Hyakudanen, el jardín de las cien terrazas, es la pieza central de Awaji Yumebutai, el complejo que Tadao Ando levantó en la isla de Awaji, en la bahía de Osaka, e inauguró en el año 2000. Consiste en cien parterres cuadrados, todos de 4,5 metros de lado, dispuestos en retícula sobre una ladera que baja hacia el mar, separados por muros y escaleras de hormigón visto.

Interesa por una razón concreta: es el ejemplo más claro de que un jardín puede sostenerse solo con dos elementos, una geometría rígida repetida y una masa de flor de una sola familia botánica. Nada de árboles de porte, nada de arbustos estructurales, nada de piezas singulares. Repetición y color, y funciona.

Parterres cuadrados llenos de flores, enmarcados en cajas de hormigón y flanqueados por escaleras. Como el grabado de un laberinto de Escher, pero con el sello de Tadao Ando.

Un jardín sobre una cicatriz

La ladera donde está el complejo no era un paraje intacto. Durante años funcionó como cantera de tierras para rellenos de obra en la bahía, entre ellos los del aeropuerto de Kansai, y quedó deforestada y llena de socavones. El encargo original consistía precisamente en recuperar ese terreno.

En enero de 1995, con el proyecto en marcha, la región sufrió el terremoto de Hanshin-Awaji, de magnitud 7,3, con el epicentro justo al norte de la isla y más de seis mil víctimas mortales. Ando, que ese mismo año recibió el premio Pritzker, replanteó el sentido de la obra y la convirtió en un monumento a la recuperación, tanto del terreno como de la gente. El conjunto se inauguró cinco años después del seísmo.

Ando (Osaka, 1941) es arquitecto autodidacta, sin estudios formales de arquitectura, y antes de dedicarse a ello fue boxeador profesional. Su material de siempre es el hormigón visto de encofrado liso, con las marcas de los pernos a la vista formando una retícula regular, y su tema recurrente es la relación entre esa masa construida y el paisaje.

La retícula: cien cuadrados iguales

Las cien terrazas son idénticas: mismo tamaño, misma proporción, mismo marco de hormigón. Cada una se subdivide a su vez en cuatro parterres cuadrados. Lo único que cambia entre una y otra es la plantación, de manera que el conjunto es todo igual y todo distinto al mismo tiempo.

La percepción cambia radicalmente según desde dónde se mire, y eso está calculado. Desde el mirador superior, construido para eso, se ve la cuadrícula completa dominada por el color de las flores; el hormigón queda reducido a la línea que separa manchas. Desde el escalón más bajo, en cambio, la perspectiva oculta casi toda la vegetación y lo que se impone son los muros y las diagonales de las escaleras, con un efecto de escalinatas imposibles que recuerda a los grabados de Escher. La subida completa es dura, hasta el punto de que el recorrido tiene el apodo de Maneater.

Por qué el hormigón funciona junto a la flor

El contraste no es casual ni es solo cuestión de gusto. El hormigón visto de Ando es de tono muy claro y superficie lisa, sin textura que compita, y refleja mucha luz. Eso hace tres cosas por la plantación: le da un fondo neutro sobre el que cualquier color satura, aporta luz rebotada a las plantas de las cotas bajas, y marca un borde perfectamente recto que hace legible cada mancha de flor.

Es el mismo principio que funciona en un patio andaluz encalado, con la cal en lugar del hormigón. Un fondo claro, liso y continuo es lo que permite que unas pocas especies de flor intensa parezcan muchas. Sobre un fondo oscuro o abigarrado, esa misma plantación se pierde.

Las asteráceas y su reparto

La familia elegida es la de las asteráceas o compuestas, que son las de inflorescencia en capítulo, lo que llamamos margaritas. Tienen dos ventajas para un jardín así: cubren casi toda la gama de amarillos, naranjas, rosas y blancos, y hay especies de la familia floreciendo en cualquier momento del año. Predominan los crisantemos, y con ellos Argyranthemum, Leucanthemum, Calendula, Euryops, Aster, Coreopsis, Arctotis, Rudbeckia y Ajania.

