La pregunta de cuántos tipos de flores existen no tiene una respuesta única, y no por pereza: depende del criterio con el que clasifiques. Una misma flor puede ser a la vez simétrica, de pétalos soldados, de ovario ínfero y agrupada en inflorescencia. Cada uno de esos cuatro datos la mete en un cajón distinto, y los cuatro son correctos.
Por eso una lista de nombres (rosa, tulipán, clavel, margarita) no clasifica nada, solo enumera. Lo que sí sirve es conocer los criterios que usa la botánica, que son media docena y se aprenden en un rato. Con ellos puedes describir cualquier flor que te encuentres, aunque no sepas su nombre, y entender por qué es como es.
En un ramo corriente conviven flores solitarias, inflorescencias enteras y cosas que parecen una flor y no lo son.
Antes de entrar, si no tienes claro qué es un sépalo, un estambre o un carpelo, la base está contada en las flores y sus partes. Aquí damos por sabido eso y vamos a la clasificación.
Simetría: radial o bilateral
Es el primer corte y el más visible. Una flor actinomorfa tiene simetría radial: puedes cortarla por cualquier diámetro y las dos mitades salen iguales, como una rueda. El tulipán, la petunia, la amapola o el manzano son actinomorfos.
Una flor zigomorfa tiene simetría bilateral: solo hay un plano que la parte en dos mitades simétricas, como una cara. Las labiadas (romero, salvia, lavanda), las leguminosas (guisante, retama, glicinia) y las orquídeas son zigomorfas.
Esto no es un capricho de la planta. La zigomorfia casi siempre indica una relación estrecha con un polinizador concreto: la flor tiene un lado por donde se entra, un sitio donde el animal apoya las patas y un punto exacto donde se le pega el polen. La flor radial, en cambio, admite visitas desde cualquier ángulo y suele ser más generalista.
Pétalos libres o soldados
Si puedes arrancar los pétalos uno a uno, la corola es dialipétala, de pétalos libres. Es el caso de la rosa, la amapola o el rosal silvestre.
Si los pétalos están soldados entre sí y al tirar se va toda la corola de una pieza, como un dedal, es gamopétala. La petunia, la campanilla, el jazmín o la borraja lo son. Y de esa soldadura salen las formas con nombre propio que verás en cualquier clave:
- Tubular: un tubo estrecho, como las flores del centro de una margarita.
- Campanulada: en forma de campana, como la campanilla.
- Infundibuliforme: en embudo, estrecha abajo y abierta arriba, como la petunia.
- Labiada: con dos labios, uno arriba y otro abajo, como el romero.
- Papilionácea: la de las leguminosas, con estandarte, alas y quilla.
- Ligulada: aplanada en una lengüeta, como los falsos pétalos del girasol.
El número de piezas dice de qué grupo viene
Cuenta los pétalos o los tépalos. Si salen tres, seis o múltiplos de tres, casi seguro que estás ante una monocotiledónea: tulipán, lirio, narciso, iris, azucena, orquídea. Si salen cuatro o cinco, o múltiplos de esos, estás en el otro gran grupo: cuatro en las crucíferas (col, alhelí, rabanillo), cinco en las rosáceas (rosal, manzano, zarza), en las solanáceas y en muchísimas más.
Tulipán: seis piezas iguales en dos filas de tres. Cuando sépalos y pétalos no se distinguen, se llaman tépalos.
Es un truco de campo rapidísimo. Con contar hasta seis ya sabes en qué mitad del reino vegetal te mueves, y eso orienta el resto de la identificación.
Seis tépalos, seis estambres y un estilo que acaba en tres estigmas: el patrón trímero al completo.
Dónde está el ovario
Este criterio no se ve desde lejos pero es el que más consecuencias tiene. Si el ovario queda por encima del punto de inserción de los pétalos y los estambres, es un ovario súpero: lo ves en el tomate, en el tulipán o en la amapola. Si queda por debajo, con el resto de las piezas insertadas encima de él, es un ovario ínfero.
