De todos los remedios caseros que circulan contra el pulgón, dos funcionan de verdad: el chorro de agua sobre los brotes colonizados y el jabón, siempre que sea jabón potásico y no detergente de cocina. El resto va desde lo poco eficaz hasta lo directamente contraproducente, y conviene saber qué es cada cosa antes de dedicarle una tarde.
La eficacia de cualquiera de ellos depende del momento. Una colonia recién instalada en un par de brotes se quita con la manguera; una planta cubierta de pulgón desde hace tres semanas, con hormigas subiendo y negrilla en las hojas, ya no se arregla con preparados de cocina.
Agua a presión
Es el primer recurso y el más subestimado. Un chorro de manguera dirigido a los brotes tiernos y al envés de las hojas derriba la colonia entera, y el pulgón caído al suelo rara vez consigue volver a subir: se deshidrata o se lo comen.
Se hace por la mañana, para que la planta se seque durante el día y no pase la noche mojada, que es como aparecen los hongos. Conviene repetir dos o tres días seguidos, porque siempre quedan individuos escondidos en el interior del brote, y luego revisar una vez por semana.
Su límite es evidente: no tiene ningún efecto residual. Si la fuente del pulgón sigue ahí, la colonia se rehace. Por eso funciona tan bien combinado con lo siguiente.
Retirar a mano y cortar el brote
En un rosal o un frutal joven, pellizcar el brote colonizado y tirarlo a la basura resuelve el foco de una vez. Es lo más rápido cuando la infestación está concentrada en cuatro o cinco puntas, y no tiene ningún efecto sobre el resto del jardín.
Al hacerlo hay que fijarse en dos cosas antes de aplastar nada. Las larvas de mariquita, alargadas, oscuras con manchas naranjas y sin ningún parecido con el adulto, se confunden a menudo con plagas y son el mejor depredador que hay. Y los pulgones hinchados, quietos y de color dorado o pardo son momias: pulgones parasitados por avispillas, con una nueva generación de parasitoides dentro. Esos brotes conviene dejarlos.
Jabón: cuál sí y cuál no
El agua jabonosa funciona porque el jabón disuelve la capa cerosa que recubre a los insectos de cuerpo blando y estos mueren por deshidratación. Es un mecanismo físico, actúa solo por contacto, no deja residuo y deja de hacer efecto en cuanto se seca.
El producto correcto es el jabón potásico, que se vende preparado en centros de jardinería y está pensado para esto. También sirve el jabón blando tradicional. Lo que no conviene usar es el lavavajillas ni los detergentes domésticos: llevan tensioactivos y desengrasantes que dañan la cutícula de la hoja, provocan quemaduras y, además, no son productos autorizados para tratar plantas.
Tampoco es buena idea el truco del jabón con alcohol. El alcohol quema el tejido tierno, que es precisamente donde está el pulgón, y el remedio acaba haciendo más daño que la plaga.
Se aplique lo que se aplique, la aplicación se hace a primera hora o al atardecer, nunca con sol directo sobre la hoja mojada, y hay que mojar el envés y el interior del brote, porque lo que no se moja no se trata.
Aceite blanco casero
La emulsión de aceite vegetal con jabón, conocida como aceite blanco, actúa por asfixia: recubre al insecto y le tapona las aberturas respiratorias. El principio es el mismo que emplean los aceites parafínicos comerciales, que se usan sobre todo en tratamientos de invierno contra huevos y formas invernantes en frutales.
La versión casera tiene dos problemas reales. El primero es que una capa de aceite sobre la hoja con sol y calor produce quemaduras con facilidad, y en un verano español eso ocurre casi siempre si se aplica fuera de las primeras o las últimas horas del día. El segundo es que las emulsiones caseras se separan y no cubren de forma uniforme, lo que las hace irregulares justamente donde hace falta.
Si se prueba, se hace en una parte pequeña de la planta primero y se espera un par de días para ver si aparecen manchas.