El reparto por altura sigue el origen geográfico: las especies asiáticas y africanas en los niveles inferiores, las americanas en los intermedios y las europeas en las cotas altas. Es un criterio de comisario de museo más que de jardinero, pero tiene su lógica en un jardín concebido como colección ordenada.

Un macizo de asteráceas en España

La idea se traslada bien porque casi todas estas plantas son de sol pleno y poca agua. Este es el comportamiento real de las más útiles en clima peninsular.

EspecieFloraciónNotas
Margarita leñosa (Argyranthemum frutescens)De primavera a otoño, casi continua en el litoralEndemismo canario. Sensible a heladas fuertes; en el interior se comporta como anual
Euryops pectinatusOtoño e invierno, con repunte en primaveraSudafricana. Muy resistente a la sequía; florece cuando casi nada más lo hace
Caléndula (Calendula officinalis)De otoño a primavera si se siembra en septiembreAnual que se resiembra sola. Cubre el invierno en el sur y el litoral
CoreopsisVeranoVivaz de floración larga si se retiran las flores pasadas
RudbeckiaVerano y principio de otoñoNecesita más agua que las anteriores; mejor en la mitad norte
ArctotisPrimavera y otoñoSudafricana, tapizante. Las flores cierran con poca luz
Margarita mayor (Leucanthemum x superbum)Primavera y principio de veranoVivaz de mata; se divide cada tres o cuatro años
Crisantemo (Chrysanthemum)OtoñoFloración desencadenada por el acortamiento del día

Con Euryops y caléndula en la parte fría del año, Argyranthemum y Arctotis en primavera, Coreopsis y Rudbeckia en verano y crisantemos en otoño, un macizo de esta familia no queda vacío en ningún momento. La condición para que se parezca a Hyakudanen es plantar cada especie en masa, muchos pies juntos del mismo color, y no mezclarlas dentro del mismo cuadro.

Lo que se puede copiar en una terraza

La retícula de Ando es directamente aplicable a una terraza o a un patio pequeño, y es una de las pocas fórmulas de diseño que mejora al reducirse de escala.

Se trata de repetir un mismo contenedor, del mismo tamaño y del mismo color, en cuadrícula o en línea, y cambiar solo lo que va dentro. Cajones de obra, jardineras de hormigón prefabricado o macetas iguales sirven igual. El error habitual es lo contrario: macetas de todos los tamaños y materiales con una planta distinta en cada una, lo que produce ruido visual y hace que el conjunto parezca más pequeño.

Dos condiciones prácticas. La primera, drenaje: un cajón de obra sin salida de agua se convierte en una bañera y mata todo lo que lleve dentro, así que hay que prever perforaciones y una capa drenante. La segunda, volumen de sustrato: un contenedor poco profundo a pleno sol en verano peninsular se seca dos veces al día, de modo que conviene un mínimo de 30 o 40 cm de profundidad y riego por goteo si son muchos.

En resumen

Hyakudanen demuestra que un jardín puede construirse solo con repetición y color: cien cuadrados iguales de 4,5 metros en una ladera, un marco de hormigón claro que hace de fondo neutro y una única familia botánica, las asteráceas, escalonada para tener flor todo el año. El resto del efecto lo pone el punto de vista, que convierte la misma escena en una alfombra de color desde arriba y en un laberinto de escaleras desde abajo.

Trasladado a un jardín o una terraza, el método consiste en repetir el contenedor y variar solo el contenido, plantar cada especie en masa en vez de mezclarlas, y elegir un fondo claro y liso que haga saltar el color. Con euryops, caléndula, margarita leñosa, coreopsis y crisantemo se cubre el calendario completo en la mayor parte de España.


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