Marihuana y cáñamo son la misma planta, Cannabis sativa, y la diferencia entre las dos palabras no es botánica sino legal: se llama cáñamo a lo que procede de variedades con un contenido en tetrahidrocannabinol (THC) por debajo del límite que fija la normativa agrícola europea, y marihuana a lo que lo supera. Esa frontera se mide con un análisis, no se ve en la planta, y explica por qué una especie que en España se cultivó durante siglos para hacer cuerdas acabó convertida en materia de legislación sobre estupefacientes.

Este artículo cuenta lo que se puede contar con base: qué planta es, de dónde vienen sus nombres, qué dice y qué no dice la taxonomía sobre la famosa división entre sativa e índica, qué papel tuvo el cáñamo en la historia agrícola e industrial española, y cuál es el marco legal vigente aquí con su referencia concreta. No hay formas de consumo, ni cultivo para consumo, ni propiedades: no existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas para el cannabidiol en la Unión Europea, y el uso medicinal de cannabinoides pasa por medicamentos autorizados que prescribe un médico.

Planta de cannabis

Qué planta es

Cannabis sativa L. es una cannabácea anual, de la misma familia que el lúpulo, de tallo erguido y fibroso que en los cultivos de fibra pasa holgadamente de los dos metros. La hoja es el rasgo más reconocible del mundo vegetal después del trébol: palmaticompuesta, con folíolos lanceolados de borde aserrado, opuestas en la parte baja del tallo y alternas hacia arriba. La raíz es pivotante y profundiza bien, lo que la hace poco exigente en laboreo una vez establecida.

Es una planta dioica en su forma silvestre, con pies macho y pies hembra separados, y polinizada por el viento. La mejora vegetal ha desarrollado además variedades monoicas para los cultivos de fibra y de semilla, que dan cosechas más homogéneas. El fruto es un aquenio, lo que llamamos semilla de cáñamo. Y es una planta de días cortos: la floración la dispara el acortamiento del fotoperiodo después del solsticio de verano, de modo que en la península florece en la segunda mitad del verano y fructifica hacia el otoño.

Sativa e índica: lo que dice la taxonomía

Linneo describió Cannabis sativa en 1753, en Species Plantarum. Treinta y dos años después, en 1785, Lamarck describió como especie aparte Cannabis indica, a partir de material de la India, con hojas más estrechas y porte distinto. Desde entonces la clasificación del género ha ido y venido, y el criterio más extendido hoy es tratarlo como una sola especie con subespecies o variedades, en lugar de dos o tres especies buenas.

Esto tiene una consecuencia que conviene tener clara: los nombres sativa e índica que circulan en el mercado no son categorías botánicas aplicables a lo que se vende. Las variedades comerciales llevan décadas cruzadas entre sí, y esas etiquetas describen, en el mejor de los casos, una morfología aproximada (planta alta y de folíolos estrechos frente a planta compacta y de folíolos anchos). Lo mismo ocurre con ruderalis, que designa poblaciones de latitudes altas de Eurasia cuya floración depende de la edad de la planta y no del fotoperiodo. Es un rasgo real y con explicación clara, una adaptación a veranos cortos, pero no una tercera especie con perfil propio.

Hojas de Cannabis sativa

De dónde vienen las palabras

La historia de los nombres explica buena parte de la confusión actual. Cáñamo viene del latín cannabis, y este del griego kánnabis, y es la palabra que el castellano ha usado siempre para la planta de fibra: cáñamo, cañamazo, cañamiza, cañamón, todos de la misma raíz y todos de vocabulario agrícola y textil.

Marihuana es una palabra muy posterior y de otro registro. Está documentada en el español de México, con etimología discutida, y se difundió internacionalmente en la primera mitad del siglo XX de la mano de las campañas prohibicionistas estadounidenses, que prefirieron un término ajeno al vocabulario industrial del hemp por razones que tenían poco de botánicas. Hachís procede del árabe y significa, más o menos, hierba seca; kif también es de origen árabe. En España se ha usado además grifa, hoy anticuada.

Resultado: dos vocabularios paralelos para una misma especie. Uno agrícola y antiguo, el del cáñamo, y otro importado y asociado a la droga, el de la marihuana. Y como la ley acabó separando la planta según su contenido en THC, esos dos vocabularios terminaron coincidiendo con dos regímenes jurídicos distintos.

