Una terraza en verano se juega en dos decisiones que se toman antes de comprar la primera planta: cuántas horas de sol directo recibe y quién la va a regar en agosto. Todo lo demás, el estilo, los muebles, los colores de las macetas, viene después y admite muchas soluciones. Esas dos, no.
En el clima peninsular, entre junio y septiembre, el sustrato de una maceta expuesta al sur puede pasar de los cuarenta grados y secarse por completo en menos de un día. Con ese dato en la mano, la elección de especies deja de ser una cuestión de gusto y se convierte en una cuestión técnica.
Teletrabajando en la terraza. Con un par de sillas de exterior y conexión wifi es posible trasladar la oficina online al aire libre. En los tiestos metálicos pintados de azul, pequeños ejemplares de laurel.
Foto: Flower Council of Holland
Lo primero: mirar dónde da el sol
Antes de nada conviene observar la terraza un día entero y anotar a qué horas le entra el sol. La orientación manda:
- Sur y oeste. Sol intenso y muchas horas, con el añadido del calor acumulado por la pared. Es la situación más dura, sobre todo al oeste, donde el sol de la tarde coincide con las horas de más temperatura. Aquí solo funcionan plantas de secano y de pleno sol.
- Este. La mejor orientación en clima cálido: sol de mañana, sombra por la tarde. Admite casi todo, incluidas hortensias en zonas del norte y muchas plantas de flor.
- Norte. Luz indirecta todo el día y sol rasante en verano. Es una sombra fresca donde crecen bien helechos, aspidistras, Fatsia japonica, hostas en el norte peninsular y hiedras.
El segundo factor es el viento. En un ático o en una terraza alta, el viento seca las macetas más rápido que el sol y desgarra las hojas grandes. Ahí van bien las plantas de hoja pequeña y dura (mirto, romero, Teucrium, olivo en maceta) y conviene resolver una protección, aunque sea una celosía o un seto de macetas en el lado dominante.
Plantas de flor que aguantan el verano
El repertorio de flor abundante y cuidados escasos para pleno sol es amplio y todo él resiste bien el calor una vez arraigado:
- Geranios y gitanillas (Pelargonium zonale y Pelargonium peltatum). Los clásicos, y con razón: florecen sin parar de abril a noviembre y toleran que se les olvide un riego.
- Petunias, surfinias y calibrachoas. Floración continua y porte colgante, ideales para barandillas. Son las más exigentes en agua y abono de esta lista.
- Verbena. Tapizante, de floración larga, muy resistente al calor.
- Margarita cimarrona (Erigeron karvinskianus). Nube de margaritas blancas que viran a rosa, prácticamente indestructible y perfecta para tiestos altos.
- Portulaca y Delosperma. Crasas de flor para las macetas más expuestas, donde no vive nada más.
- Buganvilla, plumbago y Dipladenia. Para dar altura y volumen en fachada o celosía. La savia de la dipladenia es irritante, conviene manipularla con guantes.
- Salvias arbustivas y gauras. Muy floríferas, resistentes a la sequía y muy visitadas por abejas y mariposas.
Para sombra, la flor escasea y el interés lo dan las hojas: Fatsia japonica, aspidistra, helechos, Farfugium, hiedras variegadas. Y las hortensias, que en el norte y en zonas de verano suave funcionan en maceta a media sombra con riego generoso.
Aromáticas y un pequeño huerto
Las aromáticas mediterráneas son la apuesta más segura para una terraza al sol: romero, tomillo, salvia, orégano, ajedrea y lavanda viven con muy poca agua, en sustrato pobre y bien drenado, y no piden abono. La albahaca es la excepción: necesita riego frecuente y agradece un poco de sombra al mediodía en pleno verano.
La menta y la hierbabuena hay que plantarlas siempre en maceta propia, nunca en una jardinera compartida, porque sus rizomas se apoderan del recipiente en una temporada. Del huerto de verano, lo que mejor va en maceta son el tomate cherry (en recipiente de al menos veinte litros), los pimientos y guindillas, y las lechugas y rúcula si se les da sombra de tarde.
