Hay jardines que se reconocen nada más entrar: setos recortados que ordenan el espacio, árboles alineados, superficies limpias de césped, piedra o grava, y muy poca flor. Parecen sencillos y no lo son. La fuerza está en la proporción, en la repetición de unos pocos elementos y en cómo la luz resbala sobre las masas verdes.

Es el jardín formal contemporáneo, un lenguaje que viene del renacentista italiano y del formal francés pero que renuncia al ornamento. El paisajista Luciano Giubbilei, nacido en Siena y con estudio en Londres, lo ha llevado lejos: su Laurent-Perrier Garden ganó el Best in Show del Chelsea Flower Show de 2014, y en la Ferme de Saladin, en el valle de Ourika (Marruecos), aplicó el mismo criterio a un clima seco. Lo que sigue no trata de su obra, sino de cómo se construye un jardín así y de qué cambiar para que aguante un verano español.

Rosales, olivos y parterres de gramíneas en la Ferme de Saladin, valle de Ourika (Marruecos), jardín proyectado por Luciano Giubbilei. La flor aparece en masas grandes, nunca suelta.

Qué hace formal a un jardín

Un jardín formal no es un jardín simétrico, es uno donde la geometría se lee sin esfuerzo. Cuatro decisiones lo definen:

  • Estructura antes que plantación. Primero se dibujan los planos verdes (setos, muros, alineaciones y el vacío que dejan entre ellos) y solo después se decide qué crece dentro.
  • Repetición. Pocas especies, muchas veces. Un jardín de tamaño medio funciona con cinco o seis especies bien elegidas, no con treinta.
  • El vacío como material. El césped, el agua quieta, la grava o el pavimento no son relleno: son las superficies que dan medida a los volúmenes.
  • Calidad del acabado. Con tan pocos elementos, un borde mal trazado o un seto con calvas saltan a la vista.

De ahí una consecuencia que conviene asumir antes de empezar: este jardín no es barato de mantener, y la factura no está en el agua sino en las horas de recorte.

El seto es el material de obra

Aquí el seto hace de muro, de pantalla, de zócalo y de marco. Se recorta para que la superficie quede plana y la luz se comporte sobre ella como sobre un paramento: una cara al sol, otra en sombra y una arista limpia entre las dos. Por eso el boj y el tejo salen tanto en las fotografías de jardines ingleses e italianos.

El problema es que ninguno de los dos es buena opción en gran parte de España. El boj (Buxus sempervirens) sufre la oruga del boj (Cydalima perspectalis), capaz de defoliar un seto en pocas semanas, y la seca causada por el hongo Calonectria pseudonaviculata; ambas están presentes en la Península. El tejo (Taxus baccata) recorta de maravilla, pero crece muy despacio, no tolera el encharcamiento ni los veranos secos del interior y del sur, y es muy tóxico: todas sus partes salvo la pulpa roja del arilo contienen alcaloides peligrosos, así que no es planta para un jardín con niños o con caballos.

La alternativa no es renunciar al seto, sino cambiar de especie. Estas aguantan el clima mediterráneo y admiten recorte formal:

EspecieAltura de usoNotas
Myrtus communis (mirto)0,6 a 2 mAutóctona, aromática, recorte muy fino. La mejor sustituta del boj.
Teucrium fruticans (olivilla)0,4 a 1 mFollaje gris azulado, muy resistente a la sequía. Para zócalos.
Rhamnus alaternus (aladierno)1,5 a 3 mAutóctono y perenne, aguanta sequía y suelo calizo.
Viburnum tinus (durillo)1 a 2,5 mTolera la sombra. Los frutos no se comen.
Laurus nobilis (laurel)1,5 a 4 mSetos altos. En el sur agradece algo de sombra.
Pittosporum tobira 'Nana'0,4 a 0,8 mMuy compacto y tolerante a la brisa marina.
Quercus ilex (encina)2 m o másSetos altos y árboles recortados. Lenta, longeva.
Cupressus sempervirens3 m o másVerticales y pantallas. Vigilar el cancro (Seiridium).

El Ilex crenata se vende mucho como sustituto del boj y lo es en el norte húmedo, pero necesita suelo ácido: en los suelos calizos de buena parte del país se clorosa.

Cómo se planta y se recorta

Un seto formal se planta en zanja continua, no en hoyos sueltos: una franja de 40 a 50 cm de ancho, con el fondo descompactado, la tierra mejorada con materia orgánica y una línea de goteo. Como densidad, de tres a cinco plantas por metro lineal en setos bajos, de dos a tres en los medios y una o dos en los altos.

El detalle técnico que más se olvida es el talud del recorte: el seto debe quedar un poco más ancho por abajo que por arriba, con las caras ligeramente inclinadas. Recortado a plomo, la parte alta sombrea a la baja, el seto se despuebla por el pie y ya no se recupera. Bastan unos pocos grados, pero hay que mantenerlos en todos los cortes.

La otra regla es recortar desde el primer año, siempre por debajo de la altura que se quiere alcanzar, para que ramifique. Un seto que se forma cuando ya ha llegado arriba queda hueco por dentro.