El ovario ínfero se reconoce porque bajo la flor hay un ensanchamiento que ya es el futuro fruto. Ocurre en las compuestas, en las umbelíferas, en las cucurbitáceas y en el manzano y el peral. Por eso una flor de calabacín lleva colgando un calabacín en miniatura desde el primer día, y por eso la manzana conserva en el extremo opuesto al rabillo los restos secos de los sépalos.
Sola o en compañía
Una flor puede ser solitaria, una por tallo, como el tulipán o la amapola, o ir agrupada en una inflorescencia: racimo, espiga, umbela, corimbo, panícula o capítulo, entre otros.
Aquí está el error más extendido de todos. Muchas de las cosas que llamamos flor son inflorescencias enteras. El girasol no es una flor, es un capítulo: cientos de flores diminutas apretadas sobre un receptáculo plano, las de fuera con una lígula amarilla que hace de reclamo y las de dentro tubulares y fértiles, que son las que dan las pipas.
Cada grano del centro del girasol es una flor completa con su ovario. Lo que parece un pétalo es otra flor distinta.
Lo mismo pasa con la hortensia, donde las piezas grandes y coloreadas del borde son flores estériles con los sépalos hipertrofiados, y las fértiles son las pequeñas del interior que casi nadie mira.
En la hortensia, lo vistoso son flores estériles de sépalos coloreados que hacen de cartel para las fértiles.
Flores dobles: un tipo que fabricamos nosotros
La rosa de floristería, el clavel, la dalia de bola o la camelia de jardín son flores dobles, y esa es una categoría hortícola, no botánica. Lo que ha ocurrido es que los estambres se han transformado en pétalos, por mutación y luego por selección humana continuada durante siglos.
Los pétalos de más de un clavel doble son estambres transformados. Por eso apenas hay polen dentro.
Tiene una consecuencia práctica que conviene conocer. Si los estambres se han convertido en pétalos, hay poco polen o ninguno, y el acceso al néctar suele quedar bloqueado por la masa de pétalos. Una flor doble es preciosa y es un desierto para abejas y mariposas. Si quieres un jardín que alimente insectos, las variedades simples valen mucho más que las dobles.
Las que se ven y las que dan alergia
Un último criterio, el del agente polinizador, explica de golpe muchas cosas. Las flores entomófilas se polinizan por insectos y por eso son grandes, coloreadas, olorosas y con néctar. Las anemófilas se polinizan por el viento, y como al viento no hay que convencerlo, son diminutas, verdosas, sin olor y sin néctar, pero producen polen en cantidades enormes y muy ligero.
Esas segundas son las que causan la alergia. En España, las gramíneas, el olivo, el ciprés, el plátano de sombra y la parietaria. El polen de una rosa o de un lirio, pesado y pegajoso, no viaja por el aire: está hecho para ir pegado al cuerpo de un abejorro. Culpar de la alergia a las flores de colores es casi siempre culpar a la que no fue.
Y una advertencia que cabe aquí
Clasificar flores está muy bien, pero conviene saber que algunas de las más comunes son tóxicas. Todas las partes de la adelfa (Nerium oleander) lo son, también las hojas secas. La dedalera (Digitalis purpurea) contiene glucósidos que afectan al corazón. Las semillas del ricino (Ricinus communis) son gravemente tóxicas. El látex de las euforbias irrita piel y ojos.
Y un caso que mucha gente desconoce: los lirios del género Lilium son gravemente tóxicos para los gatos, hasta el punto de provocar fallo renal, y basta con el polen depositado en el pelo y lamido después. Si tienes gato, ese ramo no entra en casa.
En resumen
Los tipos de flores no son una lista de nombres, son criterios que se combinan: simetría radial o bilateral, pétalos libres o soldados, piezas en tres o en cuatro y cinco, ovario súpero o ínfero, flor solitaria o en inflorescencia, y polinización por insecto o por viento. Con esos seis datos describes cualquier flor del campo o del jardín.
Y quédate con las dos trampas. Muchas de las flores más famosas no son flores sino inflorescencias enteras, como el girasol o la margarita. Y las flores dobles de floristería son pétalos que un día fueron estambres, lo que las deja preciosas y vacías para los insectos que dependen de ellas.