El riego, que es donde se decide todo
En una maceta hay poco sustrato y ninguna reserva. Estas son las reglas que evitan la mayoría de los desastres:
- Regar temprano por la mañana o al anochecer, nunca a pleno sol. El agua a mediodía se evapora antes de llegar a la raíz.
- Riego largo y menos frecuente mejor que corto y diario. Hay que mojar todo el cepellón, hasta que salga agua por el agujero de drenaje.
- Comprobar con el dedo. Si los primeros tres o cuatro centímetros están secos, toca regar. La superficie seca engaña en tiestos grandes.
- Vaciar los platos media hora después de regar. Una maceta con el plato lleno de forma permanente acaba con las raíces asfixiadas, y además cría mosquitos.
- Instalar goteo con programador si hay más de diez o doce macetas. Es barato, se monta en una tarde y resuelve el verano entero.
El abono también es imprescindible en maceta: el riego frecuente lava los nutrientes. Un abono líquido para plantas de flor cada quince días, de abril a septiembre, mantiene la floración. Sin abono, las petunias y calibrachoas se paran en julio.
Macetas: tamaño y material importan
Cuanto más grande es el recipiente, más estable es la temperatura y la humedad del sustrato, y menos hay que regar. Como criterio, a partir de treinta centímetros de diámetro la vida de la planta se simplifica mucho. El barro sin esmaltar es transpirable pero pierde agua por las paredes, lo que en verano juega en contra; la resina y el hormigón la conservan mejor. Los colores claros se calientan menos que los oscuros.
Un acolchado de tres o cuatro centímetros de grava, arlita o corteza sobre el sustrato reduce mucho la evaporación y evita que la superficie se apelmace. Y elevar las macetas un par de centímetros del suelo con tacos ayuda a que drenen y a que la base no se cueza sobre la baldosa.
Cómo dejar la terraza durante las vacaciones
Dos semanas de agosto sin nadie en casa son la prueba de fuego. Sin sistema de riego, lo que funciona es agrupar todas las macetas en la zona más sombreada, juntas y sobre una superficie húmeda, para que se den sombra unas a otras y creen un microclima. Se riega a fondo antes de marcharse y se retiran las flores marchitas y los frutos.
Con goteo y programador el problema desaparece, pero conviene dejarlo funcionando una semana antes para comprobar que todos los goteros riegan y que ninguno se ha atascado. Si se puede, es preferible que alguien pase una vez a mitad de las vacaciones.
Las plagas del verano
El calor seco favorece a la araña roja (Tetranychus urticae), que puntea las hojas de amarillo y teje telarañas finísimas en el envés y en las axilas. Se combate subiendo la humedad ambiental y mojando el envés de las hojas, algo que en verano se agradece hacer al atardecer. La mosca blanca y el pulgón aparecen sobre los brotes tiernos, en especial si se ha abonado en exceso con nitrógeno.
En los geranios, la plaga específica es el taladro (Cacyreus marshalli), una mariposa pequeña cuya oruga perfora los tallos por dentro: la planta se marchita de golpe y al partir el tallo aparece hueco y con serrín. Hay que revisar los tallos con frecuencia y cortar por debajo de la galería en cuanto se detecte. Cualquier tratamiento debe aplicarse al atardecer y respetando la etiqueta del producto, para no dañar a los polinizadores.
En resumen
Una terraza de verano que funcione se basa en tres cosas: elegir las plantas según las horas de sol reales, usar macetas grandes con acolchado y drenaje libre, y resolver el riego con goteo programado antes de que llegue el calor. Con eso, geranios, calibrachoas, verbenas, Erigeron y aromáticas mediterráneas dan flor de abril a noviembre sin exigir mucho más.
El resto es previsión: abonar cada quince días durante la temporada de crecimiento, vaciar los platos, vigilar la araña roja y el taladro del geranio, y dejar las macetas agrupadas a la sombra durante las vacaciones. Un espacio pequeño y bien resuelto rinde más que uno grande y saturado de plantas mal situadas.