Bastan dos recortes al año: uno a finales de primavera, con el brote nuevo ya endurecido, y otro a comienzos del otoño. Cortar en pleno golpe de calor deja quemaduras en la hoja expuesta. Y antes de meter la máquina en primavera hay que revisar el seto, porque la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad prohíbe destruir los nidos de las aves silvestres, y un seto denso es justo donde anidan.

Árboles alineados y entrelazados

La otra pieza del vocabulario es el árbol repetido: la hilera regular, la cuadrícula (el patio de naranjos es el ejemplo español) y el árbol entrelazado, ese seto elevado sobre troncos limpios que en inglés se llama pleaching. Se guían las ramas sobre una estructura de alambre, normalmente a 1,8 o 2,2 m de tronco limpio, y se recortan las caras como un seto. Da sombra alta sin ocupar suelo, justo lo que hace falta en un patio estrecho o una terraza.

Las especies clásicas son el carpe (Carpinus betulus) y el tilo, y las dos lo pasan mal en el interior y el sur, donde el aire seco de julio les quema el borde de la hoja. Aquí funcionan mejor la morera (Morus alba, en variedad sin fruto para no manchar el pavimento), el almez (Celtis australis), el naranjo amargo (Citrus x aurantium) donde no hiele fuerte y, si se busca perenne, el olivo y la encina, que además no piden riego una vez establecidos.

La luz, el material que no se planta

Un jardín de volúmenes verdes es un jardín de luces y sombras, así que la iluminación se proyecta a la vez que la plantación y no al final.

Las reglas que más rinden son pocas. Luz cálida, entre 2.200 y 2.700 K, porque la fría vuelve gris el follaje. Muchos puntos pequeños antes que un foco grande. Nunca dirigir el haz hacia el ojo de quien pasea: se ilumina el objeto, no al observador. Rasar el seto con un proyector cercano a la base hace visible la textura y la arista; iluminar un tronco desde abajo dibuja la copa contra el cielo. Con tres o cuatro puntos de interés sobra, porque si todo está iluminado no destaca nada.

En lo técnico, instalación de 12 V siempre que se pueda, luminarias IP65 como mínimo, cable enterrado en tubo y proyectores apantallados para que el haz no escape hacia arriba. Esto último no es solo estética: la luz perdida hacia el cielo molesta a la fauna nocturna y no ilumina nada.

Flor y gramíneas dentro de la trama

Este tipo de jardín ha ido admitiendo flor y gramíneas, con una condición: entran en masas grandes, contenidas dentro de la geometría. Una vivaz suelta rompe el efecto; cien de la misma especie ocupando un rectángulo entero lo refuerzan, porque se comportan como un volumen más. Sirven bien en bloque las salvias (Salvia nemorosa, Salvia microphylla), Nepeta, Santolina, Lavandula, Achillea y los rosales arbustivos de floración continua.

Entre las gramíneas de poco riego, el berceo (Stipa gigantea) es autóctono y espectacular a contraluz, y Ampelodesmos mauritanica resuelve las masas grandes. Donde haya riego de apoyo, Calamagrostis x acutiflora da verticales muy limpias y Sesleria autumnalis funciona de tapizante.

Dos que no hay que plantar. El rabo de gato (Pennisetum setaceum) figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que prohíbe su comercio y su plantación. El plumero de la pampa (Cortaderia selloana) está igualmente catalogado como invasor. Los dos se escapan del jardín con facilidad.

Qué se traduce del modelo y qué no

Este lenguaje se ha fotografiado sobre todo en jardines ingleses, donde llueve en verano y el verde se mantiene solo. Copiarlo tal cual en Madrid, Sevilla o Murcia es la vía rápida a un jardín caro y triste en agosto.

  • Se traduce la geometría. Los ejes, la repetición, el vacío y la proporción no dependen del clima, y aquí tienen tradición larga: el patio andalusí y los jardines de la Alhambra son jardines formales de pleno derecho.
  • Se traduce la sombra construida. La alineación y el entrelazado ganan sentido aquí: la sombra alta es lo que hace habitable un jardín en julio.
  • No se traduce el césped como superficie principal. El gran paño de césped dispara el consumo. En su lugar, albero, grava o piedra, y césped solo donde de verdad se pisa.
  • No se traducen las especies. Boj, tejo, carpe y tilo se cambian por mirto, aladierno, encina, laurel, morera y olivo. El dibujo es el mismo, el material vegetal no.
  • No se traduce el calendario. Aquí el recorte se hace antes o después del calor, nunca durante.

Hecho ese cambio sale un jardín de bajo consumo de agua y aspecto muy cuidado, combinación poco frecuente. Lo que no baja es el recorte: si no hay quien lo haga con regularidad, conviene reducir los metros lineales de seto desde el proyecto.

En resumen

El jardín formal contemporáneo se construye con estructura, repetición y luz, no con variedad de plantas. Se dibujan primero los volúmenes verdes y el vacío que los separa, se eligen pocas especies y se repiten, se recortan los setos con su talud desde el primer año y se proyecta la iluminación a la vez que la plantación. Con esos cuatro hábitos un jardín pequeño alcanza la serenidad de una finca grande.

Para aplicarlo en España lo que cambia es el material vegetal. Mirto, aladierno, durillo, laurel, encina y olivo dan la misma masa verde recortada que el boj y el tejo con una fracción del agua y sin sus plagas. La geometría viaja bien de un clima a otro; la lista de plantas, nunca.


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