Un arce rojo plantado sobre el suelo calizo del interior peninsular puede pasarse quince años sin dar un solo otoño decente: hojas amarillentas en junio, bordes secos en agosto y caída en septiembre sin pasar por el rojo. No es culpa del vivero ni del clima, sino del pH del suelo. Antes de elegir árbol por la foto de la etiqueta conviene saber qué necesita cada uno para llegar a colorear, porque las tres especies que se recomiendan siempre para esto —arce rojo, ginkgo y katsura— tienen exigencias muy distintas y solo una de ellas funciona en casi cualquier jardín español.
Qué hace que una hoja se ponga roja o amarilla
Los amarillos y los naranjas ya estaban ahí todo el verano. Son carotenoides, pigmentos accesorios que la clorofila tapa mientras la hoja trabaja. Cuando el árbol detecta el acortamiento del día empieza a desmontar la clorofila para recuperar el nitrógeno antes de soltar la hoja, y lo que queda al descubierto es ese fondo amarillo. Es un proceso bastante fiable: el ginkgo amarillea casi todos los años, llueva o no.
El rojo funciona al revés. Las antocianinas no estaban en la hoja: el árbol las fabrica en otoño, gastando energía, y para hacerlo necesita una combinación concreta de días soleados y noches frescas —por debajo de unos 7 ºC, pero sin helada— con azúcares atrapados en la hoja porque el peciolo ya ha empezado a cerrarse. Por eso el rojo es caprichoso. Un otoño templado y nublado, o una sequía prolongada en agosto y septiembre, y el mismo árbol que el año anterior estaba espectacular pasa directamente del verde al pardo.
Hay dos consecuencias prácticas de esto. La primera: en la costa mediterránea, con noches suaves hasta noviembre, los rojos intensos son difíciles de conseguir y los amarillos son apuesta segura. La segunda: abonar con nitrógeno a finales de verano estropea el otoño. Mantiene la hoja verde, retrasa el proceso y además deja brotes tiernos sin agostar que se queman con la primera helada. El último abonado nitrogenado del año debe ser a finales de primavera.
Arce rojo (Acer rubrum)
Es el árbol de los rojos de postal de Nueva Inglaterra, y en un suelo adecuado cumple: escarlata puro, a veces con naranjas en la misma copa, sobre un porte de 12 a 15 metros en jardín. Aguanta fríos muy severos, por debajo de -25 ºC, y en su hábitat vive con los pies en terreno encharcado buena parte del año, así que tolera suelos pesados y húmedos mucho mejor que la mayor parte de los árboles ornamentales.
Su límite está en la cal. Acer rubrum quiere pH ácido o neutro, digamos por debajo de 6,8. Por encima de 7,5, y sobre todo si hay caliza activa, el hierro del suelo queda bloqueado y el árbol entra en clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios verdes marcados, crecimiento corto, ramillas que se secan por la punta. Se puede ir sosteniendo con quelatos de hierro EDDHA aplicados en primavera, pero es un gasto anual perpetuo para tener un árbol mediocre. Si el agua de riego es dura, además, se va alcalinizando el suelo cada temporada y la pelea es cuesta arriba.
Dicho de otro modo: el arce rojo es un árbol para la cornisa cantábrica, Galicia, el norte de Cáceres, las zonas de suelo silíceo de la sierra madrileña o cualquier jardín con sustrato ácido. Fuera de ahí, hay alternativas. El híbrido Acer × freemanii (cruce con A. saccharinum, del que 'Autumn Blaze' es el clon más vendido) crece más rápido y aguanta algo mejor el pH neutro, aunque tampoco hace milagros sobre caliza. Y si lo que se busca es rojo sobre suelo básico y verano seco, el camino es otro género: Pistacia terebinthus, Cotinus coggygria o Rhus typhina —este último con la advertencia de que rebrota de raíz y coloniza el césped— dan colores comparables sin pedir un suelo que no se tiene.
Los cultivares seleccionados por color ('October Glory', 'Red Sunset') se injertan precisamente porque un arce rojo de semilla puede salir con un otoño anodino. Comprar plantón de semilla y esperar el rojo de la foto es jugársela.
Ginkgo (Ginkgo biloba)
Si hay un árbol de color otoñal que funciona en casi cualquier jardín de España, es este. El ginkgo tolera pH de 5 a 8, suelos compactados, contaminación urbana, sequía una vez establecido y fríos de -25 ºC. Es la razón de que se plante tanto en alcorques de acera: aguanta condiciones que matan a otras especies. Su amarillo de noviembre es un amarillo mantequilla uniforme, y tiene una particularidad que ningún otro árbol repite: tras la primera helada seria suelta toda la hoja en dos o tres días, dejando un círculo amarillo completo en el suelo. Merece la pena no barrerlo en seguida.
Dos avisos antes de comprarlo. El primero es que es dioico: hay pies macho y pies hembra. Los pies hembra producen unas semillas carnosas que, al caer y pudrirse en el suelo, huelen intensamente a mantequilla rancia —es ácido butírico— y dejan una pasta resbaladiza en el pavimento durante semanas. Un ginkgo de semilla no muestra el sexo hasta pasados quince o veinte años, momento en el que arrancarlo ya es una obra. La solución es comprar un clon macho injertado: 'Autumn Gold', 'Princeton Sentry' o 'Fastigiata' están perfectamente disponibles en vivero español. Pregunta explícitamente por el cultivar; si nadie sabe decírtelo, es planta de semilla.
