En las orlas espinosas de la media montaña caliza peninsular, entre quejigos, espinos y rosales silvestres, hay un arbusto de hoja gruesa y áspera que a finales de agosto lleva frutos rojos y negros a la vez en el mismo racimo. Es el barbadejo, Viburnum lantana, conocido también como morrionera, lantana o durillo blanco según la comarca. No es planta de vivero de escaparate y rara vez se vende en contenedor bonito, pero para un seto campestre en clima continental hay pocas cosas mejores.
Qué es el barbadejo
Viburnum lantana L. es un arbusto caducifolio de la familia Adoxaceae, de dos a cuatro metros de altura, que en buenas condiciones y con años llega a seis y toma porte de arbolito. Crece de forma natural desde el norte de África y el Mediterráneo hasta el centro de Europa y el Cáucaso. En España aparece en el Prepirineo, el Sistema Ibérico, el Sistema Central, la cordillera Cantábrica y las sierras béticas, casi siempre entre 600 y 1.700 metros y casi siempre sobre sustrato calizo, en el borde de quejigares, hayedos y pinares de montaña.
Su hábitat típico son las orlas de bosque y los setos de linde: no es planta de interior de masa forestal, sino de esa franja soleada de matorral espinoso que separa el bosque del pastizal. Ese dato importa a la hora de plantarlo, porque explica que tolere sol pleno y suelo pedregoso pero agradezca compañía y algo de sombra lateral.
Cómo reconocerlo: el tomento del envés
El nombre latino viene de lana, y ese es el carácter que lo identifica al tacto. Las hojas son opuestas, ovadas a acorazonadas, de 6 a 12 cm, con el borde finamente aserrado y el nervio muy marcado. El haz es verde oscuro y rugoso, con los nervios hundidos, como acolchado. El envés está cubierto de un tomento denso de pelos estrellados, blanquecino o grisáceo, que se nota entre los dedos como fieltro y que se aprecia sin esfuerzo cuando el viento levanta el follaje.
Los brotes jóvenes llevan el mismo pelo. Y hay un segundo detalle diagnóstico que sirve en invierno, con la planta desnuda: las yemas de V. lantana son desnudas, sin escamas protectoras, con las hojitas embrionarias a la vista, plegadas y cubiertas de tomento pardo. Ningún otro arbusto de nuestros setos hace eso, así que basta mirar una rama en enero para saber qué se tiene delante.
La floración llega entre abril y junio según altitud, en corimbos planos y densos de 6 a 10 cm de diámetro, de un blanco crema. A diferencia del mundillo (Viburnum opulus), aquí todas las flores son fértiles y del mismo tamaño: no hay anillo de flores estériles grandes en el borde. El corimbo es uniforme, algo menos llamativo de lejos, y en cambio da fruto entero. El olor es tenue y no del todo agradable.
El fruto rojo y negro a la vez
Es su rasgo más fotografiado y responde a un mecanismo concreto. Los frutos son drupas aplanadas de unos 8 mm que maduran de forma asincrónica dentro del mismo racimo: primero verdes, luego rojo brillante y finalmente negro azulado y algo arrugado. Como no todas cambian al mismo tiempo, entre agosto y octubre el racimo lleva simultáneamente frutos verdes, rojos y negros.
Eso no es un capricho estético. La combinación de colores aumenta el contraste visual del racimo entero y lo hace más detectable para las aves frugívoras, mientras que solo los negros están realmente maduros. Es la misma estrategia de exhibición bicolor que usan otras plantas dispersadas por pájaros. Los consumidores habituales son mirlos, zorzales, currucas capirotadas y petirrojos, que dispersan la semilla lejos del arbusto madre.
Sobre comerlos, conviene dejarlo claro: los frutos crudos del barbadejo sientan mal. Contienen compuestos que irritan el aparato digestivo y provocan náuseas, vómitos y diarrea, con más intensidad cuanto más verdes están. No es una planta letal ni hay razón para desterrarla de un jardín con niños, pero no se planta como frutal y no se recolecta para comer. Si alguien ingiere una cantidad apreciable, corresponde consultar al médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología. La corteza y las hojas comparten ese carácter irritante.
Rusticidad y exigencias
Frío. Es de los viburnos más duros que se pueden plantar en España. Soporta sin daño alguno -25 ºC, y ejemplares establecidos aguantan por debajo de -30 ºC. Las heladas tardías de abril pueden quemar una floración adelantada, pero el arbusto rebrota y no sufre.