Purín de ortiga
El purín o macerado de ortiga se prepara dejando fermentar ortigas en agua durante un par de semanas hasta que el líquido se oscurece y adquiere su olor característico, y luego se diluye mucho para aplicarlo.
Aquí conviene ser preciso, porque se le atribuyen virtudes que no tiene. Como abono foliar y fortificante tiene sentido: aporta nitrógeno y micronutrientes, y una planta bien nutrida resiste mejor. Como insecticida contra el pulgón, su eficacia es baja y su efecto, cuando existe, es más repelente que letal. No sustituye a un tratamiento cuando la plaga ya está establecida.
La ortiga figura entre las llamadas sustancias básicas reconocidas en el marco del Reglamento (CE) 1107/2009, una categoría distinta de la de los fitosanitarios ordinarios y pensada para productos de uso sencillo y bajo riesgo. Existen preparados de purín de ortiga listos para usar, que evitan las dos semanas de maceración y el olor, y que tienen sentido para quien quiere el efecto fortificante sin montar el proceso en casa. La dosis y la forma de empleo son las que indique su etiqueta.
Decocciones de ajo y de cebolla
El ajo y la cebolla hervidos en agua se aplican como repelentes, no como insecticidas: la idea es que el olor moleste al pulgón alado que busca dónde instalarse. Ese efecto existe, pero es débil y muy corto, porque los compuestos volátiles responsables se disipan en horas y desaparecen con el primer riego o la primera lluvia.
Como medida de acompañamiento sobre una planta ya limpia no hace daño. Como tratamiento de una colonia establecida no da resultado, y la sensación de estar haciendo algo retrasa la actuación que sí funcionaría.
Lo que no funciona
Circulan muchos remedios que no resisten la comprobación. Los ultrasonidos vendidos como repelentes de insectos no tienen respaldo experimental de ningún tipo. Los posos de café, la ceniza y las cáscaras de plátano enterradas no actúan sobre el pulgón. Y las infusiones de tabaco están prohibidas, además de ser tóxicas para quien las prepara y las aplica.
Fuera del asunto del pulgón, conviene desmentir otro clásico del jardín: la sal contra babosas y caracoles las mata, pero saliniza el suelo y perjudica a las plantas, así que no es un remedio recomendable.
La prevención que de verdad reduce el pulgón
Tres cosas cambian el panorama más que cualquier preparado.
Bajar el nitrógeno. El abono nitrogenado en exceso produce brotes blandos y llenos de savia azucarada, que es lo que atrae al pulgón. Las plantas sobrealimentadas repiten infestación año tras año.
Controlar las hormigas. Las hormigas no se comen al pulgón: lo ordeñan, lo defienden de sus depredadores y lo trasladan a brotes nuevos. Cortar su acceso al tronco o localizar el hormiguero deja al pulgón desprotegido.
Alimentar a la fauna auxiliar. Los sírfidos adultos se alimentan de néctar y ponen sus huevos entre las colonias de pulgón. Tener cerca plantas de flor pequeña y abierta, como el aliso marítimo, la caléndula o las umbelíferas en flor, aumenta mucho su presencia. Cuando llegan, el control es constante y gratuito, y cualquier tratamiento de amplio espectro lo interrumpe.
En resumen
Contra el pulgón, lo casero que funciona es el chorro de agua, la retirada manual del brote colonizado y el jabón potásico bien aplicado en el envés y a primera o última hora del día. El aceite blanco tiene un mecanismo válido, pero quema con facilidad en el clima de aquí y hay que probarlo antes en una rama.
El purín de ortiga es un buen fortificante y un mal insecticida, las decocciones de ajo y cebolla apenas repelen unas horas, y el lavavajillas, el alcohol, el tabaco y los ultrasonidos hay que descartarlos directamente. Lo que más reduce el pulgón a medio plazo no es ningún preparado, sino no pasarse con el abono nitrogenado, cortar la ruta de las hormigas y dejar trabajar a las mariquitas y los sírfidos.