El cáñamo en la historia de España

Antes de ser un asunto policial, el cáñamo fue un cultivo estratégico. Una marina de vela consumía cantidades enormes de jarcia: cabos, maromas, drizas, redes y lona de velamen, y todo eso se hacía con fibra de cáñamo, que aguanta la tracción y el agua salada mejor que el lino. Mientras España mantuvo flota, la corona fomentó su cultivo en las vegas de regadío del sureste y del sur, donde el clima y el agua permitían un cultivo exigente en riego.

De ahí vienen las comarcas cañameras clásicas, con el Bajo Segura alicantino como caso más conocido: en Callosa de Segura y su entorno la cordelería fue durante generaciones la industria del pueblo, y allí se conserva la memoria de ese oficio. Hubo también superficie importante en la vega de Granada y en otras huertas de regadío. Junto a la cuerda, el cáñamo daba lona, sacos, alpargatas, redes de pesca y papel.

Cómo se sacaba la fibra

El proceso tradicional tiene un vocabulario propio que todavía se oye en esas comarcas, y describirlo ayuda a entender por qué era un cultivo de tanta mano de obra:

  • Enriado. Los tallos segados se dejaban en agua o extendidos al rocío para que la acción de bacterias y hongos descompusiera las sustancias que pegan la fibra al resto del tallo. Los balsones de enriar eran parte del paisaje de las huertas cañameras, y olían de una manera que aparece en toda la literatura sobre el tema.
  • Agramado. Una vez secos, los tallos se machacaban para romper la parte leñosa interior, que es la cañamiza.
  • Espadado y rastrillado. Se separaba la fibra de los restos leñosos y se peinaba, obteniendo por un lado la fibra larga y limpia y por otro la estopa, la fibra corta que servía para calafatear y para trabajos bastos.
  • Hilado y torcido. La fibra se hilaba y se torcía en cordelerías, muchas veces en calles largas y rectas donde se estiraban los cabos.

El cultivo se hundió en el siglo XX por dos motivos que actuaron a la vez. Primero la competencia de otras fibras vegetales de importación, como el sisal y el abacá, y luego la de las fibras sintéticas, que dejaron la cuerda de cáñamo fuera del mercado. Y encima llegó el cambio legal.

La Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes de Naciones Unidas ordenó el control internacional del cannabis y de su resina, y en España su desarrollo llegó con la Ley 17/1967, que actualizó las normas sobre estupefacientes para adaptarlas a esa convención. A partir de ahí, lo aplicable se resume así:

  • Cáñamo industrial. Se puede cultivar como cultivo agrícola, con variedades inscritas en el catálogo común de variedades de especies de plantas agrícolas de la Unión Europea, con contenido de THC por debajo del límite legal y con comunicación previa a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que es la autoridad competente en estupefacientes. No es un cultivo doméstico libre.
  • Autocultivo. La Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana, sanciona como infracción grave el cultivo en lugares visibles al público, y sanciona igualmente el consumo y la tenencia en lugares públicos.
  • Alimentación. Los productos que contienen cannabidiol se consideran nuevo alimento y necesitan autorización previa conforme al Reglamento (UE) 2015/2283, que no está concedida. Por eso las flores de CBD se venden rotuladas como uso técnico, de colección o para aromatización. La semilla de cáñamo pelada, su aceite y su harina, en cambio, sí se comercializan legalmente como alimento.
  • Cosmética. El cannabidiol se admite en cosméticos en el marco del Reglamento (CE) 1223/2009, siempre que no proceda de extracto o tintura de cannabis en el sentido de las convenciones de estupefacientes.
  • Medicamentos. Lo que existe son especialidades autorizadas concretas, que se prescriben y se dispensan con receta. Quien tenga una dolencia va al médico.

En resumen

El cannabis es una sola especie anual, dioica, polinizada por el viento y de días cortos, cuyas divisiones comerciales en sativa e índica no se corresponden con categorías botánicas aplicables a las variedades actuales. Marihuana y cáñamo nombran la misma planta desde dos vocabularios distintos, uno importado en el siglo XX y otro agrícola y viejo como el idioma, y esa dualidad acabó coincidiendo con dos regímenes legales separados por un umbral de THC que se mide en laboratorio.

En España su historia es sobre todo la de un cultivo de fibra de las huertas de regadío del sureste, que sostuvo la cordelería y el velamen hasta que las fibras sintéticas lo dejaron sin mercado. Hoy el cáñamo industrial se puede cultivar con variedad inscrita, THC bajo el límite y comunicación previa a la AEMPS, el autocultivo visible al público está sancionado por la Ley Orgánica 4/2015, y los productos con cannabidiol siguen siendo nuevo alimento sin autorizar. Todo lo que se cuente más allá de eso, en materia de salud, no tiene respaldo normativo.


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