Suelo. Prefiere terrenos básicos, calizos, pedregosos y bien drenados, y ahí supera a casi cualquier arbusto ornamental. Tolera suelos pobres y superficiales. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado en invierno; en arcilla compacta hay que plantar sobre caballón.
Sequía. Una vez arraigado, dos o tres veranos después de plantar, resiste periodos secos largos sin riego en clima continental. En veranos mediterráneos muy áridos y a baja altitud pierde hoja anticipadamente y se ve mal: no es planta para Almería ni para el bajo Guadalquivir.
Exposición. Sol pleno o media sombra. En pleno sol florece y fructifica más; en sombra se estira y da racimos escasos.
Riego. Los dos primeros años, riegos espaciados y abundantes para que profundice la raíz. Después, prácticamente ninguno en su clima.
Seto campestre y seto de fauna
Ese es su uso natural, y no como pieza aislada de jardín. En un seto campestre mixto se combina con especies de la misma comunidad: majuelo (Crataegus monogyna), endrino (Prunus spinosa), cornejo (Cornus sanguinea), aligustre silvestre (Ligustrum vulgare), rosal silvestre (Rosa canina) y sanguino o cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb). Marco de plantación de 1 a 1,5 m entre pies en línea simple, o dos líneas al tresbolillo separadas 60 cm para una pantalla más densa.
Como seto de fauna aporta tres cosas a la vez: néctar y polen accesibles en primavera para dípteros y coleópteros polinizadores, fruto carnoso en otoño e invierno para paseriformes, y una estructura ramificada y densa que sirve de refugio y punto de nidificación. Sumar barbadejo a una linde agrícola es una de las intervenciones más baratas para aumentar la biodiversidad de una finca.
También funciona como rompevientos bajo y para fijar taludes en suelos calizos erosionables, donde su sistema radicular ramificado agarra bien.
Poda, plantación y multiplicación
Plantación. Entre noviembre y febrero, a raíz desnuda o en contenedor, aprovechando el reposo. Hoyo amplio, sin abono fresco en contacto con la raíz, y un alcorque para las primeras lluvias.
Poda. Florece sobre madera del año anterior, así que un recorte de invierno elimina la floración. Se poda justo después de florecer, en junio o julio, si es que hace falta. En seto campestre lo habitual es no podar y limitarse a un repaso de rejuvenecimiento cada cuatro o cinco años, eliminando a ras las ramas más viejas y dejando los brotes basales nuevos. Si lo que se busca es fruto, cualquier poda de verano se lo lleva por delante: mejor dejarlo crecer.
Multiplicación. La semilla tiene doble latencia: necesita un periodo cálido y húmedo para que se desarrolle la raicilla y después un periodo frío para que salga el tallo, de modo que puede tardar dos años en emerger. En la práctica se propaga por esqueje semileñoso en junio o julio, con hormona, en sustrato arenoso y bajo nebulización, o por acodo bajo de una rama tumbada en otoño.
Problemas. Pocos y menores. Pulgón en los brotes tiernos de primavera, que se corrige solo con la llegada de mariquitas y sírfidos. Puede recibir la visita del crisomélido Pyrrhalta viburni, aunque es bastante menos susceptible que Viburnum opulus. Oídio ocasional al final del verano en ambientes cerrados, sin consecuencias.
Un apunte histórico
Los brotes rectos y flexibles de V. lantana se han usado durante milenios para hacer varas, aros de cesto y ataduras. El ejemplo mejor documentado está en el carcaj de Ötzi, el hombre de los hielos del Neolítico hallado en los Alpes: buena parte de sus astiles de flecha están fabricados con varas de este arbusto, elegidas por su rectitud y su resistencia. En el campo español se aprovechó como leña menuda y como material de atadura antes de que existiera el alambre.
En resumen
Viburnum lantana es el viburno de monte de la península: arbusto caducifolio de sierras calizas, con hoja rugosa y envés cubierto de un fieltro de pelos estrellados, yemas desnudas en invierno y corimbos de flores todas fértiles en primavera. Su fruto madura de forma desigual y muestra el rojo y el negro a la vez en el mismo racimo, un reclamo eficaz para mirlos y zorzales, aunque crudo sienta mal a las personas y no se recolecta. Aguanta -25 ºC, prefiere caliza drenada y sequía moderada, y su sitio es el seto campestre o el seto de fauna junto a majuelo, endrino y cornejo. Se poda después de florecer, o no se poda en absoluto si lo que se quiere es fruto.