El segundo aviso: las semillas del ginkgo, esas que en Asia se consumen tostadas, contienen 4'-O-metilpiridoxina, una sustancia que interfiere con la vitamina B6 y puede provocar convulsiones si se ingiere en cantidad. Los casos descritos afectan sobre todo a niños pequeños. Con un pie macho el problema no existe, pero si hay un ginkgo hembra cerca de una zona infantil conviene recoger las semillas caídas.
Su otro inconveniente es la paciencia. Crece despacio, entre 20 y 40 cm al año en los primeros años, y tarda una década en empezar a parecer un árbol. A cambio vive siglos y no da absolutamente ningún trabajo: no necesita poda de formación más allá de mantener una guía, no tiene plagas relevantes en España y no se rompe con el viento.
Katsura (Cercidiphyllum japonicum)
El katsura es el más bonito de los tres y el más difícil. Sus hojas son redondeadas y acorazonadas, opuestas, parecidas a las del árbol del amor (de ahí el nombre del género), y cambian tres veces al año: brotan bronceadas en primavera, viran a verde azulado en verano y en otoño pasan por amarillo, albaricoque y rosa a la vez, con distintos tonos en la misma rama. Cuando la hoja cae y empieza a secarse en el suelo desprende un olor claro a caramelo o azúcar quemado —es maltol, el mismo compuesto que da el aroma tostado a la corteza de pan— que se nota a varios metros del árbol en una tarde templada de noviembre.
Lo que pide a cambio es agua constante y suelo profundo. El katsura no tiene ninguna tolerancia a la sequía: en cuanto la tierra se seca, cierra el chiringuito y suelta la hoja en pleno agosto, sin colorear, y si eso se repite años seguidos el árbol se va secando por las puntas. Tampoco le va el viento seco ni el sol de tarde de un verano continental, que le queman los bordes de la hoja. Suelo fresco, humífero, ácido o neutro, y sombra parcial en las horas fuertes si el verano aprieta. Un tercer inconveniente: brota temprano, así que en zonas con heladas tardías de abril hay que plantarlo donde no reciba el sol de primera hora, porque el brote helado se descongela demasiado deprisa y se pierde.
Traducido al mapa: es un árbol de la España húmeda —Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, valles pirenaicos— o de jardines con riego asegurado y algo de sombra en la mitad norte. En Sevilla, Murcia o Zaragoza, aunque lo vendan en el garden de la esquina, es dinero tirado. Sus raíces son superficiales y sensibles: hay que plantarlo joven, de contenedor, no removerle el pie después y mantener siempre un acolchado orgánico encima.
Cómo plantarlos para que lleguen a colorear
La época de plantación de un árbol de hoja caduca en España es de noviembre a febrero, con el árbol en reposo. Plantado en esas fechas tiene tres o cuatro meses de suelo húmedo y fresco para emitir raíz antes del primer calor; plantado en abril, arranca la temporada corriendo detrás del agua.
El hoyo debe ser ancho, del doble o el triple del cepellón, pero no más profundo que el cepellón. El cuello —la zona donde el tronco se ensancha para pasar a raíz— tiene que quedar a ras de suelo o un par de centímetros por encima. Enterrar el cuello es lo que pudre árboles jóvenes al segundo o tercer año, cuando ya nadie relaciona el problema con la plantación. Tampoco conviene rellenar el hoyo con sustrato rico y esponjoso: las raíces se quedan dando vueltas en esa burbuja cómoda y no salen al terreno real. Se rellena con la misma tierra extraída, desterronada, y se reserva la materia orgánica para el acolchado de superficie.
Después, dos cosas: acolchar con 5 a 8 cm de corteza o restos de poda triturados, dejando un anillo libre alrededor del tronco, y regar abundante y espaciado. Riegos profundos cada siete o diez días el primer verano hacen raíz honda; un riego diario y corto hace un árbol dependiente que se muere el primer año que alguien se va de vacaciones. Y un detalle específico del color otoñal: si septiembre viene muy seco, un riego profundo en esa fecha evita que el árbol suelte la hoja antes de haberla teñido.
De poda, poca cosa. Los tres tienen porte natural y solo hay que retirar madera muerta, ramas cruzadas y dobles guías en el arce. La poda se hace en reposo, y en el caso de los arces lo antes posible tras la caída de la hoja o ya bien entrada la primavera, porque a finales de invierno sangran savia por los cortes.
En resumen
El ginkgo es la elección segura: amarillo fiable, aguanta cal, calor, sequía y ciudad, y solo pide comprar un clon macho injertado y tener paciencia con su crecimiento lento. El arce rojo da el color más espectacular pero exige suelo ácido o neutro; sobre caliza entra en clorosis y no hay abonado que lo arregle a largo plazo. El katsura ofrece el otoño más matizado y el olor a caramelo de las hojas caídas, a cambio de humedad constante, suelo profundo y abrigo del sol y del viento, lo que lo limita a la España húmeda o a jardines con riego. Sobre los tres manda el mismo principio: el color de otoño se decide antes, con el suelo que hay y el último abonado nitrogenado hecho en primavera, no en noviembre.