se abre y se cierra según el ambiente. Una subida sostenida de la humedad precede a menudo a la lluvia, de manera que la observación es válida aunque la explicación que se le daba entonces no lo fuera.
En cuanto a las propiedades curativas que se le atribuyen, no hay respaldo establecido para ninguna de ellas y no es una planta para ingerir ni para preparar infusiones. Las bolas que se venden en tiendas de decoración y esoterismo no tienen control alimentario de ningún tipo. Cualquier problema de salud es asunto del médico.
Qué se compra realmente
Lo que llega por correo es una bola seca, ligera, del tamaño de un puño o menor, y ese es su estado normal de almacenamiento: puede pasar meses en una caja sin sufrir. Las diferencias entre ofertas están en el tamaño y en la especie.
En formato pequeño, de tres a cinco centímetros, se venden habitualmente en lotes de dos unidades, que es una buena forma de empezar: se puede probar el ciclo de hidratación con una y dejar la otra guardada. Si se busca un ejemplar más lucido, con roseta ya abierta de buen diámetro, conviene ir a un tamaño mediano de cinco a siete centímetros, que es el que hace bonito en un cuenco de cristal. Y si lo que importa es tener claro qué especie llega, merece la pena elegir una referencia que indique Selaginella lepidophylla en la descripción, porque muchas fichas de producto no lo dicen y ahí es donde se produce la confusión entre las dos plantas.
En resumen
La rosa de Jericó no pertenece al género de las rosas. Bajo ese nombre se venden dos plantas sin parentesco: Anastatica hierochuntica, una crucífera anual de los desiertos de Oriente Próximo cuya bola seca es la planta muerta abriéndose por higroscopia para soltar semillas, y Selaginella lepidophylla, un licopodio del desierto de Chihuahua que sí está vivo y sí verdea al rehidratarse. Casi todo lo que se compra en España es la segunda.
Cuidarla es fácil siempre que se entienda que su ciclo natural es alternar sequía y humedad: un par de centímetros de agua en un plato, cambio de agua a diario, luz indirecta y periodos secos entre medias. Lo que la mata es el agua estancada permanente. Y de todo lo demás que se cuenta sobre ella, lo único que resiste una comprobación es que sirve de higrómetro.